Elisabeth Hellenbroch, desde Wiesbaden*
Los estadistas retratados en el libro Liderato. Seis estudios de estrategia mundial (Leadership, Six Studies in World Stretegy, New York, Penguin Press, 2022), fueron moldeados por catástrofes.
La carrera política de Konrad Adenauer, nacido en 1876 y alcalde de colonia de 1917 a 1933, fue moldeada por el conflicto con Francia por el ascenso de Adolfo Hitler. En 1933 fue depuesto de la alcaldía por los nazis y se refugió en el monasterio benedictino de Maria Laach, donde estudió las encíclicas de los papas León XIII y Pio XI. Fue detenido al retirarse del monasterio.
Luego fue liberado para ser detenido de nuevo en 1944, aunque fue liberado por falta de pruebas de actividades contra los nazis. A partir de 1949 guío a Alemania en el peor momento de su historia, al desistir de la larga campaña que duró más de una década para ganar la hegemonía de Europa, en palabras de Kissinger.
Ancló a Alemania en la Alianza atlántica y reconstruyó el país sobre cimientos morales que reflejaban sus propios principios cristianos (católicos) y sus convicciones democráticas.
Charles de Gaulle, nacido en 1890, pasó los primeros años de la Primera guerra mundial prisionero de guerra en Alemania. En la Segunda guerra mundial comandó un regimiento de tanques y, luego de la caída de Francia, construyó dos veces la estructura política del país. En el exilio en Londres, en 1940, creo la Francia Libre en las trasmisiones de la BBC, con el fin de liberal a Francia de la ocupación nazi. En 1944 comenzó a restaurar a Francia en su suelo, luego del derrumbe del gobierno de Vichy y, nuevamente, en 1958, volvió de su refugio en Champagne para reconstruir el país y evitar una guerra civil. De Gaulle abrió el camino de la transición histórica de Francia, de un imperio dividido a un Estado nacional estable y próspero con una sólida constitución.
La lección que Richard Nixon (nacido en 1913) extrajo de la Segunda guerra mundial
Fue la de que su país tendría que desempeñar un papel de liderato en el nuevo orden mundial de la postguerra. Él fue el único presidente estadounidense forzado a renunciar, pero entre 1969 y 1974 -en el auge de la Guerra fría- abrió el camino para una détente entre las súper potencias fundado en varios acuerdos de desarme (Salt I) con la Unión Soviética y lideró la salida de Estados Unidos de la devastadora Guerra de Vietnam (1955-1975).
Esto colocó a la política exterior de Washington en una acción global constructiva, en palabras de Kissinger, con la construcción de relaciones con China a principios de la década de 1970 (con Kissinger en el destacado papel de Consejero de Seguridad Nacional), que incluyó el acuerdo sobre el “principio de la política de una sola China” con respecto a Taiwán, el inicio de un proceso de paz en Medio Oriente entre Israel y Egipto y el concepto de un orden mundial fincado en el equilibrio.
Dos de esos líderes vivieron la Segunda guerra mundial subordinados al poder colonial británico. Anwar el-Sada, nacido en 1918, cuando Egipto todavía era una colonia británica, pasó dos años en prisión por haberse levantado contra los dominadores. Luego de la muerte del presidente Gamal Abdel Nasser, arribó a la presidencia de un Egipto que se enfrentó al fracaso de la Guerra de los seis días contra Israel, en 1967. Con la ayuda de una inteligente estrategia militar y diplomática Sadat consiguió recuperar el territorio perdido y garantizar la paz con Israel.
Por su parte, Lee Kuan Yew (nacido en 1923) moldeó la creación de un Estado pobre y multiétnico sobre una excolonia británica en el Pacífico, cercada de vecinos hostiles. Bajo su liderato, Singapur se convirtió en una Ciudad-Estado segura, bien administrada y rica, con una identidad nacional común en medio de la diversidad cultural.
Para Kissinger, la primer ministro Margaret Thatcher, nacida en 1925
Renovó el país con reformas económicas y con una política exterior que combinaba coraje e inteligencia. Presionaba fervorosamente por una relación especial con Estados Unidos durante la Guerra fría, la cual resultó evidente durante la Guerra de las Malvinas, en 1982, desencadenada por la invasión de las islas por fuerzas militares argentinas, la guerra recibió fuertes críticas en América Latina y de estrategas europeos.
Al movilizar el apoyo militar y del espionaje de Estados Unidos (entonces gobernado por Ronald Reagan), Thatcher quedó de pie al librar una guerra totalmente anacrónica para mantener su colonia sudamericana. También se opuso rígida y obstinadamente a la reunificación de Alemania luego de la caída del Muro de Berlín, evidencia de su estrecho pensamiento estratégico.

