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La transparencia en agonía: La 4T consumó su asalto a la información pública

Foto: Engin_Akyurt

PERIODISTAS

Cuando el poder controla la verdad, la mentira se convierte en ley, y la opacidad en mandato. Sin transparencia, la democracia no muere: la asesinan.

José Alberto Sánchez Nava (Columnista)

1.- Introducción

Este 9 de mayo de 2025 quedará registrado en la historia contemporánea de México como un día negro para la democracia. Con la consumación formal de la entrega-recepción del Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI) hacia la recién creada Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno, el país presencia la sepultura de uno de los contrapesos más importantes al poder público: el derecho ciudadano a saber qué hacen sus gobernantes.

Bajo el discurso de “eficiencia”, “austeridad” y “combate a la corrupción”, el Gobierno Federal ha desmantelado un órgano autónomo que, pese a sus fallas, funcionaba como garante independiente del derecho a la información y la protección de datos personales. Lo sustituye un ente dependiente del Ejecutivo, sin autonomía, sin mecanismos de rendición de cuentas y claramente diseñado para servir al poder y no para fiscalizarlo.

2.- El control de la información como herramienta de impunidad

Que el Estado retome el control absoluto de la información pública representa un retroceso que no puede medirse solo en términos administrativos o legales. Se trata, en realidad, de un golpe estructural al sistema democrático y de pesos y contrapesos. Con esta maniobra, la llamada Cuarta Transformación consuma uno de sus objetivos más peligrosos: blindarse del escrutinio ciudadano mientras se profundiza la opacidad, la corrupción y la complicidad con intereses criminales.

La Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno —una ironía en sí misma— no solo no tiene independencia, sino que nace ya como un instrumento de simulación. En manos de funcionarios leales al régimen, su labor no será fiscalizar, sino encubrir. Y en un país donde el crimen organizado ha infiltrado instituciones, elecciones, policías y gobiernos estatales, el control de la información es una herramienta vital para ocultar la verdad, desinformar y perpetuar la impunidad.

3.-El impacto social: el ciudadano a ciegas

Las consecuencias de este movimiento son múltiples y devastadoras:

  1. La muerte del derecho a saber: La ciudadanía perderá acceso real a contratos públicos, licitaciones, declaraciones patrimoniales, asignaciones presupuestales y decisiones gubernamentales que afectan su vida cotidiana. Esto desactiva cualquier posibilidad de participación informada, debilitando el tejido cívico.
  2. La persecución selectiva: En lugar de ser una autoridad garante de derechos, esta nueva Secretaría podrá ser utilizada para investigar o “filtrar” información de manera discrecional, premiando a aliados y castigando a opositores.
  3. El blindaje a la corrupción: En un contexto donde el desvío de recursos, las adjudicaciones directas y los moches son práctica cotidiana, quitarle el poder ciudadano de vigilancia al Estado es otorgarle carta blanca para la corrupción sistemática.
  4. Inseguridad institucionalizada: La infiltración del crimen organizado en los distintos niveles de gobierno no es una amenaza, es una realidad. Sin información, los vínculos entre autoridades y grupos criminales permanecerán intocados. Esto debilitará aún más el combate a la violencia y desmantelará la ya frágil estructura de seguridad pública.
  5. Desinformación como política de Estado: En ausencia de fuentes oficiales confiables y auditables, el espacio público será dominado por la propaganda, la mentira institucional y la narrativa impuesta desde Palacio Nacional. La verdad será un lujo, no un derecho.

4.-La normalización del autoritarismo

Más allá de sus implicaciones prácticas, este movimiento representa una peligrosa normalización del autoritarismo. El presidente y su círculo cercano han construido una narrativa donde la autonomía es traición, la crítica es golpismo y la transparencia es un obstáculo para “transformar al país”. Bajo esta lógica, el INAI no podía subsistir. Y cualquier institución que pretenda interpelar al poder, será igualmente desmontada.

Lo que está en juego no es solo la transparencia, sino el alma misma de la democracia mexicana. Si el ciudadano no puede saber, tampoco puede elegir libremente. Si el Estado puede ocultar, también puede reprimir sin consecuencias. Y si los datos públicos se privatizan en favor de un régimen, entonces la corrupción se convierte en ley.

¿Y ahora qué?

El país se encamina hacia un futuro inmediato marcado por tres síntomas: inseguridad rampante, impunidad institucionalizada y desinformación crónica. La desaparición efectiva del INAI augura un endurecimiento del régimen, el crecimiento de redes criminales bajo el manto del poder político y el sometimiento del ciudadano al oscurantismo burocrático.

Hoy, más que nunca, el periodismo, la academia, las organizaciones civiles y la sociedad en su conjunto deben resistir este embate. No por nostalgia del pasado, sino por necesidad de futuro. Porque un México sin transparencia es un México sin esperanza.

Línea del tiempo: El desmantelamiento del INAI y el asalto a la transparencia

2019

2020

2021

2022

2023

2024

2025 – 9 de mayo

Esta cronología ilustra que lo sucedido este 9 de mayo no fue un accidente, sino un proceso largo, meticulosamente planeado para minar la autonomía, desacreditar la función pública del INAI, y concentrar el control de la información en manos del Ejecutivo.

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