Bolivar Hernandez*
Esta historia se desarrolla en la bella y colonial ciudad de Guanajuato, México, allá por los años 80.
En esa ciudad existía un grupo de jóvenes músicos que integraban un conjunto de música medieval llamado Los tiempos pasados que, invariablemente, participaban en los Festivales Internacionales Cervantinos de octubre.
El grupo era conocido popularmente entre los vecinos como Los tiempos remotos, porque la mayoría de ellos eran consumidores habituales de mariguana; y en México, a los mariguanos, les dicen: motos.
Estos jóvenes músicos excelsos, famosos, y desmadrosos, les encantaba la fiesta permanente. La pachanga era siempre con mucho alcohol y yerba. Aunque eran muy jóvenes, algunos estaban ya casados.
Las esposas de estos jóvenes músicos, ejercían un control sobre las actividades de sus parejas. Sabían siempre dónde andaban , en casa de quienes eran las reuniones. Las cónyuges, jóvenes también, a veces participaban de las fiestas junto a sus maridos.
En los pueblos chicos como era Guanajuato en esa época
La gente tenía ojos y oídos, y vigilaban las conductas morales de todos. Estaban al tanto de todo, que reconocían los vehículos y las matrículas de los autos del pueblo.
El grupo Los tiempos pasados, tenía sólo cinco miembros: Hugo, Paco, Luis, Jorge y Miguel. Estos últimos eran los fundadores y directores musicales, quienes se afanaban por conseguir partituras de música medieval donde fuera.
Jorge y Miguel andaban juntos para arriba y para abajo por razones profesionales.
Los jóvenes del grupo musical que estaban casados, les plantearon a sus respectivas esposas que necesitan un día para salir de fiesta solos y poder no llegar a dormir a casa ese noche. Las cónyuges aceptaron el acuerdo y dispusieron que fueran los miércoles, media semana, el ombligo, cuando sus maridos pudieran desatramparse a su entero gusto y placer.
Ellas, confiadas porque intuían dónde se reunirían a beber alcohol y fumar mariguana, sin necesidad de que ellos lo dijeran.
Así transcurrieron algunos años, y el grupo musical se consolidaba más en el Festival Internacional Cervantino, pero sus matrimonios naufragaban, irremediablemente.
Las parejas estaban aburridas de todo
Las esposas sabían que en las reuniones de los miércoles no había mujeres presentes, sólo era un asunto de hombres. Hombres bebiendo alcohol y fumando porros de yerba. ¡Qué tranquilidad más grande para ellas!
La historia termina con varios divorcios esperados, nada novedosos, predecibles. Lo único sorprendente, e inquietante, fue saber la noticia de la nueva pareja surgida en el grupo.
Resulta que los directores del grupo musical, Jorge y Miguel, ya tenían una larga relación amorosa entre ellos. Y anunciaban a los cuatro vientos que vivirían juntos.
Yolanda y Amparo, las ex esposas, no daban crédito a semejante noticia; se infartaron, metafóricamente, y decidieron huir del pueblo e irse a vivir a León, Guanajuato, una ciudad más grande. Se les caía la cara de la vergüenza cuando salían al mercado o a dejar a los niños a la escuela, todos las veían con sorna y murmuraban a sus espaldas.
¡Pueblo chico, infierno grande!
*La vaca filósofa.
