Arturo Ríos Ruiz
Las protestas se multiplican, en tanto el presidente redobla sus ataques a los comunicadores y enciende el fuego candente de la reyerta sin desviar la mirada a los problemas torales que degradan su función. AMLO prefiere la convulsión verbal contra los críticos, que cada vez aumentan.
En estos dos días, surgió otra inconformidad de quienes se dedican a informar a la población mediante noticias escritas, hablada y en imagen por todos los medios, incluyendo las redes sociales, dominantes del quehacer público en general.
Los reporteros dejaron de escribir en protesta por las afrentas que sufren, por asesinados por balas siniestras de la delincuencia y otros perseguidos por los embates presidenciales y afines conformando ataques de gobernantes y legisladores oficiosos para quedar bien.
Los (verdaderos) reporteros de la fuente presidencial, frente al podio del mandatario, para conmemorar a compañeros asesinados, acusaron a autoridades de los tres niveles de la violencia que viven. Llamativa crítica del sentir del gremio.
Un comunicador de la fuente presidencial, le dijo al presidente que no se le harían preguntas, como expresión de rechazo a la inseguridad que está viviendo el gremio.
Al hacer uso de la palabra, el reportero Rodolfo Montes recordó que periodistas en la Cámara de Diputados y en el Senado, protestaron por la violencia que ha dejado 5 periodistas muertos en lo que va del año.
Le recordó que no apoyan a un periodista en particular, refiriéndose a los cruces de declaraciones que mantiene el presidente con el periodista Carlos Loret, duro critico a su gobierno, sino por los asesinatos de comunicadores.
Igual en el Senado de la República boicotearon una conferencia de legisladores de Morena, que manifestarían su apoyo al mandatario por los enfrentamientos que sostiene con algunos periodistas. Fue notoria la ausencia de Ricardo Monreal.
Camarógrafos dejaron tipies frente al podio donde los senadores de Morena realizarían la conferencia, pero ningún reportero asistió, en protesta a los ataques que se han dado por parte del Ejecutivo federal hacia la prensa.
Los tiempos que vivimos son agitados
Convulsionados y preocupantes, en el año crucial que se definirá el cambio presidencial en 2024, nada positivo para nadie. La violencia, en cualquiera de sus expresiones, solo conllevan al fracaso social, al quiebre del Estado de Derecho.
La exhibición de la vida lujosa del hijo de AMLO, fue el detonante de las tres semanas en que se mantiene la agitación verbal como un avispero que amenaza con extenderse más, que ha cimbrado la figura presidencial.
Desapareció la cordura, la inteligencia, la estrategia, el talento político y demás tácticas gubernamentales para dar paso a la violencia, al pleito, al distanciamiento y a la división, éste, principal daño que podría ser irreversible para todo el país.
