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Más allá de las fronteras: Paulina Salmon conecta la hospitalidad africana con el mundo digital

PAULINA/ KENIA

Una mexicana en el corazón escolar de Kenia; Lecciones de Kerugoya: La escuela que combate la pobreza material con riqueza humana.

Bernardo Méndez Lugo*

Paulina Salmon Del Real, mexicana radicada en Estados Unidos y voluntaria de la asociación civil América Sin Muros, se encuentra estos días en Kerugoya, una villa ubicada a tres horas de Nairobi.

Allí colabora durante una semana en la Saint Elizabeth Junior School, una escuela primaria cristiana comunitaria que atiende a todos los niños sin distinción de estatus social o económico, incluidos aquellos con necesidades especiales.

El contraste entre la pobreza material y la belleza del lugar la ha impactado desde el primer momento.

Es impactante, dice, pero también mágico. Requiere tiempo asimilarlo.

La directora, Elizabeth, y su esposo Justin la recibieron como si fueran sus propios padres: La trasladan al pueblo, se aseguran de que llegue sana y salva al pequeño departamento que le prestaron y mantienen con ella conversaciones profundas, a pesar de los recursos limitados con los que viven.

Elizabeth fundó la escuela hace trece años con apenas dos niños. Hoy son trescientos alumnos, desde preescolar hasta cuarto grado. La visión es cosmopolita: Quiere que sus estudiantes miren más allá de las fronteras de Kenia.

Justo hoy, Paulina se sentó con ellos para ayudarles a crear la cuenta de Instagram de la escuela.

Abrirles la puerta al mundo, resume.

Los niños y las maestras la han recibido con una calidez que no se finge

La riqueza humana es palpable, afirma Paulina. En el pueblo la llaman Mzungu —mujer blanca—. La gente se acerca a saludarla, a pedirle fotos; los niños, sobre todo, buscan abrazos y caricias con una naturalidad que desarma.

Entre los retos cotidianos está la alimentación. Su sistema digestivo, acostumbrado a la comida más insípida de Estados Unidos, ha tenido que adaptarse. Destaca, sin embargo, la papaya —casi idéntica a la mexicana— y el tamaño y sabor del aguacate local.

También menciona la escasez de leche, que ha llevado al gobierno a promover alternativas, y la relación cercana con la naturaleza: el aire fresco, la prohibición de bolsas de plástico y los mercados que venden a granel, al estilo de los tianguis mexicanos.

Paulina agradece la oportunidad de colaborar en esta escuela y expresa un deseo sencillo y ambicioso a la vez:

Que Saint Elizabeth Junior School sea conocida más allá de las fronteras de Kenia. Hay tanto que narrar, apunta.

Y tiene razón…

En Kerugoya no hay grandes infraestructuras ni presupuestos millonarios. Hay, en cambio, una mujer que hace trece años decidió empezar con dos niños y una convicción: Que la educación no debe discriminar.

Hay hospitalidad genuina, niños que abrazan sin cálculo y una voluntaria mexicana que, al ayudar a abrir una cuenta de Instagram, está ayudando también a que esa historia deje de ser solo local.

A veces la solidaridad más concreta no se mide en dólares ni en campañas mediáticas. Se mide en el tiempo que alguien dedica a sentarse con una directora de escuela en una villa de Kenia y a decirle: Vamos a mostrarle al mundo lo que ustedes ya están haciendo.

*Academico fundador de UAM-Xochimilco CDMX.
*Diplomático de carrera en retiro.    
*MPhil IDS, University of Sussex 
*Actualmente, director de fundación promigrante America sin Muros en CDMX.
* Imágenes: Paulina Salmon Del Real
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