Ante dos foros internacionales, consecutivos, el Consejo de Seguridad de la ONU y la reunión cumbre México-EU-Canadá, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador presentó algunas directrices para un nuevo entendimiento entre las naciones que sustituya al decadente orden mundial actual que abra paso a un ordenamiento justo, cuyo eje de convivencia sea el desarrollo industrial y el rescate del Estado nacional soberano.
Darle contenido a esa nueva convivencia fue de hecho el tema de la intervención del presidente López Obrador en la IX Cumbre de Líderes de América del Norte, celebrada el 18 de noviembre. Para México, sin desconocer la peculiar realidad geopolítica que enfrenta, se trata de dejar atrás la herencia neocolonial del Tratado de Libre Comercio (TLCAN), constituido en 1993, fue el pre anuncio del imperio de la globalización financiera que caía sobre el mundo entero, y que hoy por hoy se tambalea.
El nuevo acuerdo propuesto es benéfico para las naciones implicadas, pues, por un lado, daría una salida a Estados Unidos, que enfrenta el declive de su poder hegemónico, transformando su impulso industrial a un plano de cooperación inspirado en la escuela del presidente Franklin Delano Roosevelt (1933-1945), y por el otro, le daría aire fresco a la economía regional y a la emigración, hasta hoy tratada como desecho indeseable de la globalización y del neoliberalismo.
En una breve intervención, el presidente de México planteo a sus pares de Estados Unidos, Joe Biden y de Canadá, JustinTrudeau, que los tres países necesitan llevar al máximo sus potencialidades para reiniciar la industrialización, una urgente exigencia todo el continente americano.
Hablando directamente de la enorme participación de China en el comercio regional, que así se ha beneficiado con el auge de la globalización, indicó que es urgente buscar el equilibrio comercial.
La integración económica, con respeto a nuestras soberanías, es el mejor instrumento para hacer frente a la competencia derivada del crecimiento de otras regiones del mundo, en particular, la expansión productiva y comercial de China. No olvidemos que mientras Canadá, Estados Unidos y México representamos el 13 por ciento del mercado mundial; China domina el 14.4 por ciento. Y este desnivel viene de hace apenas 30 años, pues en 1990, la participación de China era de 1.7 por ciento y la de América del Norte del 16 por ciento.
Continuó:
De mantenerse la tendencia de la última década, en otros 30 años, para el 2051, China tendría el dominio del 42 por ciento del mercado mundial y nosotros, Estados Unidos, México y Canadá nos quedaríamos con el 12 por ciento; lo cual, además de ser una desproporción inaceptable en el terreno económico, mantendría viva la tentación de apostar a resolver esta disparidad con el uso de la fuerza, lo cual nos pondría en peligro a todos. Por eso, lo mejor, lo más conveniente, es fortalecer nuestras economías, fortalecernos comercialmente en América del Norte y en todo el continente.
Además, se refirió a todas las ventajas de que dispone el continente, fuerza de trabajo joven, desarrollo tecnológico, y recursos naturales.
Agregó, Es una paradoja que haya tanto circulante en América del Norte y los puertos del Pacífico estén saturados de mercancías procedentes de Asia. Agréguese el impacto inflacionario que eso acarrea. ¿Por qué no podemos producir en América del Norte lo que consumimos? Claro que sí. Es asunto de definición y de estrategia económica regional.
El segundo tema abordado por él l presidente de México, lo ubico en el enfoque de la migración que enfrenta el continente, ante todo México y los países de América Central.
Al abordar el tema laboral en los tres países, manifestó, “Deben definirse de manera conjunta objetivos muy precisos y hacer a un lado mitos y prejuicios. Por ejemplo, dejar de rechazar a migrantes, cuando que para crecer se necesita de fuerza de trabajo que, en realidad, no se tiene con suficiencia ni en Estados Unidos ni en Canadá. ¿Por qué no estudiar la demanda de mano de obra y abrir ordenadamente el flujo migratorio?”.
En concreto, en esta ocasión pidió directamente al presidente Biden cumplir su promesa de regularizar la situación migratoria de los 11 millones de personas de origen latino que viven y trabajan en EUA, la mayoría mexicanos o de ascendencia mexicana. El tema de la emigración también fue abordado por el presidente de México ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
Darle vida a la ONU, el derecho a los frutos de la solidaridad internacional
El 8 de noviembre en el momento en que México asumía la presidencia rotativa del Consejo de Seguridad, el mandatario, abordo de forma más general los temas del desarrollo, la justicia social y la soberanía.
Afirmó: No vengo a hablar de seguridad como sinónimo de poderío militar ni como argumento para el empleo de la fuerza contra nadie; en cambio, mi planteamiento se basa en lo que postuló ese titán de las libertades, que fue el presidente Franklin Delano Roosevelt, cuando se creó la Organización de las Naciones Unidas: el derecho a una vida libre de temores y miserias, que sigue siendo el más sólido fundamento de la seguridad para todas las sociedades y los Estados.
