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La OTAN es el cáncer: ¿Nosotros lo curaremos?

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MSIa Informa

A continuación, reproducimos una entrevista de Serguéi Karaganov, decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Asuntos Internacionales de la Escuela Superior de Economía de Moscú, presidente honorario del comité administrativo del Consejo de Política Exterior y de Defensa de la Federación de Rusia.

Karaganov expone con claridad la visión de un importante segmento de la élite intelectual rusa vinculada estrechamente al Kremlin, sobre la crisis estratégica en curso con las potencias occidentales. La entrevista, con el título “Rusia, definitivamente, no debería luchar por Ucrania”, se publicó en la revista Argumenty y Fakty el 19 de enero del presente.

AF – Serguéi Alxandrovich, ¿las negociaciones (entre Rusia y las potencias de la OTAN) fracasaron o todavía hay esperanzas de llegar a un acuerdo?

SK – Vamos a esperar. Mientras tanto, estamos avanzando -no sólo verbalmente, tengo la seguridad que algunas medidas no públicas se están tomando en las Fuerzas Armadas y en otros campos -y demostrando nuestra preparación para cualquier cambio. Hay un juego diplomático duro y ofensivo en marcha, con un elemento de fuerza muy poderoso.

AF – Mucho antes del inicio de las negociaciones previste que “los socios de Occidente se pelearían con las demandas rusas”. Parece que es exactamente eso lo que está pasando.

SK – Rusia tiene una rica experiencia en la conducción de tales conversaciones. Y sabemos bien con quien estamos lidiando. Entendemos que el sistema de relaciones, el sistema de instituciones que heredamos de la época de la Guerra fría y de la década de los 1990, sobrevivió y debe ser demolido. Y Espero que la nueva política rusa de frutos en los años venideros.

Cuando firmamos la Carta de París para una Nueva Europa, en 1990, aceptamos erróneamente que cualquier país tenía derecho a adherirse a cualquier unión. Nuestro liderato en aquella época pensaba, al parecer, que nosotros mismos ingresaríamos a la OTAN, o que, por lo menos, la OTAN sería una alianza defensiva pacífica de países democráticos. Pero, desde entonces, la OTAN cometió una serie de actos agresivos. Y, sin embargo, seguimos realizando conversaciones sin sentido con ellos, por medio del Consejo Rusia-OTAN, del programa Sociedad para la Paz, etc., hablando de todo, menos del peligro real: el movimiento del bloque en dirección a nuestras fronteras. Todos esos foros y encuentros fueron utilizados para conservar el sistema que Occidente había creado para si mismo, luego de lo que creían era su victoria en la Guerra fría y para legitimar la expansión de la OTAN. Bueno, ya no hay tiempo para conversaciones vacías.

AF – Muchos califican de ultimátum las propuestas de Moscú. Pero un ultimátum es algo arriesgado: si el oponente no responde, se tiene que hacer algo para alcanzarlo. ¿Cómo puede Rusia golpear a Estados Unidos?

SK – No me gustaría analizar todas nuestras posibles acciones en las páginas de mi revista favorita. Sólo puedo decir que ahora tenemos armas que pueden amenazar muy seriamente a Estados Unidos. También tenemos un arma como la profundización de la cooperación político militar con China, lo que puede ser una verdadera pesadilla para Washington. Y si los estadounidenses nos están amenazando con sanciones “incapacitantes”, y esto sería una declaración de guerra, ellos deben tener presente que Rusia y China también tienen la capacidad de paralizar la economía de los países occidentales por medio de la guerra cibernética.

AF – Dices que la experiencia histórica de Rusia inspira optimismo: en repetidas ocasiones logramos domar las ambiciones imperiales de otros países, “transformando a sus portadores en vecinos relativamente vegetarianos y cómodos -Suecia, luego de la batalla de Poltava, Francia, luego de la batalla de Borodino, y Alemania, luego de las batallas de Stalingrado, de Kursk y de Berlín. Eso es verdad, pero hay un problema: domamos esas ambiciones por medio de guerras. ¿Tendremos que luchar también con el principal imperio actual, Estados Unidos?

SK – Espero que se pueda evitar una guerra, especialmente, porque la actual situación internacional es un poco diferente. No hace falta decir que, si no tuviésemos armas nucleares, ya habríamos sido atacados hace mucho tiempo. Y ellas todavía sirven como un fusible psicológico contra una guerra a gran escala. Pero podemos mostrar a los colegas que ese no es nuestro único recurso, que, en general, tenemos músculos más duros y la cabeza más fría. Ellos están empezando a entender esto. Hasta las últimas discusiones indican que nuestros socios están empezando a dar marcha atrás. Ya están ofreciendo diálogo entre militares y negociaciones de limitación de armamentos, a las que se oponían fuertemente hasta hace poco. Entonces, tal vez lleguemos a un acuerdo, al final.

