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No es solamente el hecho de que Rusia se haya declarado en guerra, sino además los recientes episodios del conflicto en Ucrania son movimientos peligrosos hacia una confrontación abierta con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), pudiendo llegar a una etapa nuclear.
El 22 de marzo, el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, anunció que Rusia estaba en “estado de guerra” con Ucrania, explicando las diferencias: “Sí, comenzó como una operación militar especial, pero tan pronto como se formó esta alianza, cuando el Occidente colectivo se convirtió en participante junto a Ucrania, se convirtió en una guerra para nosotros. Todo el mundo debería entender esto para su movilización interna” (The Moscow Times, 22/03/2024).
Rusia no puede permitir la existencia de un Estado en sus fronteras, que tenga la intención conocida de apoderarse de Crimea por cualquier medio, por no hablar del territorio de las nuevas regiones, agregó.
La mención de la movilización refuerza un anuncio anterior del ministro de Defensa, Sergei Shoigu, sobre los planes para la creación de dos ejércitos de armas combinadas, que los expertos militares estiman en 200.000 hombres, lo que sugiere una determinación de Moscú de poner fin a la guerra en algún momento de este año.
Del lado occidental
Destaca la obsesiva agresión del presidente de Francia, Emmanuel Macron, empeñado en promover el envío de tropas a Ucrania; barbaridad discutida campechanamente en la prensa francesa y apoyada por los cada vez más aturdidos gobiernos de Polonia y de los Estados Bálticos, en especial, por Letonia.
En respuesta Moscú ha dejado saber que las tropas francesas estacionadas en Ucrania serán los primeros objetivos de ataques de precisión. A esto se suma la declaración final de la más reciente cubre de la Unión Europea en febrero pasado, manifestando el apoyo del bloque a Ucrania, “y tan intensamente cuan necesario”.
En días anteriores a las elecciones presidenciales rusas, Ucrania desplegó una serie de ataques con drones hacia refinerías rusas, y una incursión terrestre en la región de Bolgorod, buscando generar turbulencias a lo que se concretara como un triunfo abrumador del presidente Vladimir Putin, por la gran participación del casi 80% del electorado en las urnas, en un país donde el voto no es obligatorio. Los daños causados motivaron una vigorosa represalia rusa contra la infraestructura energética y de centros de comando de la inteligencia ucraniana.
Por si fuera poco, se desencadena el brutal ataque terrorista en Moscú en el concurrido centro de convenciones causando más de 140 muertos y cientos de heridos.
A pesar de que el Estado Islámico asumió la autoría
Especialistas de la inteligencia rusa y occidentales apuntan hacia la evidencia de que el ataque no podría haber sido perpetrado sin el apoyo de uno o más servicios de inteligencia de países extranjeros, siendo Ucrania, EUA y el Reino Unido los sospechosos de primera mano
En este contexto, es de extrema relevancia el artículo publicado en la red RT del 23 de marzo, de Dmitry Trenin, conocido estratega cercano a los círculos de decisión de Moscú. El título es de por sí sugerente: “Es hora de dar a Occidente un recordatorio nuclear”. Dice: “Igualmente, se debe reconocer que los límites de la intervención puramente verbal se agotaron en esta fase del conflicto ucraniano”
Los canales de comunicación hasta lo alto deben estar abiertos las 24 horas del día, pero los mensajes más importantes en esta fase deben enviarse mediante pasos concretos: cambios doctrinarios; ejercicios militares para probarlos; patrullas submarinas y aéreas a lo largo de la costa del probable enemigo; advertencias sobre preparativos de pruebas nucleares y las propias pruebas; la imposición de zona de exclusión aérea en partes de Mar Negro, y así por el estilo.
El objetivo de estas acciones
No es solamente demostrar determinación y disponibilidad para usar las capacidades disponibles y proteger los intereses de Rusia, sino –lo más importantes hacer parar al enemigo y animarlo a empezar un diálogo serio. “La escalera para subir no termina aquí. Las medidas técnico-militares pueden ser seguidas de actos reales, cuyos avisos ya han sido dados, por ejemplo, ataques a bases aéreas y centros de abastecimiento en territorio de loa países de la OTAN, etcétera”.
No hay necesidad de ir más lejos. Necesitamos, simplemente comprender y ayudar al enemigo a entender que la estabilidad estratégica, en el sentido real y no estrictamente técnico de la palabra, es compatible con el conflicto armado entre potencias nucleares, aunque (por ahora) esté siendo desarrollado indirectamente. Un mensaje más claro, ¡imposible!