El principal obstáculo para el ejercicio de ese derecho es la corrupción en todas sus expresiones: los poderes transnacionales, la opulencia y la frivolidad como formas de vida de las élites; el modelo neoliberal que socializa pérdidas privatiza ganancias y alienta el saqueo de los recursos naturales y de los bienes de pueblos y naciones.
En alusión a la corrosión económica, política y moral vivida en el auge de la era de la globalización financiera, deterioro sentido también en programas específicos de Naciones Unidas, él caracterizó así el momento presente, “Estamos en decadencia porque nunca antes en la historia del mundo se había acumulado tanta riqueza en tan pocas manos mediante el influyentismo y a costa del sufrimiento de otras personas, privatizando lo que es de todos o lo que no debe tener dueño; adulterando las leyes para legalizar lo inmoral; desvirtuando valores sociales para hacer que lo abominable parezca negocio aceptable”.
El presidente de México propuso un audaz plan global de lucha contra la pobreza que permita una “vida digna” para 750 millones de personas que viven con menos de dos dólares al día.
El mecanismo denominado Estado Mundial de Fraternidad y Bienestar aspira a recaudar un billón de dólares a través de tres principales fuentes de ingresos: la contribución voluntaria anual del 4% de las mil mayores fortunas del mundo; otra aportación similar de las mil empresas más grandes, y un 0,2% del PIB de cada uno de los países miembros del G20. México expondrá con más detalle el contenido de la iniciativa en una próxima reunión de la Asamblea General de Naciones Unidas.
Recalcó, además, que los recursos de este fondo no deberán ser canalizados mediante la red internacional de organizaciones no gubernamentales (ONG). La intromisión de ese armatoste, — caballo de Troya de la oligarquía internacional–, en contra de desarrollo económico de las naciones, y otros asuntos vitales, ha sido continuamente denunciado por su gobierno.
“Los recursos de este fondo deben llegar a los beneficiarios de manera directa, sin intermediación alguna, porque cuando se entregan fondos supuestamente para ayudar a los pobres a organizaciones no gubernamentales de la sociedad civil o a otro tipo de organizaciones, no quiero generalizar, pero en muchos casos, ese dinero se queda en aparatos burocráticos, en pagar oficinas de lujo, en mantener asesores o se desvía y termina por no llegar a los beneficiarios”.
Otro aspecto central que exigió que fuese modificado por Naciones Unidas a corto plazo es el que se refiere a la pobre participación que ha tenido en el combate a la pandemia del covide-19.
“Veamos, por ejemplo, lo sucedido con la distribución de la vacuna contra el COVID-19. Mientras las farmacéuticas privadas han vendido el 94 por ciento de las vacunas, el mecanismo COVAX, creado por la ONU, para países pobres, apenas ha distribuido el 6 por ciento; un doloroso y rotundo fracaso”.
“Este dato simple debiera llevarnos a admitir lo evidente: en el mundo actual la generosidad y el sentido de lo común están siendo desplazados por el egoísmo y la ambición privada; el espíritu de cooperación pierde terreno ante el afán de lucro y con ello nos deslizamos de la civilización a la barbarie y caminamos como enajenados, olvidando principios morales y dando la espalda a los dolores de la humanidad”.
México además llevó a la palestra internacional el trato vejatorio que reciben los millones de emigrantes, abordado también en la cumbre México-EUA-Canadá. López Obrador, detalló los programas que ejecuta su gobierno.
Estos son programas necesarios de uso intensivo de mano de obra, en el sureste mexicano, extendiendo la cooperación a Guatemala, Honduras y el Salvador (pero con recursos escasos); junto con otros programas de becas destinados a jóvenes que habitan la pobre región, para evitar que sean reclutados a las filas de la delincuencia organizada. El objetivo es mantener a la población en sus lugares de origen.
No obstante, a pesar de la necesidad de este tipo de paliativos de corto plazo, el horizonte es limitado; carece de un segundo momento de mediano y largo plazo, pues la meta anunciada de arraigar a los nacionales en condiciones plenas de bienestar social y cultural sólo es posible en el contexto de un plan nacional de industrialización.
A propósito del certero comentario sobre el presidente Franklin D. Roosevelt, creador de la ONU, habría que complementar que él también dejó viva otra lección, cuando, al mismo tiempo que creaba cantidades enormes de empleos de mano de obra para aminorar los efectos devastadores de la gran depresión económica de la década de 1930, tenía en la otra mano la ejecución de grandes obras de infraestructura y un gran impulso científico y tecnológico de vanguardia vital para avanzar la industrialización de su país.
*MSIa Informa
