Contrariamente a lo que piensan los activistas climáticos, entre ellos numerosos gobiernos, no hay forma de plantearse una estrategia responsable de transición energética, sin incluir la energía nuclear en la ecuación, a menos que en el caso de Iberoamérica quieran mantener a sus países en un estado de saqueo colonial .
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Y no porque haya tanta preocupación por el dióxido de carbono (CO2), sino por el simple hecho de que una transición tecnológica efectiva compatible con la historia del desarrollo de la humanidad debe basarse en un aumento de la densidad energética de las fuentes generadoras de energía; y no en un retroceso de un orden de magnitud inferior, este es la alternativa que ofrecen las fuentes eólica y solar, las favoritas del cabildo ecologista desinformado, o mal intencionado.
La nuclear, es una de las fuentes “más limpias” y eficientes para operar en la base de los sistemas eléctricos, abasteciendo electricidad de forma continua y segura, esto no lo pueden hacer los aerogeneradores y los paneles solares, además de que su combustible -uranio y, próximamente, torio- tiene una amplia disponibilidad en la corteza terrestre.
Por ello, no fue una sorpresa que, en la conferencia climática COP-28 de Dubái, en 2023, se firmara una declaración de intenciones para triplicar la capacidad de generación nuclear para el mítico año 2050, que los pregoneros del apocalipsis verde elevaron a la condición del advenimiento del Juicio Final, si la humanidad no se arrepiente de sus pecados carbónicos.
Ahora, el Financial Times informa que un grupo de megabancos
Se prepara para habilitar un vasto esquema de financiación para proyectos nucleares, con miras a cumplir el objetivo fijado en Dubái. Según el célebre portavoz del centro financiero londinense, la iniciativa involucra al enviado especial para el Clima de la Presidencia de Estados Unidos, John Podesta, y a 14 de los bancos e instituciones financieras más grandes del mundo:
Bank of America, Barclays, BNP Paribas, Citigroup, Morgan Stanley, Goldman Sachs, Abu Dhabi Commercial Bank, Ares Management, Brookfield, Crédit Agricole CIB, Guggenheim Securities, Rothschild & Co, Segra Capital Management y Société Générale.
Cabe recordar que Podesta es el sustituto de John Kerry, que encabezó la declaración de intenciones pronuclear en Dubái, antes de dejar el cargo para dedicarse a la campaña de reelección del presidente Joe Biden.

El sitio web de asuntos económicos Zero Hedge, que comenta la nota del FT (23/09/2024), reproduce las declaraciones de George Borovas, jefe del área nuclear del bufete de abogados Hunton Andrews Kurth y miembro de la junta directiva de la Asociación Nuclear Mundial (WNA).
Este evento va a cambiar las reglas del juego”, dijo, señalando que hasta ahora los bancos habían considerado que los proyectos nucleares eran demasiado complicados. “En sus niveles gerenciales, los bancos simplemente decían: ‘No entendemos nada sobre la energía nuclear’. Solo sabemos que es muy difícil, muy controvertido”. Sin embargo, dijo, el apoyo de los bancos permitiría que la energía nuclear sea parte de la solución al cambio climático en lugar de un mal necesario.
Un representante de BNP Paribas dijo al periódico que no hay ningún escenario en el que se pueda lograr la “neutralidad de carbono” para 2050 sin energía nuclear. Un colega suyo en Barclays señaló que el apoyo del banco se deriva de la constatación de las deficiencias de las fuentes eólica y solar, que no son fiables para las grandes redes de transmisión.
El FT informa que la iniciativa de Podesta y los megabancos se produjo pocos días después de que la Constellation Energy Company, propietaria de la central nuclear de Three Mile Island (Estados Unidos), anunciara su intención de reactivar para 2028 el reactor 2 de la planta, desactivado desde el accidente de 1979, que provocó su fusión parcial. La compañía tiene la intención de invertir alrededor de 1.600 millones de dólares, sobre la base de un contrato de 20 años con Microsoft para el suministro de electricidad “verde” de bajo costo para alimentar los centros de datos regionales de inteligencia artificial.
El editor de Zero Hedge concluye sin rodeos:
Mientras tanto, Occidente necesita despertar a los activistas climáticos radicales dentro de los gobiernos, que han estado promoviendo políticas de decrecimiento dañinas dirigidas a los combustibles fósiles. Estas políticas han disparado los precios de la energía, mientras que Asia sigue gestionando plantas de combustibles fósiles y ampliando la capacidad nuclear. En otras palabras, estos activistas climáticos están permitiendo esencialmente que China gane más poder económico, mientras que Occidente cojea hacia el caos energético. Es hora de revertir este sinsentido.
Actualmente, hay 60 reactores nucleares en construcción en diez países, de los cuales 21 se encuentran solo en China, así como en India, Turquía, Corea del Sur, Rusia, Reino Unido, Estados Unidos, Japón, Emiratos Árabes Unidos, Bangladesh, Eslovaquia, Irán, Francia y Argentina.

