mayo 25, 2026

La doctrina moral de esta sociedad posmoderna es el hedonismo

La doctrina moral de esta sociedad posmoderna es el hedonismo

Bolivar Hernandez*

Si bien desde los griegos clásicos el concepto del hedonismo ya existía como una doctrina moral, que identificaba el bien con el placer, especialmente con el placer sensorial e inmediato; actualmente en nuestra sociedad posmoderna el hedonismo se equipará al consumismo desenfrenado de sus individuos.
El filósofo griego Aristipo, alumno de Sócrates, S. IV a.c, expuso que el placer está sobre todas las cosas.

El hedonista:

  • Busca incansablemente el placer.
  • Persigue incansablemente sus deseos y necesidades primarias.
  • Busca desesperadamente ciertas emociones.
  • Desea vivir emociones con una alta intensidad, con mucha adrenalina.
  • Tiene una mirada sólo puesta en el presente, en el ahora, o en un futuro de corto plazo.
La sociedad posmoderna abrazó la doctrina hedonista con mucha fuerza
Muchos de sus individuos buscan el placer inmediato, la satisfacción instantánea de sus deseos. De no lograrlo, se frustran irremediablemente.
El psicoanálisis freudiano también se ocupó de esta conducta individual, al establecer el doctor Freud la existencia de 3 instancias psíquicas: Ello, Yo, Superyó.
El Ello
Es la parte del inconsciente que se encarga de los deseos o pulsiones primitivas: cómo el hambre, la agresividad, y de los actos irracionales, y también de la sexualidad.
El Ello es una masa de impulsos que lucha por salir del inconsciente en la búsqueda del placer inmediato e instantáneo. Domina a ciertos sujetos con sus dictados e impulsos de búsqueda del placer.
Un par de ejemplos bastan para ilustrar el hedonismo de estos sujetos.
1.- Persona con obligaciones escolares o laborales es invitada un lunes o martes a Acapulco, pero de inmediato, y ella decide abandonar todo y se va de viaje sin importarle sus compromisos, deberes u obligaciones. Diría esa persona con un Ello dominante:
A mi me vale madre todo, yo quiero gozar la vida ahorita, no mañana.
2.- Persona con obligaciones maternales por el cuidado de sus hijos, recibe una invitación a tomar café o a beber cervezas de parte de sus amigas, y acepta rápidamente ir con sus amistades a divertirse. Los niños están en la escuela por ser un día hábil, y salen a las tres de la tarde, y la madre se sigue en la reunión sin importarle nada recoger a los pequeños a la hora de la salida.
Esa mujer u hombre, con un Ello fuerte, diría:
A mi no me importa no ir por los niños a la escuela, ellos deben aprender que su madre, o padre, tienen derecho a divertirse libremente.
En ambos ejemplos, el individuo regido por el Ello, antepone su placer a cualquier otro asunto que le signifique deber u obligación. Sea lo que sea.
Los niños reaccionan bastante a los impulsos del Ello cuando desean comer o dormir o divertirse, eso tiene que ser ya, al instante, la satisfacción de sus deseos primitivos.
Los adultos se comportan igualmente que los niños en ese impulso del deseo.
Queda en evidencia la supremacía del inconsciente en estos individuos y sus conductas.
El Yo
Esta instancia psíquica es la que se interrelaciona con la realidad. Y es la que busca regular los impulsos del ello.
Con el Yo circulamos siempre dentro de la sociedad. Es nuestro rostro reconocido por los demás. Es ese Yo con un cierto carácter y personalidad muy definidos.
El Yo está constantemente mediando entre el Ello y el Superyó. El Yo lucha por no sucumbir ante la manipulación del Ello y no obedecer ciegamente al Superyó.
El Superyó
Esta instancia del inconsciente está tan poderosa en el individuo porque representa los valores, los principios morales ; encarna La Ley, ese policía interno que nos vigila y nos impone sanciones todo el tiempo.
Es el consejero, el asesor del Yo. El Superyó es el responsable de generar la culpa en el individuo por todas las fallas cometidas por el incumplimiento de los deberes y obligaciones. Y el Yo se inculpa constantemente por ser incumplido con sus deberes y se infringe un castigo de inmediato.
Consumismo (Que no Comunismo)
Las sociedades occidentales en el siglo XXI se inclinan a un consumismo desaforado, y todo lo consiguen a crédito; por ello las deudas son eternas ante ese consumo irracional y creciente, gracias a la eficacia de la mercadotecnia imperante en los medios de comunicación que saturan las mentes de los sujetos.
Circula un dicho muy socorrido entre ciertas clases sociales , que dice así:
Cuando me deprimo corro a un almacén y compro lo que se me antoja; son compras que satisfacen rápidamente un deseo y llena un vacío existencial momentáneo. Y la acumulación de objetos, se hace una montaña gigantesca.
Luego vienen las culpas y los castigos que impone el Superyó. Para reprimir lo ya hecho. Eso se paga caro y no en dinero.
Lo desechable en la sociedad de consumo
Antiguamente, las cosas se reparaban y se volvían a usar. Hoy, todo es posible de soltar y comprar otro igual o mejor. Todo es desechable y prescindible. Esto incluye objetos, personas y sentimientos.
La industria inventó un término terrible para los consumidores y se trata de las obsolescencias programadas de los bienes, se fabrican para que duren poco tiempo y se tiren a la basura y se reemplazan por nuevos objetos.
La doctrina moral de esta sociedad posmoderna es el hedonismo.
  • ¡Viaje ya!
  • ¡Compre ahora!
  • ¡Coma y beba esto rico!
El planeta Tierra no soportará ese ritmo de consumo de los bienes desechables que agotan los recursos no renovables, como el agua o el petróleo.
En fin, el escribir es un placer que, para hacerlo, no destruye nada sino que crea algo nuevo.
*La Vaca Filósofa
Fotos: islandworks /Pixabay

About The Author

Soy binacional México-guatemalteco, 77 años. Antropólogo, psicoanalista, periodista, ecólogo, ciclista, poeta y fotógrafo.

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