AF – Algunos analistas creen que estamos en una serie de crisis como la Crisis de los misiles de Cuba. No es coincidencia que algunos ya estén hablando sobre la nueva instalación de misiles en Cuba y Venezuela.

SK – Fue precisamente después de la Crisis de los misiles de Cuba cuando la Guerra fría anterior comenzó a acabarse. Muchos en Rusia parecen haber llegado a la conclusión de que, si algo así no aconteciese nuevamente, si nuestros socios no permanecen sobrios, definitivamente desencadenarán una guerra caliente. Es exactamente eso lo que Rusia quiere evitar e impedir una nueva versión de los que sucedió el 22 de junio de 1941 (la invasión de la Unión Soviética por las Fuerzas Armadas de la Alemania nazi -n.e.).

AF – Llamas a la OTAN “cáncer europeo” y sugieres que se contenga “su metástasis con una combinación de medidas terapéuticas, como radiología militar, química política, etc.” Pero el “oncólogo” ¿tiene medicamentos e instrumentos suficientes?

SK – Es importante, para comenzar, reconocer que es un cáncer y que está en metástasis. Para sobrevivir, la OTAN tiene que profundizar constantemente un enfrentamiento. La cirugía puede ser mortal para el frágil subcontinente. Sin embargo, para comenzar, es necesario frenar geográficamente la enfermedad, y entonces veremos. Y, ciertamente, debemos dejar de llamar a la enfermedad de “sociedad”. Al tratar de apaciguarla sólo ayudamos a extenderla todavía más.

AF – También argumentas que la posición geopolítica de Rusia es más ventajosa que la de la URSS, si no buscamos convertirnos en una súper potencia, que fue lo que mató a la Unión Soviética. ¿Cuáles son las ventajas?

SK – La Unión Soviética le dio su apoyo a un gran número de países del Tercer Mundo que se adhirieron a la “orientación socialista”. La URSS subsidió a los países del Este europeo y Rusia fue donadora de casi todas las repúblicas soviéticas. Lo cierto es que Ucrania fue el mayor beneficiario de los subsidios y Georgia recibió el mayor volumen per cápita de ellos. Y, evidentemente, fracasadas, buscan ahora nuevos donadores, en particular la OTAN. Por último, la URSS mantenía una maquinaria militar colosal, totalmente excesiva. Al final de la existencia de la Unión Soviética, ¡teníamos más tanques que todos los otros países juntos! Por si esto fuera poco, nos estábamos preparando para luchar en dos frentes -con Occidente y China-. Ahora China es una potencia amiga y podemos contar con ella, lo que aumenta significativamente nuestro poder acumulativo. Y, a su vez, somos la fuente de fuerza para China. Y, finalmente, al final de la Unión Soviética, casi todos, tanto la élite como el pueblo, se consideraban moralmente fracasados, tenían ante sus ojos la muerte de la idea comunista, veían que nuestro sistema económico era ineficaz y que éramos pobres. Todos queríamos ser “como ellos”. Algunos todavía piensan así. Pero en general, la condición moral de las élites y de la sociedad es radicalmente diferente ahora. Sabemos que tenemos la razón, y esto nos fortalece.

AF – A principios de enero, los cinco principales países con armas nucleares emitieron una declaración conjunta que señala que “una guerra nuclear no puede ganarse y nunca debe ser librada”.  ¿No es sorprendente que Estados Unidos hayan estado de acuerdo en firmar por lo menos algún tipo de documento conjunto con Rusia y China, en la situación actual?

SK – Ellos están comenzando a entender que fueron demasiado lejos en sus juegos. No descarto que, si conseguimos para este periodo pacíficamente, de aquí a diez años, tendremos relaciones decentes con la mayoría de los países occidentales. Lo cierto es que dichas relaciones serían muy benéficas para nosotros, porque, a pesar de nuestra profunda amistad con China, el desequilibrio entre nosotros aumentará y la dependencia de otro socio no puede ser perjudicial. Nos gustaría tener un flanco occidental pacífico y en calma. Claro, es difícil decir ahora lo que acontecerá en Occidente. Si tomamos en cuenta las nuevas ideologías antihumanas que niegan la Historia, el sexo y la patria, el culto LGTB, el ultra feminismo, etc., tendremos profundas diferencias ideológicas. Pero espero que las fuerzas racionales eviten que los países occidentales caigan en el abismo moral.

