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La leyenda del pájaro Toh

ave

 

Arturo Ríos*

Es una historia que, según dicen que los aventureros que se adentran en

inexpugnables selvas, son guiados por el pájaro Toh para encontrar cenotes, estanques naturales ubicados en cavernas.
Toh es un ave solitaria, que está cerca de cuevas y sitios oscuros. Lo más característico de ella es su canto quejoso y su singular cola. Tiene un plumaje brillante que reluce con los rayos del sol.
Cuenta la leyenda…
Que hace muchos años, Toh formaba parte de la realeza natural; era tan bella, que se le consideraba un ave superior y todos los animales admiraban su bello plumaje y la trataban con especial deferencia.
El ave se volvió presuntuosa y banal. Decía que no trabajaba, porque temía que su cola se estropeara. Así que los demás pájaros tenían que conseguirle comida, agua y elaborar sus nidos donde dormiría.
Una noche, el búho, que era el más sabio de todos, dijo que se avecinaba una aterradora tormenta. Era algo inimaginable. Truenos, rayos y centellas caerían sobre toda la selva. Era necesario que construyeran un refugio para sobrevivir.
Así, todos los pájaros se pusieron a trabajar y las codornices juntaron pastos y pequeñas plantas para la construcción de la protección.
Se escondió en una cueva
Pero Toh seguía como si nada, y se molestó por la exigencia de sus compañeros para que colaborara. Temiendo que lo dejaran sin lugar en el refugio, se unió a los constructores y pronto se fatigó. Se escondió en una gruta.
En el hueco, se recostó y se durmió sin notar la tormenta. Cayeron rayos y centellas, pero no despertó. La cueva era pequeña y su hermosa cola quedó colgando por fuera, la tormenta duró todo un día y una noche, y al día siguiente apareció el sol.
Los pájaros salieron de su refugio y el pájaro Toh de su cueva.
Pensó que todo seguiría y siguió su rutina diaria. Cuando llegó con los demás animales, todos se rieron de él. Poco quedaba de aquella cola majestuosa, que la tormenta había destrozado por completo.
Avergonzado, el pájaro Toh volvió a la cueva y no volvió a salir de allí.
El castigo para su soberbia y su egoísmo fue tener que vivir solo, en un sitio apartado y trabajar por siempre para guiar a los exploradores.
*Periodista e Historiador
Foto: David Mark/Free-Photos
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