abril 01, 2026

Los Amores Perros en el Parque México de la Condesa, en CDMX

Los Amores Perros en el Parque México de la Condesa, en CDMX

 

Bolivar Hernandez*

Viví muchos años en el barrio bohemio de La Condesa, en la Ciudad de México, y vi los cambios después del terremoto del año 85; muchos viejos vecinos se fueron a otros barrios más seguros; y llegaron nuevos habitantes, más jóvenes, más ricos y con otras costumbre.

 

Una costumbre nueva fue el aumento explosivo de la cantidad de perros por cada departamento, uno, dos, tres y hasta cuatro canes por vivienda. Como en Paris por el amor a los perros, pero con menos educación de parte de sus dueños. Muchos los traen sin correa, y dejan que defequen en cualquier sitio del Parque México, y no levantan sus heces.

 

El barrio se llenó de estéticas caninas

Clínicas veterinarias, tiendas especializadas en mascotas, escuelas caninas en el Parque México y, obviamente, una nueva profesión: jóvenes paseadores de mascotas.

 

Inclusive en el Parque México se destinó una buena porción del mismo, para el uso exclusivo de los perros, es un terreno cercado en el cual los propietarios de los caninos los sueltan ahí libremente.

Los que éramos corredores matutinos en el Parque México, íbamos saltando  para no pisar cacas de perros.

 

Se formaron muchos grupos de vecinos con perros para salir por la noche o madrugada a pasear a todos sus perros, inclusive venían personas de barrios lejanos a unirse a estos grupos y pasear todos juntos.

 

Existen varios restaurantes con Terrazas al aire libre que permiten el ingreso de perros, son friendly, dicen en vistosos anuncios.

 

Yo fui un cliente asiduo del Café Toscano de Michoacán y Parque México, tuve la mesa número 7 en forma exclusiva, y ahí nos reuníamos todas las mañanas un grupo de amigos, algunos llegaban con sus mascotas.

 

LUCY Y SUS CANES

Entre mi grupo de amigos cercanos del café, se encontraba Lucia, Lucy, quien se presentaba acompañada de sus perros bravos; un Pitbull,  y otro un Rotweiler. Infundían miedo a todos. Pero Lucy era feliz con sus mascotas.

Decía Lucy a mis amigos: Hay tres cosas lindas que hago con mis perros. Uno, duermen conmigo en mi cama. Dos, los beso en la boca al levantarme. Y Tres, platico mucho con ellos.

 

Lucy era una chica de unos 35 años, diseñadora gráfica, con éxito profesional, y proveniente de una familia acomodada del barrio.

Era poco femenina en su arreglo, usaba pantalones holgados, camisas de franela a cuadros y botines. Su cabello al estilo de Amelie, negro lacio, fleco largo.

 

Lucy llegaba antes que mis amigos habituales y conversábamos mucho sobre su vida, aunque yo era el psicoanalista del barrio, nunca me pidió terapia. Era soltera y decía no tener suerte con los chicos.

 

Yo le sugerí que el tener mascotas, era la manera peculiar de establecer relaciones con otros dueños de perros, y que ése era un seguro de tener amigos con intereses comunes. Ella podía conversar sobre sus perros horas enteras, y a mi me fastidiaba mucho ese tipo de pláticas.

 

UN TERRITORIO GAY

Lucy dejó de frecuentar mi mesa en el Toscano, yo la veía pasar con sus perros rumbo al Parque México muy bien acompañada de chicos con sus respectivos animales. A lo lejos me saludaba alzando su brazo izquierdo, y esbozaba una gran sonrisa. Mi consejo dio resultado, ya tenía amigos hombres y quizá pretendientes también.

 

Un día pasó por mi mesa y se detuvo con sus feroces perros y me dijo:

Boli, los chicos son demasiado delicados y se asustan con mis fieras. Qué hago?  La Condesa se considera que es un territorio gay, chicos y chicas, expresan sus afectos públicamente, es natural eso en el barrio.

 

Le comenté a Lucy que si sus mascotas infundían miedo, que buscara otra clase de caninos; por ejemplo: unos Chihuahuas, Pekineses o unos Boston Terrier. Animalitos más falderos, más tiernos, pues.

 

Lucy hizo  caso a mi recomendación

Se hizo de un par de chihuahuas, a los que sacaba feliz y contenta a pasear al Parque México, pero ya los chicos dejaron de buscar su compañía y paseos.

Y para Lucy se abrió una ventana de oportunidades amorosas, ya que conoció a una jovencita muy linda con la que se entendían de maravilla.

 

Al paso de los meses, Lucy llegó a mi mesa al café Toscano, con Lily, su pareja, y por supuesto con cuatro perritos falderos. Venía a dar las gracias por mis recomendaciones que le cambiaron la vida.

Ya vivían juntas en el lindo departamento de Lucy, y tenían planes de casarse en la Ciudad de México, en donde ya es legal el matrimonio entre personas del mismo sexo.

 

Son casos de la vida real, como diría la señora Silvia Pinal. Los Amores perros no son necesariamente difíciles, violentos o rudos, como es el de la pareja de Lucy y Lily, tierno y amoroso. Fin de la historia. ¡Guau!

*La Vaca Filósofa

Foto:  PicsbyFran en Pixabay 

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