Elisabeth Hellenbroich*
Europa fue golpeada en las últimas semanas por un fuerte aumento de los precios de la energía, sobre todo del petróleo, del gas natural y de la electricidad. De los ministros de finanzas de la Unión Europea (UE) partió un aviso urgente que expresaba la preocupación de que el aumento de los precios de energía acarrearía el alza inflacionaria y, por ello, se convertiría en un fardo para el consumidor medio.
Desde la perspectiva de Alemania, como resultado de las elecciones generales del 26 de septiembre, las negociaciones para la formación de una coalición de gobierno están ocurriendo ahora entre los socialdemócratas (SPD), que obtuvieron más votos que la coalición demócrata-cristianos/social-cristianos (CDU-CSU), los verdes y el Partido Liberal (FDP).
El futuro de Alemania y su posible siguiente gobierno partirá de aun acuerdo común para un ambicioso “paquete de disposiciones climáticas”. Esto incluirá enormes aumentos de precios para el consumidor medio del sector de la energía, acompañados de precios inflacionarios en el sector de los alimentos, en la vivienda y en el uso de combustible automotriz. Los principales economistas alemanes declararon al respecto en un estudio reciente que la perspectiva de crecimiento tendrá que reducirse a 2,4 por ciento este año y aconsejaron “apretarse el cinturón”.
Para una familia media eso significa que, anualmente, tan sólo las cuentas de electricidad aumentarán varios centenares de euros. Los precios de la energía de Europa subieron en los últimos meses 250 por ciento. La electricidad negociada en el mercado libre resultó 140 por ciento más cara en Alemania; en España llegó a 425 por ciento de aumento. De acuerdo con el comisario de Comercio de la UE, Valdis Dombrovskis, los motores propulsores de esa tendencia fueron los “altos precios del gas natural”. En las grandes capitales europeas crecen los temores de más tensiones sociales y mayor pobreza en el futuro cercano.
Muchos gobiernos todavía tienen fresco en la memoria el recuerdo de los “chalecos amarillos” de Francia, revuelta desencadenada por el anuncio de mayores impuestos al diésel. Al mismo tiempo se está produciendo un debate para encontrar una “respuesta coordenada y común” a la crisis energética del bloque. Italia quiere gastar 3 mil millones de euros para aliviar la carga que cae sobre las familias, mientras que España redujo temporalmente el Impuesto sobre el Valor Agregado (IVA) de la electricidad y Francia puso un límite a los precios del gas.
Rusia el chivo expiatorio
En los últimos días se ha elevado un coro de protestas contra Rusia, a la que acusan del disparo de los precios del gas natural. Los argumentos (absurdos) fueron rechazados de inmediato por el presidente Vladímir Putin, así como por otros líderes políticos europeos. Putin pidió en su discurso pronunciado en la Semana de la Energía de Moscú la pronta conclusión de la autorización de funcionamiento del ya terminado gasoducto Nord Stream 2 y ofreció su ayuda: “Si ustedes quieren que aumentemos el abastecimiento, estamos preparados para hacerlo. Nosotros lo aumentamos en la medida que nuestros socios así lo pidan”. Putin recalcó que la empresa estatal Gazprom es totalmente confiable en términos de entregas y transporte de gas a Europa. Lo que importa, afirmó, es que las obligaciones del tratado para la transferencia de gas a través del territorio de Ucrania, con su sistema de gasoductos, se están cumpliendo. Recordó que Alemania es el mayor consumidor de gas ruso, del que ha recibido 131,8 por ciento, algo más de lo acordado, en los primeros nueve meses de este año, que en el mismo periodo del año pasado.
