Mary Sandoval*
A lo largo de la vida, trabajas para obtener un bien o bienes, y antes de morir, elaboras un
testamento ante notario público y designas a los beneficiarios. En algunas ocasiones, se nombra un
albacea de los bienes. Hay quienes usan el término de testamento para hacerse notar y sentirse dueños de un país, y en el huésped del Palacio, ya tenemos un claro ejemplo de ello.
Hace unos días, Andrés Manuel López Obrador ingresó al Hospital Central Militar, en la CDMX, por “estudios de rutina”, aunque después salió a la luz que le realizaron un cateterismo debido a que sufrió un preinfarto.
Después, sorpresivamente, el mandatario salió del hospital y dijo ya estamos de regreso en Palacio Nacional. Dicen los médicos que podemos seguir trabajando con intensidad…
Tiene que garantizarse la gobernabilidad, tengo un testamento político para eso, afortunadamente no va, creo yo, a necesitarse, y vamos a seguir juntos queriéndonos mucho, porque el amor con amor se paga.
¿De donde viene esa repentina locura del testamento político?
Haciendo historia, esa “grandiosa idea de López” tiene su antecedente con Antonio López de Santa Anna; según el portal La Otra Opinión, en su edición del día 23 de enero del 2022, se menciona que López de Santa Anna dejó claras instrucciones de que su gobierno debía de continuar.
El antecedente más contemporáneo del testamento político es con Hitler, Francisco Franco, Benito Mussolini, Lenin; y de los mas actuales, es Hugo Chávez, el que fuese presidente de Venezuela.
¿Qué tienen en común López de Santa Anna, Hitler, Franco, Mussolini, Lenin, Hugo Chávez y AMLO?
Que sus gobiernos fueron dictatoriales, aunque en México es solo un intento, pero todas pretendían tener un derecho total sobre los ciudadanos. Éste, indudablemente, consecuencias tremendas para el comportamiento de los ciudadanos de unas sociedades tan duramente orquestada y controladas. (La Razón, 10 de abril del 2016, “Las dictaduras dinámicas de Hitler, Stalin y Mussolini”).
Cada uno de estos personajes, en sus testamentos políticos dejaron asentado que su gobierno debe continuar, que se deben seguir imponiendo el control sobre los ciudadanos. Empero, López Obrador no dio más detalles de su “testamento político”; arguye que es para preservar la gobernabilidad del país, pero cuestiono: ¿Acaso hay gobernabilidad en México?
Cuando impera un brutal incremento de la violencia; persiste una aguda crisis en materia de salud pública, así como un galopante cierre de empresas y desempleo; hedionda corrupción desde la cima del Poder Político en México (sólo por citar algunos ejemplos: las bolsas de papel con dinero de Pío López Obrador; los contratos millonarios de la prima Felipa Obrador; ocultar toda información de sus obras faraónicas; las adjudicaciones directas a los amigos y compadres, y un largo etcétera).
Arguyó López que el testamento político “aplica hasta que yo esté en el desempeño de mi función como presidente de la República y dijo que este testamento va a conocerse cuando yo deje de existir.
Está claro que un testamento político no es válido constitucionalmente. En el caso de que López dejara el cargo, por motivos de salud, el artículo 84 de la Constitución dice a la letra:
En caso de la falta absoluta del presidente de la República, en tanto el Congreso nombra al presidente interino o sustituto, lo que deberá ocurrir en un término no mayor a sesenta días, el Secretario de Gobernación asumirá la titularidad del Poder Ejecutivo.
En otro escenario, estaría la renuncia al cargo como Presidente Constitucional (cosa que dudo mucho haga el tabasqueño); y de ello se habla en el artículo 86 constitucional.
*Articulista invitada: Egresada de la licenciatura en pedagogía por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Una de mis pasiones es el periodismo de opinión/La Centinela Política/
