Héctor R. Franco, Colombia
La historia que relato a continuación está basada en sucesos acontecidos en la vida real, basados en testimonios de los protagonistas, a quienes protejo el nombre. Si bien no puedo dar fe de la veracidad de éstos, pues a pesar de mi espíritu inquieto y de investigador y de que he tratado de constatar la información en terreno, ello no ha sido posible, lo cual me lleva a la duda razonable.
Hace 9 años llegué a la población de Silvania Cundinamarca, sector San José del Chocho, municipio ubicado a 40 minutos al sur de Bogotá, Colombia; bello lugar aromatizado por la deliciosa fragancia de las flores y frutos propios de esta fértil región.
Antiguo hogar de los panches, tribu aguerrida, indomable y celosa de sus tradiciones y costumbres que prefirió la extinción antes que el sometimiento al yugo español.
Pocos meses después de mi llegada a dicho territorio empecé a escuchar relatos que, desde mi perspectiva, sólo eran (y son) fantasías de mentes asustadizas. Empecé a recoger historias de personas (en especial conductores de la única ruta que viaja desde la vecina población de Fusagasugá, hasta Tibacuy, utilizando este corredor ancestral.
De hecho, estos tres pueblos (Silvania, Fusagasugá y Tibacuy) conforman el antiguo dominio de los panches, pero existen varios puntos que pareciera absorben y emanan una cierta energía no perceptible por todas las personas, y uno de estos puntos es el llamado sector de las Moyas.
Un pequeño riachuelo que brinca entre unas lajas inmensas de piedra y que forma unas singulares marcas o agujeros en ellas, las cuales dan el nombre al lugar.
Mi primer referencia a estas historias
Fue cuando una madrugada, caminé hacia la puerta de un condominio cercano a mi casa y estaba un motociclista, totalmente desencajado, pidiendo un vaso con agua, pero en un léxico casi irreconocible.
Lucía pálido, asustado y con los ojos a punto de salir de sus orbitas, al preguntar sobre qué le sucedía, sólo atinaba a decir que algo no humano, pero con rasgos femeninos, se había montado en su moto sin que él se pudiera detener.
Contó que la figura femenina era de cabello largo y que cubría totalmente su rostro. Dijo que inicialmente creyó que era una deportista que salió a caminar, pero al pasar frente a ella, aseguró que perdió la noción del tiempo.
Que parecía andando en cámara lenta y luego a muy alta velocidad, de pronto la entidad apareció prendida de la cintura de éste, pero él no podía ver su rostro por los espejos, ya que una extraña fuerza se lo impedía.
Que solo sentía sus manos heladas, con unas terribles uñas que escarbaban en su vientre; y aunque sintió que no podía parar ni desacelerar, creyó haber andado el equivalente a unos 30 minutos sin poder parar, hasta que ésta desapareció. En la realidad, el hombre no recorrió más de trescientos metros, que es lo que separa esa portería de las citadas moyas.
Para ese entonces me pareció un relato puramente fantasioso de un hombre adormilado o borracho; sin embargo, mi curiosidad e intriga fue en aumento. Más, cuando una tarde regresando de Fusagasugá, en uno de los transportes tradicionales (jeep clásicos), venían varias personas hablando de ese tema y diferentes situaciones vividas en tan enigmático sector.
Mis sentidos se pusieron alerta
Hasta el conductor afirmaba haber vivido una experiencia aterradora en tal lugar. Una pareja de pasajeros afirmaba que una madrugada, alrededor de las 02:00 am, regresando en su vehículo particular, vieron cómo, una figura femenina de cabellera muy larga y figura atlética, caminaba en forma rápida por ese costado, intentaron parar para ofrecerle un aventón, pero enseguida pensaron:
Es muy temprano para hacer ejercicio; amén que la fémina no permitía ver su rostro por más que los dos intentaban y lo que más les intrigó, es que llovía muy fuerte y ella, aparentemente, no se mojaba.
El conductor, de nombre Darío, contó a diarionoticiasweb.org, que había tenido una experiencia similar y muy aterradora. Así que opté por quedarme en su vehículo, hasta llegar al final del recorrido e indagar más a fondo la historia del trabajador del volante:
Una noche que tuve el último turno en la empresa Cootrastibacuy (para la cual trabaja), al llegar a dicho sector me encontraba ya solo y al pasar por la quebrada las moyas, vi la aterradora entidad. Intenté acelerar, pero un extraño miedo se apoderó de mi cuerpo y el vehículo comenzó a presentar fallas mecánicas.
La luz se apagó y quedé iluminado solo por la luna llena; mi cuerpo se heló al ver, por el retrovisor, que la aparición que antes estaba en la orilla de la carretera, ahora se encontraba dentro de mi vehículo. Pero no le pude ver sus facciones. La unidad iba sin control, a toda velocidad, pese a que yo no aceleraba. Se paró hasta que llegué a un punto llamado el Piedrón (a 1.8 km adelante del punto de encuentro).
Fue entonces que esta entidad desapareció y yo, a punto de infartar de miedo, pude reaccionar y ahora sí, yo aceleré hasta llegar al final de mi recorrido.
Desde entonces, cuenta que le es imposible hacer turnos de noche, sin estar acompañado por su pareja.
Mi espíritu de investigador me ha llevado a que, desde 2014, realice recorridos periódicos en motocicleta, en diferentes horarios, incluso en solitario en tan misterioso lugar, y hasta teniendo en cuenta diferentes fases lunares. Sin embargo, hasta el momento, todo ha sido infructuoso, jamás he vivido esas terroríficas experiencias de las que tanto nos relatan los lugareños. ¿Realidad o ficción?, ¡juzgue usted! La investigación, continuará.