AF – ¿Cómo los acontecimientos de Kazajistán afectaron el equilibrio de poder en la geopolítica? ¿Rusia fortaleció su posición al proporcionar asistencia militar al presidente (Kassym-Jomart) Tokayev?

SK – Por supuesto que sí. Esto mostró la capacidad de nuestras Fuerzas Armadas de responder a una situación peligrosa en medio día. Pero hay otro problema. Muchos países de la antigua Unión Soviética, obviamente, no se están convirtiendo en estados capaces. Y, más temprano que tarde, surgirá la cuestión de como mantenerlas en forma. Se trata básicamente de una nueva reunión de las tierras. Yo pensaba que esto sucedería en cinco o siete años. Pero los acontecimientos de Bielorrusia, de Armenia y, ahora, de Kazajistán, muestran que tenemos que lidiar con esto mucho más rápidamente. Y esto me preocupa profundamente, porque puede dispersar nuestros recursos y distraernos del desarrollo interno, del desarrollo de Siberia y del Oriente ruso en su conjunto, que debe convertirse en nuestro principal activo de desarrollo en el siguiente medio siglo.

AF – ¿Estás sugiriendo que deberíamos dejar de repetir la afirmación de Zbigniew Brzezinski (el exconsejero de Seguridad Nacional y estratega estadounidense), “disimulada e inducida por genes polacos”, de que Rusia no puede ser una gran potencia sin Ucrania? ¿Por qué estamos afianzando a Ucrania con tanta fuerza, si ella está tratando desesperadamente de librarse de nosotros?

SK – En primer lugar, porque muchos de nosotros realmente creíamos en Brzezinski. Era un chapucero excepcional, una mente brillante. Fue el quien “ayudó” a la Unión Soviética a caer en Afganistán, algo que lo llenó de orgullo más tarde. Pero cualquiera de sus palabras se debe tomar con cautela. En segundo lugar, Ucrania es un amortiguador, que o se usa para separarnos de los potenciales agresores occidentales o se usa para presionarnos. La cuestión ucraniana se reduce ahora a la no expansión de una alianza hostil en el territorio de ese Estado colchón. Pero lo que realmente nos convirtió en un gran país fue la incorporación de Siberia. Eso es todavía más relevante ahora, en el siglo de Asia. Sería muy malo que nos involucrásemos de más en las disputas europeas y nos distrajésemos de nuestro avance hacia el Este, lo que es benéfico para el futuro de nuestro país.

AF – Pero, aunque los militares de la OTAN se instalen en Ucrania, ¿esto es realmente tan peligroso? Los estados bálticos están en la OTAN desde hace 18 años y nada terrible aconteció.

SK – Cuando los países del Este europeo, como Polonia y las repúblicas del Báltico, se unieron a la OTAN, Occidente nos garantizó que no teníamos que preocuparnos, porque, luego de la admisión, ellos se calmarían y se volverían más pacíficos y buenos vecinos. Pero sucedió lo contrario: se hicieron más hostiles. Esto, porque ser miembro de una alianza fincada en la idea del enfrentamiento refuerza los peores elementos en los sentimientos políticos y públicos. Podemos ver lo que pasó con los países bálticos y como los polacos se volvieron insolentes, cuando se encontraron en las líneas de frente de la OTAN. Así que no tenemos absolutamente nada que ganar con tener una Ucrania en nuestra puerta, en tales condiciones. Sí, hay muchos (ucranianos) pro rusos, que están cercanos a nosotros espiritual y culturalmente. Pero también existen otras fuerzas oscuras. ¿Queremos que toda esa lama suba a la superficie, para que Ucrania, como los países bálticos y Polonia, se convierta en principal motor de la política anti rusa en Europa? Sin mencionar las armas que se instalarán allí. Pero, es claro, definitivamente, no debemos luchar por Ucrania hasta el último ucraniano. Nosotros, definitivamente, no debemos luchar allá. Todo ese ruido de que vamos a tomar Kiev es un disparate total. Si, nuestras tropas están en la frontera ucraniana, pero tan sólo para garantizar que nadie del otro lado piense en atacar a Donbass (las provincias de Donetsk y Lugansk -n.e.). Tengo la certeza de que no tenemos planes de invadir Ucrania, aunque invadir un país que está económica, moral e intelectualmente aplastado, un país con infraestructura destruida y una población amargada, sería el peor escenario posible. La peor cosa que Estados Unidos podrían hacer por nosotros es darnos a Ucrania en las condiciones en la que la dejaron.

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