Bolívar Hernandez*
En esta ocasión no habré de referirme al pillo, malandrín, y mafioso gobernador de Tamaulipas, militante del PAN, Francisco García Cabeza de Vaca. ¡No! Voy a narrar a continuación lo sucedido con una enorme Cabeza de Vaca real y sazonada.
En los años 70 el gobierno federal mexicano impulsó el aprovechamiento de las cuencas lacustres de todo el país, para construir gigantescas hidroeléctricas y generar electricidad para la industria y las ciudades de la República Mexicana.
Años antes se había construido la presa Miguel Alemán, en la cuenca del Papaloapan, en el estado de Veracruz.
En Guatemala se originan dos caudalosos ríos, el Usumacinta y el Grijalva, que atraviesan Chiapas y desembocan en Tabasco.
En la Cuenca del Grijalva, el gobierno construyó varias presas hidroeléctricas, Malpaso, Chicoasen, Peñitas y La Angostura, en el estado de Chiapas.
La construcción de las presas hidroeléctricas y la formación de sus respectivos embalses, lagos artificiales, han dejado sumergidos a pueblos enteros y terrenos de cultivo muy fértiles.
Los antropólogos
Hemos intervenido en la mayoría de los proyectos hidroeléctricos, realizando investigaciones de campo acerca de las poblaciones afectadas por los embalses y para diseñar sus nuevos entornos urbanos en su posterior relocalización regional.
Tuve la fortuna, como estudiante de antropología, de integrar el equipo de investigadores que comandaban los doctores Ángel Palerm y Arturo Warman, como los coordinadores del estudio de las poblaciones afectadas por la presa de La Angostura, en la Depresión Central de Chiapas.
Permanecí investigando a los pobladores de la cuenca del Río Grijalva por espacio de dos años, y diseñando el plan de reacomodo en los nuevos poblados.
Durante ese largo periodo de estudio de la economía campesina y su organización social, tuve contacto con las estructuras de poder político, económico, religioso, caciquil, y militar.
Los antropólogos éramos reconocidos en toda la región campesina por sus pobladores, ejidatarios y comuneros, y nos respetaban bastante.
La paradoja fue simpática
Porque el gobierno federal nos contrató por exigencias del Fondo Monetario Internacional FMI, a través de la Comisión Federal de Electricidad, CFE, para respetar las culturas locales afectadas y brindarles un futuro mejor en lo económico; y finalmente nos tocó defender a los campesinos de los atropellos de parte de dicha Comisión, con el consiguiente malestar de sus funcionarios.
En la última etapa de la investigación me dediqué a defender a los campesinos y a oponerme a las arbitrariedades de la CFE, quienes ofrecían ridículas indemnizaciones por las afectaciones de los bienes y animales de los pobladores.
Al terminar el contrato con la CFE por la realización del estudio socioeconómico y cultural de la zona de afectación de parte de la presa de La Angostura, los campesinos me contrataron para ser su representante en las negociaciones con la CFE.
Me cambié de bando, y defendí a los débiles de los embates abusivos del gobierno federal.
Cuando tuve que volver a la capital mexicana a graduarme como antropólogo con una tesis de maestría sobre esa nueva especialidad de la antropología aplicada, que era la investigación sobre la población afectada por los embalses de las presas hidroeléctricas, fui objeto de varias despedidas de parte de la organizaciones campesinas.
El banquete memorable
Fue uno que organizó el cacique regional, ganadero y terrateniente, don Carmen Orantes, un hombre rudo, tosco y temido, pero generoso.
Don Carmen dispuso efectuar un convivio con autoridades civiles, religiosas y militares del estado de Chiapas, siendo yo el personaje motivo del banquete.
Unas 50 personas asistieron a la convocatoria de Orantes en su finca.
Se dispuso de una larga mesa donde cupiéramos todos sentados alrededor de don Carmen Orantes, y yo fui ubicado a la diestra del cacique, muy próximo a él.
En este tipo de festejos pueblerinos, la comida es abundante y el aguardiente también.
Don Carmen Orantes puso una botella de aguardiente frente a mi, un comiteco, de Comitán; llamado coloquialmente como Chucho -perro- con rabia, por lo agresivo de su sabor y efectos.
He sido abstemio toda la vida, y ese día tuve que beber tal cantidad de alcohol a la fuerza, porque no podía rechazar tal gentileza del cacique.
La comida fue algo espectacular para mi. Había una enorme cabeza de vaca en la mesa principal. Y todos los invitados a ese agasajo, con cuchillo en mano, pasaban a cortar trozos de carne arrancados de esa pobre cabeza de vaca.
Me tocó a mi el primer turno, y no supe qué parte de ese animal debía cortar, ya que no como carne desde siempre, soy vegetariano. El cacique me sugería que cortara la lengua de la vaca. Rechacé amablemente tal consejo.Corté tímidamente un trozo de cachete de la vaca. Ese trozo de carne lo tuve masticando como una hora, sin poder tragarlo. Y apuraba grandes sorbos de alcohol, para ver si pasaba esa carne por mi garganta.
Me emborraché fácilmente
Veía todo borroso y la lengua se me trababa. No supe cómo llegué hasta mi habitación en el hotel de la ciudad de Venustiano Carranza, distante unís 25 kilómetros de la finca del cacique. ¡Ahí me depositaron en calidad de bulto!
Y desperté al día siguiente con una resaca, una cruda fenomenal y, para curármela, el cacique dejó en mi cuarto una caja de 24 cervezas, coronitas.
No he vuelto nunca jamás a Chiapas, desde los años 80 cuando visite la región nuevamente, para observar el lago artificial más grande de la República Mexicana, el embalse de La Angostura, y recordar a todos los pueblos sumergidos ahí.
