Nuestros sistemas alimenticios están perjudicando la salud de los pueblos del planeta. Los sistemas alimenticos contribuyen con más de 30 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero y responden por más de un tercio del peso mundial de enfermedades. Así que transformar los sistemas alimenticos es esencial, para lo cual hay que cambiar a dietas más saludables, diversificadas y más basadas en plantas.
MSIA Informa
El autor de estas descabelladas recomendaciones es nada menos que el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyasus, en un video dirigido a la conferencia climática COP-28, el 11 de diciembre pasado, las cuales se inscriben en el plan mundial de “descarbonización” de la economía mundial.
Como dijo el Dr. Ghebreyasus:
“La OMS está comprometida en apoyar a los países a fomentar y llevar a cabo los planes para mejorar las dietas y combatir los cambios climáticos. Así que estoy muy agradecido con los más de 130 países que han firmado la Declaración de los Emiratos Árabes Unidos sobre el Clima y la Salud en la COP-28. Juntos podemos proteger y promover la salud, tanto de los pueblos como del planeta.”
Las palabras del doctor Ghebreyesus refuerzan el compromiso total e incondicional de Naciones Unidas en el plan climático, recalcado dramáticamente por las recientes declaraciones del secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, de que el mundo ya habría dejado atrás el temible calentamiento global y estaría ahora en la era de la “ebullición mundial.”
De llevar a la practica lo anterior, significará una virtual guerra contra la seguridad alimenticia mundial, que con certeza podemos calificar de una parte de la campaña para reducir la población mundial, la más que centenaria aspiración de los malthusianos, que crearon y dominan el ambientalismo como instrumento político.
En este contexto, no se puede ignorar lo expresado por el enviado especial para el clima de la presidencia de Estados Unidos, John Keery, quien ha puesto todo el empeño de su cargo en la promoción de la idea de que, para “combatir los cambios climáticos,” será necesario reducir significativamente las emisiones de gases de efecto invernadero provenientes de la producción agropecuaria.
En mayo pasada, en un seminario de la “Agriculture Innovation MIssión for Climate” (AIM)
Realizado en Washington, fue directo al punto: “No podemos alcanzar el cero neto, no podemos cumplir la tarea, en tanto la agricultura no estuviese al frente y en el centro como parte de la solución (Reuters, 10/05/2023).” AIM es un proyecto conjunto de los gobiernos de Estados Unidos y de los Emiratos Árabes Unidos (EAU), país sede la COP-28, dedicado a “enfrentar el desafío climático y el hambre mundial, que une a participantes para aumentar significativamente las inversiones en el apoyo a la agricultura inteligente para el clima (“climate-smart”) e innovaciones en los sistemas alimenticios, en el periodo de cinco años (2021-2025)”, según consta en el sitio de la entidad.
En otras palabras, ajustar la actividad agropecuaria mundial al plan de la financierización total de los programas ambientales y climáticos, condicionándola a los criterios de sustentabilidad establecidos por los controladores de ese plan misantrópico. Varios países del mundo, entre ellos, Holanda, Irlanda y Nueva Zelandia, ya tienen metas de reducción de sus emisiones de carbono determinadas (en la banda de 20 a 30 por ciento en 2030), que, de cumplirse a rajatabla, traería consigo nada menos que el cierre de enormes partes de sus actividades productivas.
Según los catastrofistas del clima
Que se alimentan de los informes del Panel Intergubernamental sobre Cambios Climáticos (IPCC), el sector agropecuario genera de 10 a 12 por ciento de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, pero la proporción puede llegar a un tercio de ellas, si se toma el sistema alimentico en su conjunto, incluyendo embarque, transporte y gestión de los residuos.
Regresando a Kerry, éste afirmó que no será posible alcanzar la meta de limitar el calentamiento global a 2,5 grados centígrados sin un corte de las emisiones agropecuarias:
Un futuro de 2 grados podría resultar en otros 600 millones de personas sin comida. No se puede seguir calentando el planeta y esperar alimentarlo.
En el referido seminario en Washington, los gobiernos de Estados Unidos y de los Emiratos Árabes Unidos anunciaron que la iniciativa consta de un financiamiento de 13 mil millones de dólares de los gobiernos y de los sectores privados de varios países.
Por fortuna, en Alemania, Holanda, Polonia, Irlanda, Nueva Zelandia, Paraguay y otros, los productores agropecuarios se están movilizando para desenmascarar y combatir semejante locura.
