Arturo Rios
Luego de 20 kilómetros caminando, desde la loma, Loba Negra divisó el caserío. Luces de ocote denotaban la presencia del ser humano; cuando el sol saliera, ella estaría en Norogachic, Chihuahua.
Su paso levantaba el polvo, sus pies descalzos no sentían el filo de las piedras ni el calor de la tierra; la miraban asombrados; hermosa y enigmática; era una incógnita.
El sukúruame, líder, de Norogachic, salió a su encuentro, cruzaron miradas; él con el ceño fruncido, ella con su negra mirada dominante. Él sintió el mando mental y tembló, ella satisfecha, dueña de la situación.
El brujo, puso su brazo en el hombro de Loba Negra, alzó la vista hacía la muchedumbre y gritó:
¡Habrá Tesgüinada! Gritos alegres, tendrían fiesta.
El brujo cautivado por la hermosa mujer; el festejo duró toda la noche; bebió sin descanso. Luego, los dos, se fueron a casa de aquél, abrazados e hicieron el amor.
Loba Negra conocía de la hechicería
Experta en la extracción de gusanos en las heridas; soñaba lo que provocaba, los males. Dispuesta a servir, recibía pinole, maíz, borregos y tesgüino que el brujo consumía y siempre estaba borracho.
Todos le temían, dominaba al pueblo, muchos enfermos murieron al diferir en sus opiniones y nadie la contrariaba.
El brujo dormía, Loba Negra se acercó sigilosa y sus manos, como garfios sobre el cuello del hombre, quien no sintió la muerte.
Extracto de mi libro Sobre las huellas (Continuará).
