Mario Lettieri y Paolo Raimondi, desde Roma* Como ocurre todos los años, durante la última semana de agosto, la atención del mundo de las finanzas internacionales se concentra en el seminario organizado por el Banco de la Reserva Federal de Kansas City en la ciudad de Jackson Hole, en las montañas de Wyoming.
El tema de este año fue “Revisar las restricciones de la economía y de la política”, un intento de hacer frente a la inflación galopante y a la incipiente recesión. En otras palabras, la estanflación.
Esto es un concepto acuñado a partir de los términos estancamiento e inflación. Se utiliza para designar una situación económica en la que se da una alta inflación y un estancamiento de la economía, con tasas de crecimiento del PIB bajas o negativas.
El discurso del presidente de la Reserva Federal de New York (Fed) Jerome Powell, mostró una falta de admisión de errores pasados. En su lugar, para mantener la inflación bajo control, advirtió que será necesario un prolongado y doloroso esfuerzo de parte de las familias y las empresas.
Él habló de altas tasas de interés por un período más largo, esperando que en algún momento, sea oportuno desacelerar de los aumentos. Por desgracia, como siempre, los efectos de las políticas monetarias de Fed se extenderán a todas partes del mundo, especialmente, hacia los países emergentes y a Europa.
La naturaleza temporal de la inflación
Para entender tanto la grave situación como la limitación de visión y política del banquero central estadounidense, es necesario recordar lo que planteó en las últimas reuniones en Jackson Hole. En 2021 destacaron las declaraciones relativas a la naturaleza temporal de la inflación, que, según él, regresaría por debajo de los fatídicos y mágicos 2%. Un pensamiento-deseo, un deseo de fe.
En 2020, sin embargo, Powell dijo que seguiría comprando activos hasta que se lograrán sustanciales progresos. “Mi opinión –dijo- es que la prueba de nuevos progresos sustanciales ha sido satisfactoria en lo que respecta a la inflación”. Otro error. Hoy el balance de Fed es de 9 billones de dólares, un aumento de cerca de 4.8 billones de dólares desde la pandemia de Covid-19 en 2020. En su reciente discurso, explicó la actual crisis en Estados Unidos, afirmando que la “alta inflación actual es producto de una demanda fuerte y una oferta limitada. Pero, otra vez, la ley simplista y abusada del mercado, de oferta y demanda no encuentra equilibrio. De esta forma, se buscan explicaciones y justificantes objetivas para encubrir las políticas financieras “subjetivas”, es decir, las decisiones y comportamientos equivocados y tolerantes en relación a la especulación y las numerosas burbujas de deuda.
La política de tasa cero de interés y la compra de título mediante la flexibilización cuantitativa promovieron una enorme explosión de deudas públicas y privadas. Estamos en una situación peor a la de 2008, con la inminencia de una crisis financiera con efectos globales. En realidad, ¡todas las herramientas de “gestión de crisis” ya fueron utilizadas!
Powell dijo que aprendió tres lecciones con las crisis económicas de los últimos 50 años
La primera es que “el banco central puede y debe asumir la responsabilidad de alcanzar una inflación baja y estable. Bastante obvio, ni necesitaba mencionarlo. La segunda lección fue respecto al hecho de que “las expectativas del público con relación a la inflación futura pueden desempeñar un papel importante en el monitoreo de la trayectoria de la inflación a lo largo del tiempo”. Cuando faltan programas y políticas, una vez más, recurrimos a la psicología, algo más simple para sustituir a la economía. Powell espera que no haya más “choques grandes” y recuerda la Gran Inflación de 1979, cuando el entonces presidente de “Fed”, Paul Volcker, intervino con altas tasas de interés –solamente olvidó mencionar que, en junio de 1981, la tasa llegó al 20%.
La tercera y última lección sería mantener el rumbo hasta el fin, cueste lo que cueste. Recordemos que, en los 15 años anteriores a la década de 1980, todos los intentos de contener la inflación fracasaron. Más tarde, Volcker impuso una política monetaria muy restrictiva por mucho tiempo.
Una perspectiva un tanto amarga Hay realmente poco optimismo. Obviamente, las tensiones geopolíticas entre EUA, China y Rusia contribuyen para reducir todavía más las esperanzas de una política conjunta hacia los grandes desafíos económicos, financieros y monetarios globales. El único espacio operativo que queda es el G-20, el cual algunos gustarían de desmantelar. Grandes espacios se están abriendo para Europa, si esta quisiera desempeñar el papel simultáneo de pacificadora y reformadora del sistema económico, financiero y monetario entre los países del llamado mundo occidental y los países de otros continentes, a partir de China.
*MSIA Informa

