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La demencia senil divide a la OTAN en torno a Ucrania

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MSIa Informa

Posiblemente ningún episodio sea más revelador de las intenciones de las fuerzas políticas involucradas en el enredo creado en torno de Ucrania y la supuesta amenaza de una “invasión” rusa que la retirada del personal diplomático de Estados Unidos, del Reino Unido y de Canadá de la capital Kiev. Es evidente que el hecho levanta la espuma de espanto ante una inexistente intervención militar inminente, en claro contraste con la actitud más fría del mismo gobierno ucraniano.

El mismo presidente ucraniano Volodomyr Zelensky afirmó que no había “motivo de pánico” que justificase la retirada, afirmación recalcada en una conversación telefónica con el presidente estadounidense, Joe Biden. El argumento de Zelensky fue repetido por otros altos funcionarios del gobierno ucraniano.

En una entrevista colectiva, Zelensky reiteró:

Ellos siguen apoyando ese tema, ese tópico. Ellos lo hacen tan serio e incendiario como es posible. En mi opinión, esto es un error. Si sólo se quiere ver los satélites. Va a ver el aumento de tropas, pero no puede evaluar si es sólo una amenaza de ataque o una simple rotación de ellas (New York Times, 28/01/2022).

Ante la histeria de un ataque inminente, el ministro de Defensa ucraniano, Oleksiy Reznikov, puso las cosas en su debida proporción :

Hasta ahora, el ejército ruso no formó un grupo de ataque que fuera capaz de efectuar una invasión. Desde el punto de vista militar, no hay motivos para pensar que mañana sucederá una invasión. (Bloomberg, 25/01/2022).

Hasta el mismo jefe de la diplomacia de la UE, Josep Borrell, otro “rusófobo”, admitió que no había necesidad de “dramatizar” la situación: “No vamos a hacer lo mismo (retirada de diplomáticos), porque no conocemos ninguna razón específica” (RT, 25/01/2022).

Para complicar el comportamiento errático de Biden -que no pocos observadores consideran una evidencia de demencia senil en curso- en nada contribuye a reducir los riesgos de una situación ya de por sí bastante explosiva.

El 19 de enero, Biden sorprendió a todas las partes involucradas en este lio al afirmar que la respuesta de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) a una posible invasión de Ucrania dependería de la dimensión de la operación, e, incluso, llegó a insinuar que “una incursión menor” podría ser tolerada: “Va a depender de lo que ella (Rusia) haga. Una cosa es una incursión menor, y nosotros acabaremos teniendo una pelea sobre lo que hacer o no hacer” (NPR, 20/01/2022).

El lapso verbal obligó a la asesoría de prensa de la Casa Blanca a pasar todo el día siguiente, primer aniversario de gobierno de Biden, dando explicaciones. La secretaria de prensa, Jen Psaki, divulgó una nota en la que afirmó que cualquier entrada de fuerzas militares rusas en territorio ucraniano sería “recibida con una respuesta rápida, severa y unida de Estados Unidos y de nuestros aliados”.

En su conversación con Zelensky el 27 de enero, Biden repitió la dosis. El motivo oficial era “reafirma la rapidez de Estados Unidos, junto con sus aliados y socios, para responder decisivamente si Rusia invadía una vez más (sic) Ucrania” (Casa Blanca, 27/01/2022).

Hasta el periodista Alexander Marquardt, primer corresponsal en asuntos de seguridad nacional de la CNN, presentó en Twitter una versión diferente de la conversación. Según él: “Una invasión rusa es ahora virtualmente segura, en espera de que el suelo se congele, dijo Biden a Zelensky, según un alto funcionario ucraniano. Kiev podría ser ‘saqueada’, las fuerzas rusas pueden intentar ocuparla, ‘prepárese para las consecuencias’, dijo Biden, según ese funcionario”.

La asesora de prensa del Consejo de Seguridad Nacional, Emily Horne, divulgó de inmediato un desmentido en el que afirmaba que Biden había dicho tan sólo que “hay una posibilidad distinta de que los rusos pudieran invadir Ucrania en febrero”. Cualquier afirmación diferente, subrayó, “es completamente falsa”.

Lejos de limitarse al titular de la Casa Blanca

La senilidad está institucionalizada en toda la estructura de poder hegemónico construida en trono del poderío político, económico, financiero y militar de Estados Unidos, con sus apéndices de la OTAN. Condición que, a la par de la soberbia “excepcionalista” característica de las élites de Washington, obstaculiza la aceptación del escenario mundial multipolar que emerge de forma inexorable, con la migración del centro de gravedad geopolítico y geoeconómico del planeta al eje euroasiático encabezado por China y Rusia.

Sin embargo, es visible un creciente descontento entre los miembros europeos continentales de la OTAN con la actitud del trio anglófono, cuya sintonía fina recuerda su actuación decisiva en el inicio de la Guerra fría, a partir de la extensión de la estructura de información compartida establecida durante la Segunda guerra mundial, que, entre otras iniciativas, fue el origen de la red de vigilancia electrónica “Cinco ojos” (Five Ayes), a la que se sumaron los servicios específicos de Australia y de Nueva Zelanda.

