Bolivar Hernandez*
La clase obrera va al paraíso, es el título de una memorable película italiana del año 1971, dirigida por el conocido comunista Elio Pedri. En este film, se denuncia la condición miserable en que viven los obreros en Italia, y en el resto del mundo también.
Lo que se conmemora este primero de mayo, es la matanza de obreros ocurrida en Chicago el primero de mayo de 1886, esos obreros solo exigían una jornada laboral de ocho horas.
Allá por los años 80, tuve la fortuna de asistir a Madrid a una residencia temporal en el periódico de izquierda, en ese entonces, El País.
Estábamos en México en los preparativos de iniciar un gran proyecto de crear un diario moderno, ese era el proyecto de La Jornada, que finalmente salió a la calle en septiembre de 1984.
Nuestro modelo del nuevo periodismo estaba encarnado en ese diario madrileño, y estuve en sus entrañas para aprender de ellos.
Coincidió mi estadía en España con el primero de mayo, y tuve la oportunidad de marchar por las calles de Madrid con los obreros españoles, integrantes de las poderosas organizaciones como la UGT y las CCOO. Eran tiempos del gobierno socialista de Felipe González.
En esa manifestación obrera madrileña había un contingente de universitarios, artistas e intelectuales, al cual me uní de inmediato. Gritamos consignas de lucha de aquellos obreros, que deseaban mejores condiciones de trabajo y de salarios.
Toda la vida me he identificado con las luchas de los sectores populares, ya sean ferrocarrileros, mineros, médicos, maestros o campesinos de México. Yo venía del movimiento estudiantil del 68.
Al concluir el desfile obrero en las calles céntricas de Madrid
Se dispersó el contingente de los intelectuales, y fui invitado a celebrar en los bares de tapas de la Plaza Mayor, con cerveza y bocadillos exquisitos.
En México, por muchas décadas el desfile del primero de mayo, era organizado por la CTM y la CROC, y asistían los obreros de manera obligada por sus sindicatos charros, es decir apéndices del sistema político imperante.
No era un desfile reivindicativo ni mucho menos, era una puesta en escena para el lucimiento del presidente de la República. Aquello era una farsa.
A la par del desfile oficial, los sindicatos universitarios organizaban un desfile alterno.
El desfile oficial del primero de mayo se suspendió en forma definitiva. Nunca más volvimos a mirar los grandes carteles colgados de los edificios que rodean el Zócalo capitalino, ni tampoco los miles de obreros con las camisetas de sus sindicatos charros. Ni las pancartas bien elaboradas por el gobierno agradeciendo, al señor presidente, su amor y cariño a la clase obrera mexicana. ¡Eso se acabó!
Por cierto, el proletariado mundial no tiene quien le escriba…
Hoy, primero de mayo, es un día feriado, de descanso, de fin de semana largo, vaciado de contenido político o reivindicativo.
*La Vaca Filósofa
