mayo 25, 2026

Los solteros somos invisibles para la sociedad actual en todo el mundo

Los solteros somos invisibles para la sociedad actual en todo el mundo

Bolivar Hernandez*
De entrada diría que elegí la vida en solitario desde hace muchos años, y que soy un hombre que le fascina el matrimonio también. No hay contradicción en este dicho, cada estado lo he vivido en forma sucesiva.
En esta ocasión voy a relatar lo que padece un hombre soltero como lo soy yo, ahora.
La sociedad está diseñada y programada para parejas, para un par de seres humanos que comparten sus vidas. Los solteros somos invisibles para la sociedad actual en todo el mundo. Los problemas cotidianos son mi calvario en cualquier sitio donde viva.
Si voy al mercado a surtirme de verduras, me topo con esto
Todo lo que como, lo venden en grande: por kilo o por libra. Los manojos de rábanos que compro, con frecuencia, son para el consumo de toda una familia de 8 miembros.
Los nopales que son un deleite para mi paladar y para mi digestión, lo menos que venden es una docena, y yo me como solo dos. Las tortillas las venden por kilo, y yo me como tres solamente.
Tengo los recursos económicos para comprar esas cantidades, pero el desperdicio o los sobrantes que produzco me causan enfado, mucho enfado. Aprendí, desde niño a no desperdiciar o tirar la comida.
Los huevos, en México los venden por kilo; en Guatemala por docena o por libra. No puedo comprar dos huevos, ¡imposible!
En los mercados o supermercados todos los productos exceden la cantidad apropiada para el consumo de un ser solitario.
Lo que motiva este relato tiene que ver con la reciente adquisición de una tarjeta bancaria que ofrece grandes beneficios o descuentos en tiendas y restaurantes. Es una estafa absoluta, y además, el banco emisor cobra una cantidad mensual por usarla.

Foto: Pixabay

Mis hermanas tienen esa tarjeta de descuento en tiendas y restaurantes
Porque ellas son dos y a veces son tres hermanas que salen juntas y sí les funciona la tarjeta mencionada.
Hoy sábado salí a estrenar la tarjeta de descuento, y fue un chasco absoluto.
Me apersoné en un restaurante italiano, que me encanta, pero es un poco caro y lo visito ocasionalmente, y pregunto a las señoritas encantadoras que están en la recepción:
¿Qué beneficios me ofrece su restaurante o qué descuento hay para mi?
La respuesta de la bella Claudia, según leí su nombre en su gafete, me dice: “
Un desayuno para usted solo le cuesta lo mismo que dice en la carta; el precio es el normal de la carta, además le cobraremos un 10 por ciento por pagar con esa tarjeta de descuento.
Señor, a usted le conviene venir en pareja, para que valga la pena usar su nueva tarjeta de descuento. O le sugiero que entre y pida dos desayunos, para que le valga el dos por uno; usted se come uno y el otro se lo lleva a su casa…
¡Ah, bueno, eso es genial!, ironizó con la bella recepcionista. Y remató con esto para el asombro de la chica:
Señorita, voy a recorrer este centro comercial, aquí le dicen mall, y voy a tratar de conseguir una pareja amorosa para que valga la pena desayunar con ustedes. Probablemente me voy a tardar un poco y ya no alcance llegar al desayuno, pero sí a la hora del almuerzo, ¿Qué le parece?”
Me despedí con una sonrisa fingida dirigida a la bella Claudia.
Seguiré tomando mis alimentos todos los días como hasta hoy, en cualquier restaurante, y pagando el precio que marca el menú, sin descuentos, por supuesto.
La tarjeta de descuentos la guardaré en el fondo de mi billetera, hasta que encuentre al amor de mi vida, y quiera desayunar en ese elegante restaurante italiano que tanto me gusta, para que aproveche el descuento de dos por uno.
Fotos: SJJP/Pixabay

About The Author

Soy binacional México-guatemalteco, 77 años. Antropólogo, psicoanalista, periodista, ecólogo, ciclista, poeta y fotógrafo.

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