Bolivar Hernandez*
Por muchos años me he dedicado a estudiar el comportamiento amoroso de los seres humanos, basado en mis observaciones de campo, en los testimonios de mis pacientes en psicoanálisis, y también he abrevado en textos especializados en el tema del amor desde el siglo XVII hasta nuestros días; pasando por los clásicos textos de Freud y Lacan.
No me considero un experto sino que soy solo un aprendiz con ansias de conocer más a profundidad sobre este tema tan controvertido.
Mi propia historia amorosa
Es un referente para proponer una nueva teoría amorosa para el siglo XXI. He sido muy directo para entrar en una relación amorosa, sin tantos rodeos o largos cortejos, y también para salir de una relación amorosa, inconveniente o tóxica.
Hay un par de libros recientes que han marcado mi visión teórico-práctica del amor. Uno de ellos es El arte de amar, de Érich Fromm, psicoanalista alemán y Amor Líquido, del sociólogo polaco Zygmunt Bauman.
A principios del siglo XXI se me ocurrió crear un taller interactivo sobre el tema del amor, y lo titulé Amores Líquidos. Tuvo un éxito inusitado entre un público joven y otros no tan jóvenes. Este taller lo preparé para un periodo de tres meses, reuniéndonos una vez por semana. Pero éste se prologó por espacio de un año, con una numerosa afluencia de personas interesadas en discutir la tesis de Bauman: Que consiste en desentrañar la fragilidad de los vínculos amorosos en la posmodernidad.
Este taller sobre Amores Líquidos lo propuse a la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México, donde yo impartía clases en el departamento de psicología, que estaba afiliado a las corrientes conductistas tan de moda en la Ibero, y mi enfoque era psicoanalítico.
Luego entonces se me ocurrió abrirlo y ofrecerlo a todo público y fuera del campus universitario de Santa Fe, y para ello busqué que fuera en el barrio bohemio de La Condesa, donde yo vivía entonces.
La solución consistió en encontrar un restaurante que fuera abierto a alojar un taller o seminario académico, y que todos ganáramos algún ingreso monetario.
El primer restaurante que aceptó mi propuesta fue un restaurante hindú, propiedad de una amiga muy querida, luego nos trasladamos a una cafetería muy chic, llamada El conejo blanco, en Ámsterdam, y así estuvimos un año discutiendo sobre una nueva teoría amorosa.
Coincidimos todos en que la fragilidad de los vínculos amorosos y de amistad, es el signo de los nuevos tiempos, la posmodernidad.
Se resume todo ello en la frase: ¡Úsese y tírese!
Estamos ante relaciones desechables, como pañuelos Kleenex. Esto incluye, como dato del análisis, la cantidad enorme de divorcios o el rompimiento de las relaciones de pareja bajo el esquema de amor libre.La riqueza de este taller de Amores Líquidos, consistió también en escuchar de viva voz los testimonios personales de los participantes. Oímos cada historia de amor, cargadas de desilusión y con sentimientos de fracaso.
La nueva propuesta amorosa, que no es de mi invención, la denominé: La Toalla, que se resume así: ¡Tú allá, y yo aquí! Cada quien en su propia cama, o en su propia habitación, o en su propia casa, o en su propio país, o en su propio continente. Juntos, pero separados físicamente.
Sin embargo, La Toalla no es muy aceptada en general, debido a que en esta cultura, la tradición o la costumbre indica la obligación de vivir juntos bajo el mismo techo. Aunque es una teoría y práctica amorosa que pude observar en Europa y Sudamérica, a lo largo de la segunda mitad del siglo XX. ¡No es nueva!
La toalla, puede tener dos modalidades:
- Se puede plantear dé inicio, para comenzar una vida juntos, pero cada quien en su casa.
- Se puede plantear una vez viviendo juntos en la misma casa, iniciar ahí el cambio. Esto es muy complicado de realizar. Lo que es frecuente de aceptar es cada quien permanezca en su habitación. Es un acuerdo no exento de conflictos.
En mi experiencia personal, intenté infructuosamente negociar la segunda opción sin éxito, con varias parejas. Todas ellas consideraban mi propuesta un disparate o un despropósito. Hasta la penúltima relación pude lograr mi propósito de no vivir juntos. Es más, cada quien en una ciudad distinta y al final cada quien en un país diferente. Por fin hice realidad mi sueño de tener una Toalla ideal.
En este último caso mencionado, esta aceptación desde el inicio de la relación amorosa, en la cual cada quien en su casa, y Dios en la todos, no era de su completo agrado.
Una anécdota simpática ocurrió durante el taller de Amores Líquidos, en la Condesa
Me gustó mucho una de las participantes del taller, una mujer cincuentona, divorciada con dos niñas jóvenes ya, y decidí cortejarla y ella aceptó el juego seductor. En una de las sesiones finales se me ocurrió pedirle a la señora, públicamente, que nos casáramos. Ella se descontroló ante lo inusual de mi propuesta. Pero dijo que SÍ, ante todos.
Nos casamos y no logré aplicar La Toalla con ella, como yo hubiera deseado. El acuerdo fue vivir bajo un mismo techo, pero cada quien en su propia habitación, un triunfo parcial a todas luces.
Ahora estoy soltero nuevamente, estado civil que no he modificado desde hace dos décadas, por cierto; pero he tenido varías compañeras o camaradas, a lo largo de estos 20 años, por ahora ando solo y feliz.
Prometo solemnemente no casarme otra vez, ¡ya chole, diría mi abuela!
Hasta pronto desobedientes como yo, que quieren un mundo diferente, con relaciones amorosas más firmes y solidarias, eso es posible de lograr, estoy seguro de ello.
*La vaca filósofa