Según el periódico Die Zeit, Putin responsabilizó a los europeos de sus propios problemas, al observar que cometieron el error de recurrir al mercado “spot” (libre): “Como resultado, los precios de gas estallaron en los últimos meses; el combustible es escaso y las reservas no están llenas, tanto ahora como el año pasado. La demanda de gas, luego del clímax de la pandemia del coronavirus y la recuperación de la economía mundial, aumentó significativamente. Se hicieron muchas entregas a Asia, donde los distribuidores de gas tenían precios todavía más altos… Se alegaba que Rusia mantendría bajas intencionalmente las entregas de gas para ejercer presión sobre Occidente. Para operar el Nord Stream 2 es necesaria todavía la autorización alemana”. Agregó que una de las razones de los aumentos fue la “cancelación de contratos a largo plazo” por parte de los europeos “en favor de más negocios en la bolsa de mercancías”.
Lo cierto es que, para cualquier persona con sentido común, semejante al ministro-presidente de Sajonia, Michael Kretschmer, Rusia es “parte de la solución del problema energético y no la causa. Necesitamos a Rusia, especialmente en el marco de la competencia mundial en materia de seguridad energética. El Nord Stream 2 y los contratos de abastecimiento a largo plazo nos ayudarán a evitar crisis de energía en el futuro”. Calificó a Rusia de “socio confiable que está en total conformidad con los contratos” y agregó que los “grandes importadores de gas natural alemanes me confirmaron que los contratos de abastecimiento de los abastecedores rusos se están cumpliendo”.
De la misma forma, en un artículo del diario económico alemán Handelsblatt, el excanciller Gerhard Schröder rechazó la idea de ver a Rusia “como una imagen enemiga en una guerra fría del gas”. Como presidente administrativo de la empresa Nord Stream y de la petrolera rusa Rosneft afirmó que, a pesar de los objetivos climáticos trazados para el futuro, es necesario un periodo de transición de por lo menos tres décadas, “en el cual necesitaremos de más recursos de energía fósil, como el gas natural”.
El osado plan 2030 de Macron
En este contexto es sumamente importante adentrarse al discurso pronunciado por el presidente francés, Emmanuel Macron, el 12 de octubre en una conferencia de industriales, investigadores, estudiantes, científicos y funcionarios públicos, para presentar su Plan Francia 2030, el cual engloba una visión ambiciosa y perspicaz del futuro del país, sin dejar de observar las debilidades y deficiencias del sistema y de la industria francesa. Entre la prensa alemana, el discurso fue recibido con escepticismo, en gran medida por que Alemania tomó la decisión suicida de “desvincularse” totalmente de la energía nuclear, en oposición a su vecina Francia, que tiene 58 reactores nucleares y pretende convertirse en el líder en energía de Europa.
Macron destacó las principales tareas que enfrenta el planeta: dificultades climáticas y ambientales que nos obligan a pensar en nuevas formas de producir energía; declinación demográfica, en la que nuestras sociedades se enfrentan al envejecimiento de la población, la reducción del rimo de natalidad y las migraciones; resolver las desigualdades y acelerar las tecnologías digitales, que profundizan las divisiones de la sociedad.
Según él, “las conmociones geopolíticas y antropológicas y las pandemias expusieron nuestras vulnerabilidades, como la dependencia de países extranjeros (un ejemplo, durante la pandemia, fue el problema de las máscaras y de la vacunación). Por ello debemos aprender la lección de que necesitamos reconstruir nuestra independencia productiva y producir en el ámbito europeo lo que necesitemos hoy ya mañana. Debemos tener un modelo educativo y social”. Y otra lección aprendida con la pandemia fue una “extraordinaria aceleración de innovaciones, como las vacunas. Así, la innovación es la solución para vivir una vida mejor, para hacer planes para la nación, para el continente y para el mundo y para encontrar soluciones que sean buenas para la humanidad”.
