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El periodista francés Georges Malbrunot, veterano corresponsal de guerra del periódico Le Figaro, soltó una bomba de alto poder explosivo en su cuenta de Twitter el 9 de abril. Luego de su regreso de un viaje a Ucrania, afirmó que unidades de las fuerzas británicas SAS y de la Fuerza Delta estadounidenses están operando en el país desde el inicio de la intervención militar de Rusia, iniciada el 24 de febrero.
Según él, la información le fue dada por una fuente de los servicios de espionaje franceses, quien agregó: Los rusos no ignoran eso, ellos saben lo que es la guerra secreta.
De la misma forma, en entrevista concedida a la red CNEWS, afirmó que Estados Unidos está “al mando de los esfuerzos de guerra ucranianos: “¿Y quién está al mando? Son los estadounidenses, lo vi con mis propios ojos. Yo pensaba que estaba con las brigadas internacionales y me encontré de frente con el Pentágono” (Rebel News, 12/04/2021).
Malbrunot estuvo ocho días en el país conflagrado, acompañado de voluntarios franceses que fueron a luchar por Ucrania.
Que los militares de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) se encontraban en Ucrania desde hace algún tiempo, incluso antes de la invasión rusa, no era un secreto para nadie. Pero el hecho de que una fuente del espionaje lo haya confirmado a uno de los periodistas más conocidos del país, sugiere que por lo menos parte de los servicios de espionaje franceses no están de acuerdo con el plan angloamericano para el país del Este europeo.
Luego de la revelación de Malbrunot, la prensa inglesa informó que elementos del SAS están en Ucrania para entrenar a los militares locales en el uso de los misiles antitanques NLAW (New Generation Light Anti-Tank Weapons) y Javelin enviados por Londres luego del inicio del conflicto. Para subrayar el apoyo británico y mejorar la imagen de “líder guerrero” (muy útil para enfrentar los problemas políticos internos causados por su presencia en una fiesta durante la cuarentena), el mismo primer ministro Boris Johnson hizo una visita relámpago a Kiev el 9 de abril cuando las imágenes divulgadas lo mostraron paseando por una de las calles de la capital ucraniana escoltado por hombres del SAS.
Mientras tanto, Estados Unidos están todavía más comprometidos que el Reino Unido en el abastecimiento de armas, de entrenamiento y de información táctica a Kiev. Estas últimas han sido de extrema utilidad para las fuerzas ucranianas, pues han sido, posiblemente, las responsables de algunos de los principales reveses impuestos a las fuerzas rusas, como el hundimiento del navío de desembarco Orsk en el puerto de Berdyansk y del crucero Moskva, buque insignia de la flota rusa del mar Negro, cuando este se encontraba a más de 70 kilómetros de la costa ucraniana.
Rusia envió, la semana pasada, una nota formal a Estados Unidos en la que instaba a Washington y a la OTAN a suspender el envío de armamento a Ucrania, que estarían jugando con gasolina en el conflicto, con consecuencias impredecibles.
A su vez, el vicecanciller Serguéi Ryakov advirtió que Moscú consideraría los vehículos de Estados Unidos y de la OTAN que transportan armas a Ucrania como “blancos militares legítimos” (TASS, 13/0472022).
Todo indica que dichos actos por parte de los dirigentes de Estados Unidos y de la OTAN están preocupando a ciertos sectores estratégicos franceses
Pareciera que el espíritu de Charles de Gaulle está inspirando a algunos círculos franceses a reconsiderar su antigua, pero más válida que nunca, propuesta de formación de una Europa del Atlántico a los Urales, que contemplaba un arreglo existencial con la entonces Unión Soviética, en plena Guerra fría. Por más distante que parezca hoy, Europa no tiene otra opción que encarar la reconfiguración del orden de poder mundial rumbo a un escenario multipolar, en caso de que quiera ser más que la gran satrapía de Estados Unidos.