La demostración más efectiva de tal contrariedad fue la reunión de altos representantes del Cuarteto de Normandía -Francia, Alemania, Ucrania y Rusia- en París el 26 de enero para analizar una tregua entre las fuerzas militares ucranianas y las milicias de las provincias insurgentes de Donetsk y Lugansk, pivote de los desencuentros entre Kiev y Moscú. El comunicado conjunto emitido después de la reunión resaltó que los participantes apoyan el “cumplimiento incondicional de la tregua… independientemente de las diferencias en otros asuntos relacionados al cumplimiento de los acuerdos de Minsk” (France24, 26/01/2021).

Los acuerdos de Minsk, establecido en 2015, determinan que el gobierno de Kiev entable negociaciones con las provincias “rebeldes”, con el fin de limar las aristas creadas por el golpe de Estado que derribó al presidente Viktor Yanukovich el año anterior, con el respaldo abierto de Estados Unidos y de la UE. Hasta ahora, sin embargo, Kiev ha diferido toda iniciativa en ese sentido, y ha preferido recurrir a cuestionables actos militares que ya provocaron la muerte de 10 mil personas.

Se convocó a una nueva reunión para la segunda semana de febrero en Berlín.

Días antes, en un discurso en el Parlamento europeo, el Presidente francés, Emmanuel Macron, volvió a tocar el tema de que Europa necesita de un acuerdo de seguridad colectiva, que abarque las buenas relaciones con Rusia:

Europa necesita construir un orden de seguridad colectiva en nuestro continente. La seguridad de nuestro continente requiere de un refuerzo estratégico de nuestra Europa como una potencia de paz, una potencia equilibradora, particularmente, en su diálogo con Rusia… Para la seguridad de nuestro continente, que es indivisible. Necesitamos ese diálogo. Lo que necesitamos es construir un orden europeo establecido en principios y reglas con las que nos comprometamos, y que no establezcamos contra o sin Rusia, sino con Rusia. (Presidencia Francesa del Consejo de la UE, 19/01/2022).

El presidente francés empleó, curiosamente, expresiones idénticas a las usadas por el que fuera canciller soviético Maksim Litvinov -seguridad colectiva y paz indivisible- en una de sus frustradas propuestas para el establecimiento de un frente de potencias europeas contra la amenaza de la Alemania de Adolfo Hitler en la segunda mitad de la década de 1930. Ante la secuencia de negativas, en agosto de 1939, en vísperas de la guerra, para ganar tiempo con su propio rearme para el futuro enfrentamiento que sabía que era inevitable, la Unión Soviética firmo un acuerdo de no beligerancia con la Alemania Nazi -episodio que los belicistas de hoy se han empeñado en convertir en un arma para la guerra de narrativa con que sustentan sus planes hegemónicos y anti rusos.

Otros países europeos comienzan a tener otros pensamientos sobre el asunto

Croacia y Bulgaria afirmaron que retirarían sus fuerzas militares de cualquier intervención referente a Ucrania (que, nunca está de más recordarlo, no es parte de la OTAN). Alemania y Francia no permitirán el sobrevuelo por sus territorios de aviones británicos que lleven equipo militar a Ucrania, y Berlín suspendió todo envío de armas, además de impedir la transferencia a Kiev de piezas de artillería de fabricación alemana del ejército de Estonia.
El Primer ministro húngaro, Viktor Orbán, viajó a Moscú el primero de febrero para analizar oficialmente el aumento de las compras de gas natural ruso, pero nadie cree que la cuestión ucraniana haya quedado fuera de sus conversaciones con el presidente Vladímir Putin.

Una ruidosa demostración de malestar con el plan belicista contra Rusia vino de nada menos que del jefe de la Marina alemán, el vicealmirante Kay-Achim Schönbach, quien, en una conferencia para oficiales navales indios, en Mumbai, contrarió públicamente algunos elementos claves de la campaña de acoso contra Moscú. Según él: 1) Crimea “no regresará” a Ucrania; 2) la idea de que Rusia pretende apoderarse de territorio ucraniano “es una tontería”; “3) Lo que Putin quiere es respeto. “Y, Dios mío, mostrar respeto a alguien no cuesta casi nada. Es fácil darle el respeto que exige -y que probablemente merece” (Focus, 23/01/2022.).

Anticipando el terremoto que sus declaraciones causarían, Schönbach renunció a su cargo en cuanto el video de su conferencia comenzó a circular por internet. Pero un factor extra de irritación para sus críticos, seguramente, fue que afirmó ser un católico romano devoto y referirse a Rusia como un “país cristiano”, una auténtica ofensa para los cultores del laicismo radical europeo.

Quizá toda esa inquietud se traduzca en sentido común y racionalidad en las decisiones política, lo que permitirá que el bloque europeo pueda contraponerse efectivamente a la senilidad beligerante proveniente de Washington, Londres y Bruselas. Y que consiga, inclusive, demostrar a Ucrania, en las conversaciones del Cuarteto de Normandía, que el país tiene más que ganar con una actitud de cooperación con Rusia, más que los meros derechos de tránsito de los gasoductos que atraviesan su territorio.

Foto: BarBus
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