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Los resultados poco animadores de la cumbre Europa-África

Foto: WikiImages 

La sexta cumbre entre la Unión Europea (UE) y la Unión Africana (UA) se realizó en Bruselas el 17-18 de febrero pasado. El tema fue “Visión Común para 2030”, una especie de ruta para consolidar la cooperación entre las dos organizaciones y sus países miembros.

La declaración conjunta del evento afirma que el “objetivo de la Visión Común es consolidar una asociación renovada para la solidaridad, seguridad, paz y desarrollo económico sustentable y prosperidad para nuestros ciudadanos y para nuestras generaciones futuras, reuniendo nuestros pueblos, nuestras regiones y nuestras organizaciones”.

El documento reconoce que los acuerdos existentes entre Europa y África deben cimentarse en el principio de las soluciones africanas para los problemas africanos.

Mientras África se vuelca cada vez más en un escenario de una disputa geopolítica y geoeconómica de intereses y actores en el ámbito internacional, para la UE, la cumbre podría haber sido una oportunidad para reiterar de forma más incisiva la superación de la lógica de la dependencia hacia una verdadera asociación entre iguales. Por otro lado, hay que recordar que la Unión Africana fue concebida, de hecho, como una copia de la Unión Europea, tanto en su organización como en sus programas.

Pero, como bien sabemos, para no ser en vano, las buenas intenciones deben acompañarse de decisiones concretas y realistas, principalmente de la parte europea. En este caso, se encontró una actitud ondulante de la UE en muchos sectores, entre ellos, el relacionado a la crisis energética.

Más de 600 millones de personas viven en la oscuridad

En su discurso de apertura del evento, el presidente de Senegal y de la UA, Macky Sall, destacó el empeño de los países africanos en el apoyo al acuerdo climático de París, pero también reiteró la necesidad de que África siga explorando el gas natural como fuente energética:

En un continente donde viven más de 600 millones de personas viven en la oscuridad, y nuestra prioridad es el acceso a la electricidad y a la industrialización. Y, en este punto, esperamos mucho de esta cumbre…El continente necesita usar sus recursos naturales…Es por esto que estamos a favor de la manutención del financiamiento de la industria del gas y de los hidrocarburos para una transición energética justa, que tenga en cuenta las necesidades del continente.

La UE expresó una postura demasiado genérica sobre el asunto, esto puede verse en el texto de la declaración conjunta, donde admitiendo la importancia de la utilización de los recursos naturales disponibles en África como parte del proceso de transición energética, se ignora la petición específica de la UA referente a la industria del gas y los hidrocarburos.

En agosto pasado, el Fondo Monetario Internacional (FMI) emitió 650 mil millones de dólares en Derechos Especiales de Giro (DEGs), para enfrentar las dificultades económicas causadas por la pandemia de Covid-19. Los DEGs son la moneda del FMI, que los Estados miembros pueden usar para apoyar proyectos de desarrollo e intercambiar por otras monedas, suministrando mayor liquidez a los gobiernos. Sin embargo, están distribuidos proporcionalmente a la cuota otorgada por cada país al FMI y, también, en función de las dimensiones de su economía. En consecuencia, los países más pobres tuvieron una pequeña participación. Todo el continente africano recibió solamente 33 mil millones de dólares.

El presidente Sall manifestó el deseo de que África pueda recibir el apoyo de Europa para obtener la atribución de una parte mayor de los DEGs.

Según dijo, África necesitará de 250 mil millones de dólares en financiamiento adicional de aquí al año 2025, para asegurar su recuperación económica pos-pandemia. Así, instó a la UE a promover una recolocación de 100 mil millones de dólares en DEGs de los países ricos hacia África. La UE respondió, apelando a los gobiernos para que contribuyan “de forma voluntaria”. Hasta ahora, los países europeos respondieron con 13 mil millones de dólares.

También en estas cuestiones, Bruselas permaneció en las tinieblas. La declaración final alienta el compromiso de “contribuir a este esfuerzo global” de recuperación y desarrollo, pero ignora la petición específica hecha por el presidente Sall.

En relación a las inversiones europeas en África, la presidente de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, explicó que ellos serán implementados por intermedio del llamado Global Gateway, una nueva estrategia europea para promover conexiones en los sectores digital, educativo y sistemas de investigación.

El Global Gateway es un nuevo gran proyecto de la UE, planeando generar 150 mil millones de euros en inversiones públicas y privadas en siete años, en África. Estos fondos se destinan principalmente a empresas europeas que serán financiadas, incluso con préstamos ventajosos, para la realización de proyectos económicos e industriales en el continente africano.

Estos fondos son la parte africana de un plan de inversiones de 300 mil millones de euros en todo el mundo, un plan cuyo objetivo es convertirse en el principal rival de la Iniciativa de la Franja y Ruta china.

En infraestructura, la prioridad será la energía para llevar electricidad a los 600 millones de africanos que no tienen acceso a ella, con énfasis en la transición hacia las energías renovables. La conectividad física y digital también serán áreas importantes, con más carreteras, vías férreas e hidrovías para promover el Área de Libre Comercio Continental firmada por todos los países africanos en 2019.

En la cumbre, la UE reafirmó su compromiso de proporcionar 450 millones de dosis de vacunas hacia mediados de 2022. Europa movilizará más de 425 millones de euros para la campaña de vacunación africana y para la formación de equipos médicos.

En términos de intervenciones en salud, von der Leyen observó que, además de proporcionar vacunas contra la Covid 19, las inversiones asumirán una perspectiva estratégica que va más más allá de la pandemia. “Se trata, con efecto, de la capacidad de África de producir sus propias vacunas, de desarrollar la capacidad de producción de vacunas en toda África”.

El documento conjunto reconoce la necesidad de apoyar la plena soberanía sanitaria de África, para responder a futuras crisis de salud. La Organización Mundial de Salud (OMS) anunció que seis países –Egipto, Kenia, Nigeria, Senegal, África del Sur y Túnez- tienen que recibir la tecnología necesaria para producir vacunas en el continente.

Sin embargo, el compromiso de la UE de trabajar “constructivamente en un acuerdo para una respuesta global de la Organización Mundial de Comercio (OMC) hacia la pandemia, incluyendo aspectos relacionados al comercio y la propiedad intelectual, no atendió la petición de la UA de apoyar una renuncia de los derechos de propiedad intelectual sobre vacunas para la Covid-19, decepcionando también las expectativas de la sociedad civil.

No obstante, en un momento de tensiones internacionales muy serias, es relevante el compromiso de los líderes europeos y africanos de trabajar juntos en la promoción de un multilateralismo efectivo dentro del orden internacional basado en reglas y centrado en la Organización de Naciones Unidas (ONU). Por encima de todo, reducir las desigualdades globales, fortalecer la solidaridad, promover la cooperación internacional y realizar la necesaria reforma de la OMC y mejorar su funcionamiento para fortalecer el sistema multilateral de comercio.

MSIa Informa

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