Bolivar Hernandez*
Cuando era un joven universitario, en México circulaba un chiste entre nosotros, los futuros antropólogos, que decía más o menos así: “El gran negocio es comprar argentinos en lo que valen y venderlos en lo que ellos creen que valen”.
El gran negocio de la vida, negocio lícito por supuesto, es poner un gym y vender las membresías carísimas y aparte con mensualidades anuales, que se van descontando mes a mes de la tarjeta de crédito. Negocio más redondo que éste, no hay otro.
¿En qué consiste este milagro económico para los propietarios de los gimnasios?
Estos prósperos dueños de los gyms, sin haber estudiado psicología, saben perfectamente que la culpa de los clientes, es el motor principal del negocio.
En enero aumentan las inscripciones a los gimnasios, sobre todo de personas gordas u obesas. Gente dispuesta a cambiar su imagen corporal, pero no así su salud nutricional, siguen comiendo mal, pésimo.
Y confían que la caminadora, la elíptica, la escaladora, y la banda vibratoria sobre la cintura, les va a proporcionar una bella figura, esbelta, con las carnes firmes.
El baño de vapor, él sauna o el turco, los hará sudar demasiado y lo único que perderán serán puros líquidos, no la grasa.
El furor de los individuos que se inscriben en enero, dura exactamente dos meses y ya, ¡Fuera!
Deportistas nylon
Este es el negocio de los gimnasios, el ausentismo temprano de los deportistas nylon, es decir aquellos que no tienen ninguna disciplina o hábito de hacer ejercicios. La gran inversión de los dueños de los gimnasios no son los aparatos y los baños, sino los grandes espejos que cubren todos los muros de piso a techo. Aparte, de dar una imagen de gran amplitud al local, es el artilugio más usado por los clientes.
La estrategia comercial de los dueños de los gyms es atraer a personajes de la farándula, del mundo del cine y la televisión , y cobrarles la mitad de las cuotas carísimas. ¡Es pura mercadotecnia!
Los gimnasios manejan otros negocios vinculados, como pueden ser la venta de ropa y calzado deportivo y los suplementos nutricionales, todo dentro del mismo local. Sin olvidar la cafetería o la juguería, para después de las sesiones de acondicionamiento físico.
Piezas claves en el negocio de los gimnasios, es la actuación de los entrenadores, que pueden ser personales, si el cliente los contrata.
Si esos entrenadores no son perversos, orientan a cada quien según sus capacidades, de lo contrario con saña o con un ánimo sádico, exigen demasiado esfuerzo al cliente y lo tratan sin piedad alguna, hasta tronarlos o lesionarlos con esguinces o contracturas musculares.
Durante 60 años
He asistido intermitentemente a los gimnasios, por mi gusto de los baños saunas o vapores. Y he observado minuciosamente el funcionamiento del negocio y el comportamiento de los clientes de esos establecimientos.
Pronto desistí de lograr un cuerpo musculoso, era una misión imposible. Y nunca caí en las trampas de los entrenadores o de los anabólicos para obtener mayor masa muscular.
Acepté ser flaco y sano, por mi alimentación y ejercicio en la bicicleta, y no por ir al gimnasio.
Para los enemigos del ejercicio físico, pero que desean intervenir sus cuerpos y alcanzar la perfección sin esfuerzos, existe la cirugía estética, cirugía plástica. ¡Y san se acabó!
Esa opción no es cara, sino carísima y tiene riesgos muy peligrosos para la salud física y mental. Imagínense ustedes el acto de verse al espejo, después de una cirugía estética de rostro, y no reconocerse.
¡Hasta pronto, émulos de Adonis!, sigan con una vida sana y plena… si pueden.
*La vaca filósofa.
