Acaba de presentarse en Alemania un libro de gran relevancia para el público en general interesado en la Historia reciente y en sus desdoblamientos en la actualidad, las memorias de Horst Teltschik, quien fuera consejero de política exterior del canciller Helmut Kohl (1982-1998) sobre la reunificación de Alemania luego de la Guerra fría.
Elisabeth Hellenbroich, desde Wiesbaden (Alemania)*
En sus casi mil páginas, la obra, publicada por la editorial Vandenhoeck & Ruprecht fue editada por el historiador austriaco Michael Gehler, profesor del Instituto Hildesheim de Historia Contemporánea, quien la enriquece con anotaciones acertadas, para ofrecerle al lector una visión fascinante de uno de los periodos más emocionantes de la historia alemana y europea.
El libro expone en detalle la reunificación y las iniciativas en torno a la creación de un nuevo orden de paz en Europa, 44 años después del fin de la Segunda guerra mundial, en las que Teltschnik participó activamente junto con otros asesores de Kohl, como Rudolf Seiters, Wolfgang Schäubel y Hans Dietrich Genscher.
Entre los ejemplos de su trabajo se incluye el boceto para la declaración de diez punto de Kohl al parlamento (Bundestag) del 28 de noviembre de 1989, luego de la caída del Muro de Berlín, ocurrida tres semanas antes; sus esbozos, memorandos y negociaciones extremadamente hábiles y misiones secretas a nombre del canciller, a la Unión Soviética, Hungría, a la mayoría de los estados del Pacto de Varsovia y Estados Unidos, las cuales iniciaron y prepararon el cambio estratégico en Europa en un corto periodo de tiempo.
El libro ofrece una viva visión de las reuniones preparadas por Teltschik con los más importantes estrategas y jefes de gobierno de Europa y de Estados Unidos, en las presidencias de Ronald Reagan y George H. W. Busch, entre ellos, el secretario de Estados James Baker, el consejero de Seguridad Nacional Brent Scowcraft y el asesor diplomático presidencial Robert Blackwill, sin el cual el cambio histórico no hubiese ocurrido.
Fue también Teltschnik quien, a finales de 1988, viajó a Hungría en una misión secreta
Acompañado por el entonces presidente del Deutsche Bank, Alfred Herrhausen, uno de los primeros defensores de una solución para la deuda de América Latina, para negociar un préstamo para el gobierno de Németh, acosado por serios problemas económicos.
En el mismo periodo visitó la mayoría de los estados del Pacto de Varsovia y, finalmente, junto con Kohl, la Unión Soviética, donde el recién electo secretario general Mijaíl Gorbachov se esforzaba para llevar a cabo las grandes reformas de la Perestroika. En esa época, todos esos países luchaban con una grave crisis económica y buscaban la forma de superar el estrangulamiento financiero.
La trayectoria política de Teltschik siguió a la de Helmut Kohl desde la década de 1970, cuando el entonces primer ministro de Estado de la Renania-Palatinado lo incorporo a su círculo de asesores; mantuvo relaciones con Gorbachov hasta que este murió, en 2022, y también tuvo importantes conversaciones con el presidente Vladímir Putin, a quien invitó para su célebre discurso en la MSC de 2007, donde alertó sobre los peligros de un futuro caracterizado por la acción unipolar de Estados Unidos.
Evaluaciones de Teltschik
El editor, Michal Gehler, observa en la introducción del libro que Teltschik tendía a ponerse en segundo plano en las fotos oficiales, nada movido por el ego, como Genscher y otros contemporáneos: “Con su diplomacia silenciosa, no era un enviado oficial, sino un mediador habilidoso.”
En su libro de memorias, Kohl describe a Teltschik como el más importante consejero de política exterior y uno de mis colegas más próximos. (…) La política exterior y de seguridad, así como la política europea y alemana, eran la pasión de Teltschik. En 1989-90 en particular, el lidió directamente con una serie de misiones sensibles e importantes en mi nombre, con sentido de la responsabilidad y con habilidades de negociación.
El conocido historiador británico Timothy Garton Ash dice sobre él: “Equipado con un conocimiento detallado y con una mayor sofisticación analítica que Kohl, Teltschik entendió y aceptó el sistema general de la Ostpolitik (Política para el Este) que ellos heredaron de (Willy) Brandt y (Helmut) Schmidt, y quería desarrollarlo todavía más: el triángulo central (Bonn-Moscú-Berlín) dentro del triángulo mayor (EU-Alemania-Unión Soviética), la prioridad de las relaciones con Moscú y el imperativo de la sincronización… él sabía que la llave para la unidad alemana estaba allá, pero que también necesitaba del apoyo de Washington para quebrar el status quo de la división de Alemania y de Europa.”
