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La nueva guerra callejera: Cómo la tecnología cambiará las manifestaciones en México

CIENCIA Y TECNOLOGÍA

La seguridad pública y la disidencia social en México avanzan hacia una metamorfosis irreversible.

Bernardo Méndez Lugo*

El análisis prospectivo de las manifestaciones político-sociales contra el gobierno, revela que el espacio de confrontación urbana ha dejado de ser bidimensional.

Nos encontramos en la víspera de un teatro de operaciones tridimensional e híbrido, donde las vanguardias de choque y el aparato estatal, disputarán el control del entorno a través de la tecnología.

Esta evolución se manifestará bajo una geografía bifurcada. Las grandes urbes del país se consolidarán como laboratorios de alta complejidad tecnológica, caracterizados por la saturación tridimensional, el despliegue de enjambres de drones de carreras modificados y ráfagas motorizadas automatizadas de supresión.

Las ciudades medianas experimentarán un impacto logístico de bajo costo

Ante la falta de recursos, la disidencia periférica perfeccionará el uso horizontalizado de morteros pirotecnicos comerciales, enfocando sus capacidades en la captura y estrangulamiento de los nodos viales estratégicos para forzar la parálisis económica local.

   Frente a este horizonte, el Estado mexicano se encuentra ante una encrucijada doctrinal. Para mitigar estas amenazas sin incurrir en una deriva autoritaria que triture las libertades civiles, es urgente refundar los manuales de la Ley Nacional sobre el Uso de la Fuerza (LNUF).

La reforma debe desacoplar el concepto de letalidad de capacidad de supresión táctica, permitiendo el uso inmediato de contramedidas no letales precisas.

Asimismo, se debe normar la protección del espacio aéreo inferior y transitar de la confrontación masiva de infantería a la inteligencia de señales y la triangulación electromagnética para lograr detenciones selectivas en la retaguardia, garantizando el derecho del resto de la masa a manifestarse pacíficamente.

Sin embargo, la respuesta tecnológica del Estado —materializada en la Inteligencia Artificial predictiva como motor de anticipación táctica—, introduce una dimensión distópica que las organizaciones de derechos humanos objetarán con firmeza.

La automatización del monitoreo mediante el análisis de conducta corporal y la predicción de flujos humanos amenaza con institucionalizar el sesgo discriminatorio histórico de las bases de datos policiales.

Peor aún, el carácter de caja negra de estos algoritmos diluye el debido proceso en los tribunales, mientras que la vigilancia panóptica ejerce un efecto inhibitorio que vulnera  el núcleo del derecho a la protesta social, convirtiéndola en un ejercicio de alto riesgo civil.

El mañana de las manifestaciones en México no se librará bajo las reglas del pasado

El equilibrio democrático del país dependerá de la capacidad del Estado para diseñar una arquitectura de seguridad que sea tácticamente superior en el plano tecnológico y quirúrgico, pero normativamente subordinada a los derechos humanos.

Solo mediante una regulación que rechace tanto el incremento de la violencia física como la opacidad del control algorítmico, México podrá desactivar las capacidades de supresión de las nuevas tácticas callejeras, salvaguardando la gobernabilidad sin apagar la voz de su sociedad.

* Algunas de mis ideas de basan en estudios de Abraham Serrano, experto español.

*Academico fundador de UAM-Xochimilco CDMX.
*Diplomático de carrera en retiro.    
*MPhil IDS, University of Sussex 
*Actualmente, director de fundación promigrante America sin Muros en CDMX.
* Pixabay/Archivo
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