Un artículo publicado en el número correspondiente a septiembre-octubre de la revista Foreign Affairs, órgano del poderoso Consejo de Relaciones Exteriores (CFR) de Nueva York, reveló que Rusia y Ucrania habían alcanzado un acuerdo provisional para acabar con la guerra en abril pasado, el cual fue saboteado directamente por la intervención del entonces primer ministro británico, Boris Johnson.
Los negociadores rusos y ucranianos parecían haber acordado provisionalmente los contornos de un acuerdo provisional negociado, escribieron las autoras Fiona Hill y Angela Stent, del influyente Instituto Brookings.
Por los términos del acuerdo:
Rusia se retiraría a sus posiciones del 23 de febrero, pero controlaría parte de la región de Donbás y toda Crimea y, a cambio, Ucrania prometía no buscar su incorporación a la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) y, en su lugar recibiría garantías de seguridad de varios países.
Aunque las autoras lo omiten, el periodista Branko Marcetic, recuerda que la posterior decisión ucraniana de rechazar el acuerdo coincidió con la visita de Boris Johnson a Kiev, en la que pidió al presidente ucraniano, Volodomyr Zelenski, que interrumpiese las negociaciones con Rusia por dos razones principales: no se podía negociar con el presidente ruso, Vladímir Putin y que Occidente no estaba “listo” para el fin de la guerra. Este dato demuestra de forma cabal que quien controla directamente el grupo oligárquico de Zelensky & Cía. es directamente la Foreign Office británica, en estrecha coordinación con Washington, con el resto de la Hegemósfera euroatlántica, siguiéndole detrás ciegamente. El episodio muestra, igualmente, que la estrategia británica para mantener su ilusoria geopolítica euroasiática se centra en la construcción del eje Ucrania-Polonia-estados bálticos como un muro de rusofobia para mantener la separación entre Europa y Rusia, reforzado con el delirio de la fragmentación territorial de Rusia.

