Microindustria y democracia: En recuerdo de Cuauhtémoc Cárdenas y con gratitud a Enrique Bautista Villegas.
Bernardo Méndez Lugo*
A finales de 1985, Enrique Bautista Villegas, compañero de Sussex, me invitó a Morelia. Quería que evaluara el Programa de Fomento Industrial y Artesanal de Michoacán (FOMICH), que él dirigía bajo la gubernatura del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas. ¡Acepté!
Llegué en enero de 1986 y me integré como investigador industrial en el Fondo Mixto de Fomento Industrial de Michoacán.
Fue una experiencia intensa y formativa. Había pocos recursos, pero se había recibido un fondo del Banco Interamericano de Desarrollo, canalizado a través de Nacional Financiera, destinado al fomento artesanal y microempresarial. Varios estados del país contaron con apoyos similares. El objetivo del BID era, entre otras cosas, contribuir a frenar la migración hacia Estados Unidos.
Junto a Enrique Bautista y a economistas como Francisco Giner de los Ríos y Kurt Unger, viajamos por la meseta purépecha y por regiones pobres del estado. Pronto identificamos los principales obstáculos: Una compleja red de intermediarios comerciales, la falta de capacitación y el escaso desarrollo de tecnología y diseños. Esas limitaciones dificultaban el trabajo de FOMICH y el éxito de muchos pequeños productores.
Durante aquellos meses también impartí clases en el IMCED, invitado por el doctor Antonio Alanís Huerta, y escribí varios artículos sobre la experiencia microindustrial de Michoacán, algunos en coautoría con José Luis Macías y José Luis Navarro.
Conté, además, con el respaldo de Gilberto Guevara Niebla, entonces director de la División de Ciencias Sociales y Humanidades de la UAM-Xochimilco.
Uno de los momentos más significativos ocurrió en septiembre de 1986, durante el último informe de gobierno de Cárdenas. Allí se dibujó con nitidez el surgimiento de la Corriente Democrática del PRI, con Cuauhtémoc Cárdenas, Efigenia Martínez y Porfirio Muñoz Ledo a la cabeza.
Aunque todavía no se anunciaba de manera oficial, la tensión interna del partido era evidente.
Había pensado en quedarme a vivir en Morelia con mi familia. Sin embargo, Cárdenas fue estigmatizado por el priismo tradicional y quienes habíamos trabajado cerca de él, no teníamos ninguna opción con el nuevo gobernador, Luis Martínez Villicaña, abierto opositor del neocardenismo. Regresé a la UAM-Xochimilco a mediados de septiembre de 1986.
Tenía un periodo sabático. En abril de 1987 me incorporé a la Subsecretaría de Fomento Industrial, bajo la dirección de Mauricio de María y Campos, decano de los egresados mexicanos de Sussex. Desde ahí continué impulsando la incorporación formal del concepto de microempresa en los programas oficiales de fomento, proceso que años después se concretó en la Ley Federal de Fomento a la Microindustria de 1988.
Aquella temporada en Morelia me dejó varias lecciones
Aprendí que las políticas públicas no se construyen solo desde los despachos, sino también desde el contacto directo con quienes intentan sacar adelante talleres y pequeños negocios.
Aprendí, también, que los procesos políticos y económicos suelen estar conectados por hilos poco visibles.
Hoy, al recordar aquellos meses, guardo especial gratitud hacia Enrique Bautista Villegas por la invitación que hizo posible esa experiencia, y rindo memoria al ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, cuya gubernatura marcó un momento decisivo en la vida política de Michoacán y del país.
