Ícono del sitio DiarioNoticiasWeb.Org

Los hijos deben volar pronto del nido: Don Juan, abandonado por sus hijos hace más de 20 años

Foto: Pixabay

agro

 

Bolivar Hernandez*

En esta oportunidad no voy a referirme al afamado libro titulado Las enseñanzas de don Juan, del antropólogo Carlos Castaneda, sin eñe, escrito como tesis de maestría para la UDLA, la Universidad de Los Ángeles, California.
Este libro que fue un éxito editorial en todas partes, en el cual se relatan las enseñanzas esotéricas de don Juan, un indio yaqui de Sonora, que manejaba varias plantas psicotrópicas, alucinógenas, entre ellas el peyote.
En los inicios de los años 70
Invitamos al colega antropólogo Carlos Castaneda para un ciclo de conferencias en la Escuela de Antropología de la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México, y fue un rotundo éxito para los organizadores de tal acontecimiento.
Castaneda fue un hombre misterioso hasta el final de sus días. Por su acento al hablar suponíamos que su origen era brasileño, nunca supimos su procedencia.
Era un hombre de talla grande, corpulento, abundante cabellera negra, usaba gafas. Hermético, introvertido y callado.
Me pidió que no lo fotografiaran ni tampoco grabaran sus conferencias. Conversé muy poco con él durante su corta estancia en la Ciudad de México.
Volvió a Los Ángeles enseñó unos años en la UDLA, luego se jubiló y se encerró a piedra y lodo en su casa, hasta el día de su muerte.
El escándalo mayúsculo con su afamado libro ocurrió cuando se dijo que todo eso era inventado, una ficción, una novela. El autor nunca respondió a las sospechas sobre su obra antropológica.
El don Juan de mi historia es un hombre real, de carne y hueso
Lo conocí a mediados de los años 70 mientras realizaba una investigación antropológica en el Soconusco, la costa chiapaneca.
Don Juan es oriundo de una comunidad llamada  Cacahoatan, Chiapas y, como su nombre lo indica, se dedican al cultivo del cacao. Es un ejido pequeño pero próspero. Los campesinos en esa época tuvieron un auge en el precio internacional del cacao y obtuvieron grandes ganancias.
En los estudios antropológicos se acostumbre tener una serie de informantes sobre la cultura y las prácticas sociales de esas comunidades, son ellos los que aportan su visión de la comunidad al investigador.
La anécdota más comentada al respecto, es la de colegas antropólogas que se enamoran y luego se casan con sus informantes, y los extraen de sus comunidades y los llevan a vivir a centros urbanos cosmopolitas como la Ciudad de México o Nueva York, y generan en sus parejas un síndrome especial de desarraigo y shock cultural, pero esa es otra historia.
Don Juan tuvo dos hijos, una mujer y un hombre, y les dio estudios universitarios. Esos chicos abandonaron Cacahoatan muy niños, y fueron a estudiar al centro regional más importante del Soconusco, la ciudad de Tapachula, Chiapas.
Recién egresados de sus carreras universitarias
Cursadas en la Ciudad de Tuxtla Gutiérrez, decidieron emigrar a los Estados Unidos, cuando eso era factible hacerlo. Y se fueron a Los Ángeles, California y nunca volvieron a México. Y tampoco se comunicaron con su padre, don Juan. Se perdió la comunicación absolutamente entre ellos, y sus padres sufrieron demasiado por eso.
La última vez que hablé con don Juan, habían pasado ya 20 años de que los hijos emigraron y se olvidaron de él por completo.
Don Juan continúa trabajando su parcela con cacaotales, y nunca salió de ahí salvo para visitar familiares dentro del mismo estado de Chiapas.
El testimonio de don Juan:
  • Los hijos son prestados
  • Uno debe darle todas las oportunidades de ser mejores personas
  • Los hijos deben volar pronto del nido
  • Si uno les resuelve todo, ellos se convierten en discapacitados
  • Mi parcela no les interesa a ellos conservarla, mejor la vendo a mis parientes del ejido
  • Nunca me aportaron un solo centavo, tampoco se los pedí
  • Soy analfabeta, solo sé firmar con mi nombre y con mi huella digital
  • Jamás recibí una carta de ellos
  • Pienso y sueño con mis hijos
  • Ya deben tener sus familias propias por allá
  • Si soy abuelo, solo lo puedo sospechar porque no tengo pruebas de ello
  • Los quiero y me gustaría volver a verlos y abrazarlos, pero eso es solo un sueño para mi, imposible de verlo realizado
  • Cuando se fueron a los Estados Unidos , antes vinieron al pueblo para despedirse Lloramos todos como si supiéramos que sería esta la última vez que estaríamos juntos
  • A veces pienso en ellos, y muchas otras ni me acuerdo
  • Nos desprendimos, y cada quien agarró su propio camino, armados solo con sus valores familiares muy arraigados
  • Su madre murió hace años y ellos no se enteraron de tal noticia
  • Veo mi final muy cerca, pero estoy tranquilo con mi conciencia y mi obrar
  • Los hijos, lo repito, son prestados, no son nuestros
  • Entre el amanecer y el atardecer de mi vida, solo trabajo y más trabajo. Nunca tuve vacaciones o descanso lejos de mi pueblo
  • En mi rancho donde vivo, mi casa, ahí tengo los retratos de mi mujer y de mis hijos cuando eran unos niños
  • Vivo el presente solamente, el pasado ya pasó y el futuro quien sabe
Fotos: TRAPHITHO/bear2alex 
Salir de la versión móvil