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La liga mayor de la literatura contemporánea y el club de los escritores muertos

Foto: Pixabay

 

Bolivar Hernandez*
Toda mi vida adulta en la Ciudad de México, luché por ser reconocido y admitido en el Parnaso de los escritores consagrados de mi país. Ellos constituían la liga mayor de la literatura contemporánea, ahí deseaba yo ingresar.
Unos años antes había ingresado a los talleres de cuento corto que impartía Bellas Artes en forma gratuita. Había ingresado ya a las ligas menores de la literatura, por fin. Sin embargo, yo militaba en las ligas mayores del periodismo mexicano, no sólo como fundador del periódico de izquierda La Jornada, sino como articulista sobre temas rurales y/o campesinos. Era un académico que había devenido en periodista económico y especializado en economía campesina.
Muchos periodistas se inician en ese oficio y luego desembocan en la literatura, el ejemplo más socorrido es el de Gabriel García Márquez, pero hay otros notables literatos en el mundo que saltaron del periodismo a la literatura.
Al inicio del siglo XXI
Fuimos conformando un nutrido grupo de periodistas y escritores afines en gustos literarios, cronistas muchos de ellos; había poetas también. Y el barrio predilecto de la mayoría era La Condesa, y así fue como elegimos el restaurante La Bodega, situado en Ámsterdam, y ocasionalmente también solíamos juntarnos en el restaurante del Hotel Roosevelt, el único hotel de tan emblemático barrio.
Era un club de hombres con escasa presencia femenina, club de machos muy machos; bebedores de alcohol y mujeriegos. Siempre me intrigó averiguar la razón de haber elegido La Bodega como el sitio de reunión de nosotros por mucho tiempo.
La Bodega era eso, un restaurante que parecía bodega de cosas viejas e inservibles. Tenia salones semi oscuros, con varios tríos de músicos y música ambiental romántica. Era más un bar que un restaurante. Era frecuentado por parejas de amantes, amores fugaces, ligues de ocasión.
Cada jueves nos dábamos cita en La Bodega una veintena de escritores y periodistas, para conversar en amena tertulia literaria. Y la mayoría bebían alcohol como cosacos, bebían mucho.
El asunto crítico para mí era a la hora de pagar esa cuenta de pocos platos de comida y muchas botellas de vodka, tequila y ron. Se les hacía muy simpático el asunto de dividir la cuenta en 20 partes iguales.
Protesté enérgicamente por ser una práctica injusta, cuando yo solamente había consumido un par de botellas de agua mineral. ¡Las injusticias no las tolero, jamás!

 

De aquella veintena de periodistas y escritores…
Solamente queda una novela fallida escrita a 20 manos, El Hombre equivocado, y una lista de varios muertos.
El 7 de enero del 2022, falleció el escritor Gerardo de la Torre, integrante de aquel Parnaso de La Bodega. Después de Vicente Leñero, Rafael Ramírez Heredia, y otros.
Este es un mini homenaje para mis compañeros del Club de los escritores de La Bodega, que ya nos abandonaron en este plano existencial.
Entre los escritores amigos míos que han muerto y que me han dejado un grato recuerdo, está el gran Federico Campbell, periodista de Proceso y novelista consagrado. Quien me honró con su amistad fraterna, y nos permitió estrechar lazos a lo largo de los años.
Campbell era un personaje muy especial, decía que yo era su gran amigo por las conversaciones cotidianas en el Café El Toscano del Mercado de la Condesa, pero solo él hablaba y yo solo escuchaba; aparte era muy criticado porque le presentaban gente una y otra vez y él fingía no conocerlos. Nos divertimos mucho con ésa, su manía detestable.
Por cierto, continúo militando en las ligas inferiores de la literatura, sigo escribiendo cuentos cortos, y constituye un enorme placer, al igual que los artículos periodísticos que escribo con regularidad para diarionoticiasweb.org, el periódico digital de mi amiga, Ivette Sosa.
¡Hasta pronto literatos del Olimpo y musas del Parnaso, la vida sigue sin parar!
*La Vaca Filósofa
Fotos: Pixabay/Foto La Bodega (Facebook): De izquierda a derecha: David Martín del Campo, Hernán Lara Zavala, Rafael Ramírez Heredia, Marco Aurelio Carballo y Bernardo Ruíz.
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