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La inefable Úrsula, ¿una joven fantasma medioambientalista?

Foto: KELLEPICS
Bolivar Hernandez*
Hace muchos ayeres que dejé de asistir a reuniones, festejos o celebraciones, porque me aburren sobremanera. Aprovecho el tiempo escribiendo o pintando y, naturalmente, también trabajando como terapeuta.
Sin embargo, ahora que vivo en una finca aislado del mundanal ruido de la Ciudad de Guatemala, finca que es una burbuja apacible, no he cultivado las relaciones sociales como lo hice tanto tiempo en México.
Hace pocos días, una amiga reciente, me pidió acompañarla a una cena para celebrar el cumpleaños de una amistad, a quien no conozco. Acepté porque era mi primera reunión social en un país que desconozco, pese haber vivido aquí hace más de medio siglo.
La reunión a la cual fui invitado fue en una casa del centro histórico de la capital guatemalteca, muy lejos de mi lugar de residencia. Yo vivo en la Zona 12 y la cena era en la Zona 1, que son rumbos opuestos.
Llegamos a esa casa y había una media docena de invitados nada más, nos colocaron en una mesa redonda a todos.
Como siempre lo hago, llevé a la festejada un par de pinturas mías con dedicatoria.
Me sentaron entre dos mujeres
Una de ellas era una señora de unos sesenta años, ama de casa, viuda; y al otro costado, había una joven mujer de entre 35 y 40 años, con aspecto de extranjera.
Conversé con ambas damas durante la cena, porque ante todo soy un caballero a la antigua. La dama joven es suiza, hija de madre guatemalteca, Úrsula es su nombre. Me relató que vivía en Berna, donde estudió y donde trabaja actualmente para un organismo internacional.
La conversación con Úrsula se centró en los problemas del medio ambiente: calentamiento global, los daños a la naturaleza, la desaparición de los glaciares, etcétera.
La viuda se hizo la desentendida de nuestra conversación, y se dedicó a cantar en voz baja las canciones que salían del aparato de sonido.
Úrsula me contó, en resumen, su vida en Suiza, que era soltera, sin dar explicaciones de ello, y que ganaba un buen salario en ese organismo internacional. Y también, que se aburría demasiado en Berna, y por ello se dedicaba en sus ratos libres a hacer ejercicio.
Y que había decidido estudiar varias maestrías, no por exigencias laborales sino simplemente para aprender nuevas cosas técnicas. Poseía dos maestrías en asuntos ambientales.
Cenamos rico, y evitamos las bebidas alcohólicas, por ser éstas de mala calidad.

A la media noche
Como he contado en otra parte, a mi se me rompe el encanto a las 12 en punto, y procuro retirarme antes de la media noche. Ya no me quedé a degustar el pastel porque en general los evito, y en la noche me produce agruras o reflujo.
Úrsula me comentó que volvía a Suiza esta semana. Entonces convenimos en volver a conversar en algún sitio del centro histórico de la ciudad de Guatemala, antes de su retorno a su país.
Le di mi tarjeta de presentación, una de terapeuta, y ella me escribió en una servilleta la dirección de su domicilio familiar en Guatemala.
Me dijo Úrsula: Búsqueme cuando quiera y continuamos esta charla en otro momento; el trato personal aquí es de usted, no se admite el tú ni el vos.
Se me ocurrió ir a buscar a Úrsula un día antes de su partida a Suiza
Y despedirla con un buen café y un pastel, no tan rico como los suizos, y además compartir experiencias profesionales.
Tomé un Uber y fui al centro histórico de la ciudad de Guatemala a buscar el domicilio de Úrsula, el cual ubiqué de inmediato. Era una casa de un solo nivel que acusaba un serio deterioro físico, no tenía timbre, y la puerta principal tenía huellas de no haber sido abierta hacia mucho tiempo…
Saqué de mi bolsillo una llave metálica, la de mi casa en la finca, y golpeé repetidamente la puerta de madera, y no hubo respuesta. Después de cinco minutos, opté por retirarme de ese lugar. No había rastros de estar habitada esa casa hace mucho tiempo.
Estoy muy intrigado por este episodio extraño, ya que, obviamente, ella nunca me llamó. Solo resta resolver este misterioso caso, indagando con los asistentes a la cena donde nos conocimos, si conocían a Úrsula.
¿Quién la invitó? ¿Amiga o conocida de quién? Muchas preguntas sin respuesta. Una vez más en mi vida hay hechos insólitos y oscuros, que no logro desentrañar.
Soy un fotógrafo amateur y tomo fotos por doquier. Y sin embargo, en esa cena de cumpleaños no llevé mi cámara, y no tengo evidencia de la existencia de Úrsula. Salvo la de que tuvimos una charla interesante y amena.
¡Hasta pronto incrédulos de las historias fantásticas!, que sí ocurren en la vida real.
*La Vaca Filósofa
Fotos: KELLEPICS/geralt /
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