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Los límites de la política de tasas cero de interés están a la vista

Foto: Pixabay

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En todas partes, se han subestimado los efectos de la política de tasas de interés cero y negativas. Los rendimientos negativos de los títulos fueron consecuencia directa de las acciones de los bancos centrales para apoyar los mercados financieros durante y después de la Gran Crisis Financiera de 2008.

Las tasas de interés se redujeron y se lanzaron programas de estímulos, orientados particularmente hacia la compra de títulos, con importantes repercusiones en los mercados de títulos de renta fija. Muchas veces, parte de la deuda corporativa, hasta aquella clasificada como “junk” (basura), fue intercambiada con rendimientos negativos, a pesar de los riesgos mayores de incumplimientos.

De hecho, esta política volvió muy conveniente la contratación de nuevas deudas, inclusive, mediante el llamado apalancamiento financiero, el cual usa los activos a adquirirse como garantía para la obtención de créditos. E, igualmente, provocó un gran apetito por los riesgos, cada vez menos calculados con la debida prudencia.

Una consecuencia de esto fue la inundación de los mercados con títulos principalmente públicos y corporativos, con tasas negativas de interés. En otras palabras, quien los compró y todavía los compra sabe que no podrá ganar nada. En efecto, al final del año, se verá con un capital inferior al invertido.

La Gran Crisis Financiera parecía estar bajo control, pero…

La turbulencia de los mercados después del surgimiento de la pandemia, llevó a los bancos centrales a reiniciar sus programas de compra de activos y el mercado de títulos con rendimiento negativo está al alza desde abril de 2020.

No es fácil dar un número preciso, pero, hacia finales de septiembre de 2021, el estimado de títulos con intereses negativos era de cerca de 15 billones de dólares, más de una quinta parte de toda la deuda de gobiernos y empresas en todo el mundo. En 2019, un informe del Fondo Monetario Internacional (FMI) había cuantificado ese valor en cerca de 16 billones de dólares.

De acuerdo al Bloomberg Barclays Index. La política reciente de apertura de la Reserva Federal estadounidense habría ayudado a reducir el stock total de deudas con rendimiento negativo hasta 10.7 billones, una marcada caída en relación al pico de 18 billones de dólares alcanzado en diciembre de 2020.

Los economistas siempre tendrán bastantes divergencias en torno a esta cuestión. Larry Summers, exsecretario del Tesoro de los EUA, llama a las tasas negativas “economía de hoyo negro”, mientras Kenneth Rogoff de la Universidad de Harvard, recomendó a los bancos centrales que la convirtieran en su política principal. A la mitad estaba el ex-presidente de “Fed”, Ben Bernanke, quien tachaba de exagerada el ansia por tasas de interés negativas.

Varios gobiernos emitieron títulos con tasas negativas:

Japón, Suiza, Gran Bretaña y la mayoría de los países de la Unión Europea, comenzando por Alemania y Francia. Esta política involucró a Italia y hasta a Grecia, quien había enfrentado muchas crisis de deuda desde 2009, además de Polonia, República Checa, Bulgaria y Rumania.

Los EUA no adoptaron los intereses cero, pero algunos títulos del Tesoro se negociaron con tasas negativas. Por otro lado, innumerables títulos corporativos estadounidenses se emitieron con tasas negativas.

Los fondos de pensiones y las aseguradoras son obligados a adquirir obligaciones, inclusive con rendimientos negativos, para efectos de gestión de riesgo o para cobertura de responsabilidades de largo plazo. Esta es una situación que no puede durar mucho tiempo. El riesgo es una suspensión de los negocios y quiebras. Los rescates con dinero público pueden ser necesarios.

Para esos fondos, los aumentos en los precios de las materias primas, comenzando por las energéticas, y las especulaciones relacionadas, han sido como el “maná del cielo”. Puede decirse que ellas brindaron con la llegada de la inflación y el consecuente aumento de los rendimientos de los títulos.

Los títulos de bajo rendimiento afectan también a los mercados de acciones y llevan a un aumento de precios, que en general, puede llevar a una alternancia de booms y colapsos frecuentes, con una inevitable inestabilidad financiera.

En 2013, la previsión de “Fed” de reducir la “flexibilización cuantitativa” (inyecciones de liquidez) hizo que los rendimientos de los títulos del Tesoro subieran y los valores de las acciones cayeran. ¿Lo que acontecerá con las próximas decisiones de “Fed” para reducir las compras de activos?

Los intereses bajísimos han incentivado a algunas empresas a recomprar sus acciones con el dinero recaudado con la contratación de nuevas deudas. Al reducir el número de acciones en circulación, el valor de las acciones en el mercado aumenta también y, con él, también las opciones de acciones y bonos para los altos ejecutivos.

Los rendimientos negativos alimentaron también el carry trade en los mercados de cambio, cuando los inversionistas de un país con rendimiento negativos son tentados a comprar títulos vendidos por un país con rendimientos más altos, aunque también más inestables. Sin embargo, esto los expone a posibles fluctuaciones cambiarias.

Después de que fue dicho, la entrada en juego de la inflación puede tener efectos inesperados y disruptivos en los títulos de renta fija, públicos y privados, y en los mercados financieros. Esto no tardará mucho en descubrirse. Lo peor sería enfrentar esta nueva fase desestabilizadora sin ideas alternativas y sin programas correctivos.

*MSIa Infoma

Fotos: Pixabay/3844328
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