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La crisis de la civilización europea es también crisis de Rusia

Foto: Pixabay

La crisis de la civilización europea es también crisis de #Rusia

 

Serguéi A. Karaganov* (Parte 2 de 2)

Este ensayo publicado en el número de marzo de la revista Russia in Global Affairs, analiza las lecciones que Rusia debe sacar de la crisis actual. El autor refleja en este escrito su desencanto por la forma en que Europa y Estados Unidos lidian con la actual debacle mundial.

Las élites europeas debilitadas, tratan de esconderse bajo las alas de Estados Unidos.

Hay un nuevo periodo de consolidación de corta duración de Occidente, que coincide con la declinación actual y, por tanto, es su parte integrante. Hasta el momento, la consolidación está ocurriendo, entre otras cosas, por medio del enfrentamiento con Rusia. Como el mercado ruso es menor, este choque es menos costoso que lo que sería con China, que cada vez es más rica.

 

Riesgos actuales

El periodo de consolidación no durará mucho, porque las divisiones internas en Estados Unidos son muy profundas, hay problemas en la Unión Europea y los intereses divergen bastante. Es tanto, es más importante tratar de evitar actos destinados a provocar una crisis en las relaciones con Rusia, a fin de mantener la consolidación interna de europea y euroatlántica por más tiempo. Vale la pena recordar que la “crisis de los misiles” de la década de los setenta del siglo pasado se inició, principalmente, cuando las élites europeas temían la retirada estratégica de Washington, lo que las habría hecho perder el paraguas nuclear estadounidense, ya que querían mantenerlo con la instalación de misiles crucero y Pershing. La situación de esos tiempos era semejante a una crisis, tanto en Occidente como en toda Europa.

Ahora el escenario provocador más obvio sería empujar a Kiev a actos de fuerza. Puede haber intentos de instalar nuevas armas desestabilizadoras o de hacer más intensa la histeria cibernética.

 

La extensión casi inevitable del conflicto multifacético con Occidente deja a Rusia virtualmente sin opciones, como no sea continuar con su acercamiento a Asia y fortalecer la sociedad y la alianza de hecho con China, inclusive en el campo tecnológico.

 

Pero es más importante aún mantener el máximo de libertad de elección de los campos político y militar y evitar la construcción de uniones formales. Es preciso ir en dirección del mundo del futuro, en dirección a Asia, no retrocediendo y mirando a Occidente, pero de manera consciente y calculada. Esto, naturalmente, no exige abandonar la herencia europea.

 

La crisis que se desarrolla en medio de la profunda desestabilización multilateral de la situación militar-estratégica, debido al uso de nuevas técnicas (por ejemplo, los drones usados en los ataques a las refinerías de petróleo de Arabia Saudita y a blancos armenios en Nagorno-Karabaj, o el asesinato del general iraní Soleimani). Los regímenes de limitación de armas restantes se están desintegrando. Hay confusión y degradación generalizada entre las élites. Hay una probabilidad cada día mayor de una escalada no intencional de conflictos que se multiplican y del deseo de usarlo para desviar la atención de problemas internos gigantescos. Las más obvias son la provocación de la crisis en torno de Taiwán, India-China, India-Paquistán, Mar de China meridional, Irán-Arabia Saudita, Siria, Libia, Asia Central y, claro, Ucrania y, últimamente, también Bielorrusia y el Cáucaso. La lista no para ahí.

 

El empobrecimiento causado por la crisis económica provocará desestabilizaciones internas en decenas de países. Muchos regímenes políticos comenzarán a desmoronarse, inclusive en la vecindad más cercana a Rusia.

 

Preocupados con sus propios problemas internos, la mayoría de los principales países (excepto, probablemente, China, el Este y el Sureste asiático y, en parte, India) permanecerán sin ser socios confiables a mediano plazo. Esto va también para Estados Unidos y para la mayoría de los países de Europa. La participación profunda con el mundo de estados en conflicto o decadentes y socios no confiables traerá más pérdidas y menos beneficios.