La habilidad especial de Teltschik, a quien (el exsecretario de Estado Henry) Kissinger también tenía en alta estima, era su conocimiento de la naturaleza humana, la percepción rápida y la determinación en definir nuevas prioridades para la acción estratégica.
Marcos importantes en el camino de la reunificación
Desde mediados de la década de 1980, Kohl y Teltschik hicieron varios viajes a la Unión Soviética que condujeron a la visita de Gorbachov a Bonn y a la declaración conjunta germano-soviética de junio de 1989, que, de acuerdo con Teltschik, “abrió un nuevo capítulo en las relaciones Bonn y Moscú.”
Gehler observa que, por sugerencia de Teltschik, varios generales soviéticos pasaron algunos días en la República Federal de Alemania, donde pudieron visitar instalaciones militares con el fin de promover la cooperación y construir confianza. De acuerdo con Timothy Garton Ash, Teltschik fue el arquitecto de la Declaración de Bonn, “la que podría verse como una directriz para el curso de la política europea en las décadas siguientes” y con la cual la República Federal había colocado su posición política con relación a Estados Unidos y a la URSS.
Luego de la caída del Muro de Berlín, el periodista soviético Nicolai Portugalov, un emisario del exembajador soviético en Bonn, se comunicó con Teltschik con propuestas que delineaban algunas ideas para una futura arquitectura de seguridad de Alemania y de Europa. Términos como “confederación” electrizaron a Teltschik por completo al leer las notas de Portugalov. De inmediato informó a Kohl para instarlo a actuar sin pérdida de tiempo. El resultado fue la elaboración del famoso programa de diez puntos presentado por el canciller en un discurso en el Parlamento el 28 de noviembre de 1989.
Teltschik observa en su diario que las reacciones, en Europa y en la URSS, fueron defensivas y parcialmente hostiles, en especial en Londres y en París. Entre los puntos clave de la propuesta estaban: la idea de ayuda económica, una vez que el liderato de Alemania Oriental aceptase el cambio constitucional y una nueva ley electoral; la creación de estructuras “confederales”; Alemania siendo parte de la arquitectura de seguridad de Europa en su conjunto; la Comunidad Europea como base para la unificación paneuropea; nuevas negociaciones en la Conferencia Sobre Seguridad y Cooperación de Europa (CSCE); desarme y control de armas; y la creación de una “Alemania libre y unida en una Europa libre y unida.”
Hasta el día de la reunificación alemana, el 3 de octubre de 1990, (luego de la cual Teltschik renunció a su cargo gubernamental), una combinación de reuniones cumbre tuvo que ser administrada de forma paralela con los rápidos cambios que estaban sucediendo dentro de Alemania Oriental. Entre ellas: la Reunión Cumbre Europea de Dublín, realizada en junio, que hizo estallar la idea de una arquitectura obligatoria de la UE; la reunión cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) de Londres, en Julio; la Reunión Cumbre Económica Mundial de Houston, también en julio. Todo esto precedido por una reunión cumbre informal de dos días con Kohl y Teltschik, en febrero de 1990.
Fue de verdad un arduo camino de negociaciones conducidas en un corto periodo, para calmar las preocupaciones de varios jefes de Estado europeos y obtener la luz verde, tanto de Estados Unidos como de la Unión Soviética.