Macron planteó que, ante las dificultades, “necesitamos tener una estrategia macroeconómica de innovación industrial que permita producir esos resultados. Transformar nuestro sistema de enseñanza, para tener más éxito en la enseñanza superior, en la formación de aprendices y profesionales, y garantizar el empleo y el seguro de desempleo. Francia se convirtió en el país más atractivo de Europa- No sólo ha vuelto a crear empleos en los dos últimos años, sino que también comenzó a reinvertir en investigación y en enseñanza superior, al mismo tiempo que se le dio un nuevo énfasis a la redefinición de soberanía”.
Innovaciones industriales y tecnológicas están comunicadas, recalcó el presidente galo, al afirmar que la “innovación creadora por la destrucción” muestra una salida a lo que se entiende de un contraste entre investigación elemental, investigación incremental e investigación e industrialización masiva. “Nuestro país se va a reindustrializar con la ayuda de start-ups tecnológicas que se llaman ‘deep tech’. No existe la Francia Industrial contra la Francia de las start-ups… debemos reinvertir en una estrategia de crecimiento de la economía francesa por la innovación, la reindustrialización y la política de producción de riquezas”.
Anunció que “la estrategia para 2030 nos llevará a un punto en el que tendremos que invertir 30 mil millones de euros… La llave de todo esto es nuestra independencia y capacidad de retomar el destino de Francia y de Europa en nuestras manos. Lo que caracteriza a los franceses es el mensaje al mando para defender una forma de humanismo que siempre escogimos: la libertad, el esclarecimiento, los derechos humanos. Mostramos resistencia a las locuras del mundo -aun cuando parecían dominantes”.
El presidente prosiguió: “Creemos en el progreso científico y racional. Creemos que debe estar al servicio de la humanidad. Por lo tanto, la meta para Francia 2030 es: producir mejor y vivir mejor, tener una mejor comprensión del mundo, al mismo tiempo que sirve al humanismo francés y europeo… Si nosotros, franceses y europeos, queremos vencer en esa batalla, que es una batalla por la independencia y por una mejor calidad de vida, debemos construir el humanismo del siglo XXI… Debemos producir mejor y emitir menos carbón, respetar más la biodiversidad y hacernos neutros en carbón en 2050. Este es nuestro objetivo. Nuestros objetivos concretos para 2030 señalan hacia una serie de revoluciones en la producción de la industria”.
La “estrategia 2030” de Macron incluye tres puntos clave: 1) el desarrollo de “reactores nucleares pequeños e innovadores, con una mejor gestión de los residuos radioactivos”, sin olvidar el papel único de Francia en el campo nuclear, con 200 mil personas empleadas en el sector; 2) la creación de la tecnología de “hidrógeno verde” por medio de electrólisis, a partir de energías renovables; el plan incluye la construcción de dos grandes fábricas de hidrógeno verde para 2030; la “descarbonización” de la industria francesa con la reducción de 35 por ciento de las emisiones de CO2 en el sector para 2030.
En este último punto, Macron ve una oportunidad para Francia, que asumirá la presidencia de la UE en el primer semestre de 2022, en la aceleración de la descarbonización de las industrias siderúrgicas, cementera y química. Anunció “más 8 mil millones de euros en inversiones para materializar ese objetivo y para financiar una nueva combinación de electricidad e innovación”.
Macron propone además medidas en el sector de transporte (2 millones de autos eléctricos e híbridos en los siguientes dos años), así como un ambicioso programa de inversión en producción alimenticia sustentable, que debe ser acompañada por una revolución agrícola fomentada por la robótica y la ingeniería genética. Su plan incluye también más inversiones en el sector salud. “En el país de (el ministro de Facienda del rey Luis XIV) Jean-Baptiste Colbert, de los manufactureros y de (el escritor André) Malraux, hacen falta inversiones grandes en educación y cultura”, recalcó. Habló también de la necesidad de que los franceses se involucren en “aventuras intelectuales y científicas en el espacio y en expediciones marítimas en el fondo del mar”, puesto que Francia es la segunda potencia naval del mundo y que acaba de crear un nuevo comando espacial en las Fuerzas Armadas”.
*MSIa Informa