 

No reglas sino bastiones

La duración de la crisis multifacética que se aproxima, el caos con conflictos agudos y la rivalidad feroz no se pueden prever -quizá varios años a una década o más. Pero una cosa es evidente: no se puede contar con una política exterior de largo plazo ni de acuerdos económicos extranjeros o con un éxito sostenible. Los errores son probables. Un fracaso gigante para todos sería el agravamiento arriba mencionado que condujera una nueva guerra mundial. Cualquier participación profunda en el ambiente mundial emergente extremadamente volátil y en conflicto provocará agravios en menor escala. La intervención física en tal mundo externo se está convirtiendo día a día en un factor de vulnerabilidad.

 

Hasta las ganancias tácticas aparentes resultan imposibles o transitorias. Los recursos -políticos, económicos, administrativos- gastados fuera del país se esfumarán. En el campo de las Relaciones exteriores, Rusia debe reducir la actividad para evitar grandes pérdidas, ejercer un neo aislacionismo temporal y trabajar por una perspectiva estratégica. Las Relaciones exteriores no deben distraer la atención del renacimiento interno o encubrir la ausencia de estrategia y de su correspondiente política.

 

El mundo entrará en un periodo de lucha, no por “nuevas reglas”, sino por bases político-militares, económicas y morales-culturales que se utilizarán para establecer esas reglas (si y cuando).

 

Las principales directrices para la creación de tal punto de apoyo, para nosotros, incluyen la movilización y el fortalecimiento del poder económico ruso, el mantenimiento de un potencial disuasivo efectivo y llenar la vida nacional de significado como condición crucial; que conciba e introduzca una nueva ideología firme y viable para la mayoría. Esa ideología debe levantar la frente, recrear el impulso ruso y ser atractivo para la mayor parte del mundo exterior (no sólo para occidente, como tratamos de hacer en el pasado).

 

Una política ideológica de bajo costo, pero extremadamente importante, y el desarrollo de una nueva idea rusa que corresponda a la demanda de la sociedad y del mundo deben compensar la necesaria retirada parcial. Esa combinación de neo aislacionismo limitado (el aislacionismo completo puede ser destructivo) y la concentración en la recuperación económica e ideológica interna y una política ideológica firme permitirán que Rusia use esta crisis como una oportunidad.

 

El mundo se encuentra con la necesidad de desarrollar un sistema de principios fundado, no en el crecimiento del consumo, sino en la unidad del hombre y de la naturaleza, en el hecho de que una persona puede alcanzar el respeto y el respeto propio si no se sirve tan sólo a él mismo, sino principalmente a la familia, a la sociedad, a su país, a la paz y a Dios. Para Rusia esta es una terea difícil de cumplir, después de casi un siglo de ilusiones comunistas y liberales impuestas.

 

La enfermedad del mundo moderno no tiene precedentes. Es claro que tan sólo algunos han percibido hasta ahora que la pandemia no ayudará a resolver problemas y contradicciones.

 

Por el contrario, ella está iniciando una serie de crisis agudas que cambiarán al mundo entero.

 

Por ello, estudiar las crisis anteriores y estudiar cómo se resolvieron ayudará en el tratamiento y en la selección de tratamientos y de prácticas adecuadas.

 

A finales de 2020 no había señales de que las élites gubernamentales de la mayoría de los países se mostraran capaces de comprender la profundidad y la naturaleza multidimensional del progreso de la crisis. Todas están tratando de salir de la situación actual sin hacer correcciones radicales de los cursos trazados por ellas (en especial porque tales correcciones exigirán el cambio de las élites). Hasta ahora ha acontecido lo contrario: la pandemia se ha usado para encubrir y justificar comportamientos fracasados y viejas instituciones. Y, sin embargo, dentro de algunos años, podremos percibir que la crisis actual fue, entre otras cosas, una purificación que ayudo a empujar a todos a los valores normales y a la política racional volcados al beneficio común. Es importante que lleguemos al periodo de construcción más fuertes, no más débiles. Y, para ello, necesitamos fortalecer la “Fortaleza Rusia”, que está potencialmente abierta al mundo y lista para la cooperación e, inclusive, el liderato. Una serie de convulsiones se aproxima y debemos prepararnos, nosotros mismos y a nuestro país para hacerles frente.

*MSIa Informa

*Doctor en Historia, profesor de la Universidad Nacional de Investigación y de la Escuela Superior de Economía de Moscú; decano de la Facultad Economía Mundial y Asuntos Internacionales y miembro del Consejo de Política Externa y de Defensa de Rusia.
Foto: opsa/Pixabay 
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