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Mi boda y la machista y patriarcal ‘Epístola de Melchor Ocampo’ un día de los Santos Inocentes

Foto: Pixabay
Bolivar Hernandez*
El 28 de diciembre es la fecha en que se celebra a los santos inocentes. Se conmemora el día en que Herodes mandó matar a todos los niños menores de dos años.
Y sin que exista un nexo orgánico con ese trágico día para el cristianismo, el Día de los Inocentes también sirve para gastar bromas pesadas a la familia y a los amigos.
Un 28 de diciembre de un año muy remoto en mi historia…
Se me ocurrió contraer matrimonio civil con el amor de mi vida, y para ello pedí a mis mejores amigos que asistieran al juzgado civil de la Delegación de Coyoacán, en la Ciudad de México, para atestiguar mi cambio de estado civil.
Parecía una broma escoger esa fecha para casarse, porque además los juzgados y los jueces civiles están de vacaciones, y solo queda una guardia mínima de turno para emergencias.
No me querían casar ese día, los funcionarios dudaban seriamente de mis verdaderas intenciones. Finalmente, los pude convencer y procedieron a casarnos, muy a regañadientes.
Nos leyeron la famosa Epístola de Melchor Ocampo, un texto machista, patriarcal, antifeminista, para poder conceder él acta de matrimonio. No podíamos contener la risa ante la lectura de ese nefasto documento, obsoleto.
Décadas después, tan anacrónico documento, fue desechado de su lectura en la celebración del matrimonio civil.
Al grano
En mi larga vida con varios matrimonios legales encima, en el mes de diciembre ocurrieron algunas rupturas definitivas; la coincidencia está en que dos de mis relaciones afectivas importantes, iniciaron y terminaron en diciembre. Las demás relaciones de pareja iniciaron y concluyeron en cualquier época del año.
Diciembre me gustó pa´ que te vayas. Borrón y cuenta nueva. Año Nuevo, vida nueva. Fueron frases hechas que las apliqué de modo inconsciente en la vida real.
Siempre he sido yo el que ha tomado la decisión de romper la relación de pareja, y lo he hecho en forma directa, cara a cara, y con un buen arreglo para ambos. Ellas se quedan con el patrimonio y yo con mi libertad solamente, parece poca cosa, pero no es así.
La ruptura más reciente de este diciembre del 2021, por vez primera me la aplicaron a mí, sin sospechar lo que se venía gestando.
Me cortaron radicalmente, por razones insospechadas, nada claras. Bueno, me temo que la diferencia de edades, 25 años, influyó mucho en la decisión de ella. Aclaro que era yo el hombre mayor y ella la dama joven.
También pesó bastante el factor de la distancia física, ya que cada uno vive en un país diferente.
Y por último, mi postura de no vivir jamás con nadie bajo el mismo techo, determinó que la desilusión estuviera presente en ella, invariablemente.
Entiendo el amor adulto, como un contrato emocional basado en la libertad, el respeto, la lealtad al otro, y el mutuo cuidado por siempre.
No soy propiedad de nadie, y tampoco nadie me pertenece
Nunca he dicho: Mi mujer. Utilizo siempre el término de compañera, o el de camarada, a veces. Me he opuesto a que mis compañeras de vida quieran usar el apellido del hombre, ya casadas. Sostengo que deben usar ellas, siempre, sus nombres y apellidos de solteras.
Muchas amigas de mi época juvenil, se casaron y de inmediato abandonaron sus identidades personales, para pasar a ser la señora de fulano de tal, con el apellido del señor.
¿Y que fue lo que les sucedió a todas ellas?
Se divorciaron, y seguían empleando sus identidades de casadas, porque sus identidades personales, de solteras, se habían extinguido hacia miles de años atrás… A mis ex compañeras de vida no les sucedió nada de eso.
No creo en él amor eterno, ni en los amores de mi vida, he tenido demasiados de todos esos clichés.
Sí pienso que una relación debe seguir hasta que la muerte (del amor) los separe.
Como soy un viejo lobo de mar
Una chucha cuerera, enfrento la vida como va o como viene, fluyó con ella. Y digo, nada es para siempre. No me aferro a nada y ni a nadie, suelto todo.
Soy un hombre del Renacimiento, en sus dos acepciones. Un hombre creativo y actor de mi vida; y también renazco de las cenizas, una y otra vez.
¡Hasta pronto, Romeos y Julietas del siglo XXI!, les digo que vivan con mucha pasión sus amores, y estén seguros que vendrán nuevas princesas y otros príncipes.
*La Vaca Filósofa
Fotos: Pixabay
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