El milagro de Moscú -una visita de Gorbachov al Cáucaso
Un gran avance ocurrió en las reuniones del 14 al 16 de julio de 1990 entre Gorbachov y Kohl, cuya delegación incluyó a Waigel, Genscher y Teltschik. Los encuentros tuvieron lugar en una atmósfera de confianza mutua en el marco del bello paisaje del Cáucaso. Teltschik ofrece notas detalladas sobre la entrevista colectiva de los dos líderes el 16 de julio, ocasión en la que se presentó el acuerdo de ocho puntos firmado entre ellos, de los cuales merecen destacarse:
1) La unificación incluye a la República Federal, a la RDA y a Berlín; 2) luego de que se concluya la unificación, los derechos y responsabilidades de las cuatro potencias serán sustituidos por completo. Alemania unificada recobraría su soberanía total; 3) las estructuras de la OTAN no se extenderán al territorio de la antigua RDA, mientras las tropas soviéticas estuviesen estacionadas todavía allí… unidades no integradas del Ejército Federal podrán estacionarse en el territorio de la actual RDA y en Berlín, inmediatamente después de la unificación; 4) durante la presencia de tropas soviéticas en territorio de las antigua RDA, las tropas de las tres potencias occidentales deberán permanecer en Berlín; 5) en las negociaciones en marcha en Viena, el gobierno federal asumirá el compromiso de reducir las Fuerzas Armadas de la Alemania unida a una fuerza de 370 000 hombre dentro de 3 ó 4 años. La reducción deberá comenzar cuando el primer Acuerdo de Viena entre en vigor; 6) Alemania unida renunciará a la producción, posesión y descartar las armas de destrucción masiva y permanecerá como miembro del Tratado de no Proliferación Nuclear.
Bush en 1989: “Respétense los intereses legítimos de seguridad de la URSS”
En una larga entrevista de Teltschik a Gehler, en 2023, incluida en el final del libro, el primero muestra su aguda percepción del pensamiento de la Unión Soviética y de Rusia, donde resalta la importancia de tomar en serio los intereses de seguridad rusos, “como denota el dilema dramático que estamos enfrentando en la guerra de Ucrania.” Dijo:
“Para Rusia, la cuestión de la seguridad siempre fue la cuestión clave, justificada o no. La gran ayuda que el presidente (George H.W.) Bush nos dio sin ser solicitada fue su discurso en Mainz, el 19 de mayo de 1989. Este importante discurso no fue notado como tal en Alemania ni en Europa. Dijo que Estados Unidos respetaría los intereses legítimos de seguridad de la Unión Soviética. Esta declaración llegó en un momento en que nadie sentía que tal aspecto debía ser resaltado. Pero haber dicho eso dejaba claro que EUA no se veía como enemigo de la URSS; en mi opinión, esto fue crucial para el proceso general, de que los asuntos de Europa estaban inequívocamente vinculados a la seguridad soviética. Más tarde, nosotros mismo atestiguamos que el avance de las negociaciones con Moscú estaba unido al hecho de que estábamos preparados para ofrecer a la URSS un tratado entre Alemania unida y la Unión Soviética, incluyendo compromisos claros de política de seguridad. Recuerdo todavía cómo el embajador soviético (Julii Kvizinskii) y el ministro de Relaciones Exteriores (Eduard) Shevardnadze reaccionaron con entusiasmo a esta propuesta.”
En otro momento, Teltschik destacó la importancia primordial de las negociaciones del Cáucaso: “Las negociaciones del Cáucaso fueron el punto alto de las relaciones con la Unión Soviética. (…) Además de eso, conseguimos las negociaciones de desarme y control de armas de mayor alcance en los años de 1989 a 1991”.
Muchas esperanzas se depositaron en la Carta de París sobre la creación de un nuevo orden pacífico en Europa, firmada el 21 de noviembre de 1990 en la capital francesa por representantes de 32 estados; un documento fundamental para la superación de la división de Europa, basado en el énfasis en los derechos inalienables del hombre, en el aumento de la cooperación económica, en la construcción de confianza y en las iniciativas de desarme.
En la entrevista Teltschik respondió por que la Carta de París nunca fue ratificada: “La propuesta (de ratificación) existía. Un año después que Putin compareciera en la Conferencia de Seguridad de Múnich de 2007 por invitación mía, (Dmitri) Medvedev vino oficialmente a Berlín en 2008. Entonces, dio un discurso destacado en el Hotel Adlon de Berlín y propuso que la Carta de París fuese incorporada a un tratado. Esto habría proporcionado exactamente lo que usted (Gehler -EH) está diciendo. La respuesta en todo Occidente fue cero. Nadie respondió a eso.”
De la misma forma, nadie reaccionó cuando, en respuesta a la guerra de Ucrania, Teltschik, al lado del general Harald Kujat, del historiador Peter Brandt, del exdiplomático Michael von der Schulenburg y del científico político Hajo Funke, divulgaron un llamado para una solución negociada de la guerra. Teltschik comentó en la entrevista que conocía bien a Kujat y que “mucho se habría alcanzado si las propuestas se hubiesen analizado ente los responsables del gobierno federal. Como era de esperarse, no se recibió ninguna respuesta… eso no me sorprendió.”
