Con la presencia de Xi Jinping, Vladímir Putin y el miembro de la OTAN, Recep Tayyip Erdogan, el bloque consolidó acuerdos clave en energía, transporte e Inteligencia Artificial hacia 2027. Avanza la moneda contable tipo ‘ECU’ para evadir las sanciones del dólar.
Mario Lettieri y Paolo Raimondi, desde Roma
La 25. ª cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) concluyó recientemente en Biskek, capital de Kirguistán, con una abierta oposición hacia las políticas económicas, financieras y de seguridad del presidente Donald Trump. El encuentro colocó la multipolaridad en el centro de sus deliberaciones, contrastando con la geopolítica unilateral y expansionista de Washington.
Evidentemente, muchos en Europa arrugarán la nariz, refugiándose en la retórica habitual de “mira de quién viene el sermón”. Sin embargo, ignorar los procesos estratégicos que ocurren fuera de nuestro propio ámbito de acción no es una decisión muy inteligente. Por otro lado, vale la pena recordar que ni siquiera el denominado Sur Global se ha olvidado del Occidente colonialista. En este sentido, a Europa no le conviene actuar como el alumno preferido de la clase.
Tras la caída de la Unión Soviética, la OCS fue creada en 2001 por China, Rusia, Kazajistán, Quirguistán, Tajikistán y Usbequistán y su sede se estableció en Pekín. India, Pakistán, Irán y Bielorrusia se adhirieron posteriormente. Hoy, el grupo cuenta con la participación de 20 estados, varios de ellos del Golfo Pérsico, entre socios y observadores.
La entidad no es una alianza militar, sino un órgano de coordinación de seguridad para las vastas regiones de Asia. Desde entonces, la cooperación se expandió para incorporar economía, finanzas, energía infraestructura y otros temas. Se convirtió en una organización regional con el mayor territorio, la mayor población y el mayor potencial de desarrollo del mundo. Su comercio interno llegó a la marca de un billón de dólares.
La cumbre de Biskek envió un contundente mensaje al mundo
Gracias a la participación presencial de los presidentes de China, Xi Jinping, y de Rusia, Vladímir Putin. A ellos se sumaron el primer ministro indio, Narendra Modi; el presidente iraní, Masoud Pezeshkian; el primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, y mandatarios de otros países miembros. También destacó la asistencia de Recep Tayyip Erdogan, presidente de Turquía, nación que no solo representa un puente geográfico crucial entre Europa y Asia, sino que además es un miembro significativo de la OTAN.
Con relación a la seguridad, Modi fue muy claro. Debemos alejarnos de la guerra sin fin y buscar su fin. Eso es esencial para el bienestar de la humanidad. Una solución pacífica para todas las cuestiones, lo más rápido posible, es un llamado a la humanidad, y este es el mensaje de India.
Durante la reunión, la prensa internacional reavivó la controversia en torno a una nueva moneda alternativa al dólar estadounidense. El objetivo era retratar a la OCS igual a una entidad china desafiando a los EUA con una supuesta trayectoria de guerra híbrida. Este no es el caso. Diferentes intereses y posturas políticas coexisten dentro de ella. Sin embargo, todos los países están preocupados con la proliferación de guerras, la inestabilidad energética, el uso de sanciones cual arma de guerra y un dólar cada vez más presionado por la deuda pública estratosférica de los EUA.
En consecuencia, ellos están buscando crear alternativas para la estabilidad y el desarrollo. Esta es una tendencia más que racional, desgraciadamente ignorada por una Europa miope.
En el frente financiero y monetario, la OCX continúa en el camino andado por el BRICS. No es coincidencia que un banco de desarrollo semejante al Nuevo Banco de Desarrollo haya sido propuesto hace un año. Años atrás, el grupo ha estado trabajando para ofrecer seguridad y autonomía al comercio intra-BRICS, mediante el uso de monedas locales.
La llamada “moneda BRICS”
Es. en realidad, un intento de crear una moneda contable para administrar de forma independiente el crédito, el financiamiento, las transacciones monetarias y financieras y las compensaciones. Luego entonces, no es una moneda tipo Euro. Es una solución semejante al ECU (Unidad Monetaria Europea) inicialmente adoptado por la Comunidad Europea.
Entre los principales objetivos puestos en la mesa de discusión, se destaca, obviamente, la proyección de la Nueva Ruta de la Seda de China para Asia, con referencia particular, entre otras, a la Zona Financiera y de Inversión Especial de Kirguistán en Taichí, un punto de cruce histórico entre Europa y China, y la vía férrea China-Kirguistán-Uzbekistán.
Además, hubo deliberación sobre varios acuerdos comerciales y de transporte, entre ellos el Corredor Internacional Norte-Sur de 7 200 kilómetros, que liga San Petersburgo a Mumbai, la capital financiera de India, pasando por Irán y por los puertos del Golfo. El gasoducto Fuerza de Siberia 2 –con capacidad para 50 mil millones de metros cúbicos anuales– que conectaría los campos petroleros de Siberia hacia China a través de Mongolia, fue un tema central en los contactos bilaterales.
En relación con las nuevas tecnologías
La propuesta del presidente uzbeko Sabbat Mirziyoyev de ser sede del primer Foro de la OCS sobre Inteligencia Artificial en Tashkent para el 2027, fue significativa.
La Declaración Final de Biskek emplaza a una mayor cooperación entre los estados-miembros y apoya los esfuerzos para un sistema internacional multipolar. Se opone al uso de medidas económicas coercitivas unilaterales, entre ellas a los aranceles y las sanciones occidentales.
Igualmente, clama por una mayor cooperación contra el terrorismo, el extremismo, el crimen organizado y el tráfico de drogas. La Declaración destacó también la necesidad de evitar una carrera armamentista espacial.
La Cumbre demostró que la fuerza de la OCS no reside en la unanimidad de posturas, sino en su capacidad de convergir intereses divergentes en torno a un proyecto común.
