Bolivar Hernandez*
Cuando nació mi hijo, se me ocurrió ponerle mi nombre, con un claro impulso patriarcal. Es una vieja tradición judeocristiana, que yo seguí sin ningún reparo entonces. La anécdota es divertida al respecto.
Cuando Boli Jr. creció y tenía unos cinco años, me dijo:
Papá, me quiero llamar Carlitos. No dijo que no le gustaba su nombre.
Ahí entendí la trascendencia del nombre. Me preocupé mucho, aunque le dije que se podría cambiar el nombre cuando fuera mayor de edad.
Durante un largo viaje por Sudamérica
Recorrimos con la familia varios países en donde Simón Bolívar vivió y peleó. Colombia, Venezuela y Ecuador, fueron escenarios de la lucha del Libertador de America, y en todos los edificios públicos coloniales de sus capitales, existe una placa de mármol, que reza así:
Aquí estuvo Simón Bolívar.
Pues bien, le fui indicando a mi hijo la importancia del héroe libertador, de cuyo nombre nosotros somos sus herederos. Y le conté la historia de la legendaria espada de Bolívar , y eso sí conmovió bastante a mi hijo, ya que no es una espada cualquiera, sino una muy especial.
Mi hijo, a su corta edad entonces, me anunció que sí se quería llamar Bolívar, como El Libertador venezolano.
Hoy, a sus 32 años, el Boli Jr. luce orgulloso su nombre, y es un reconocido fotógrafo profesional que recorre el mundo con su costosa cámara al hombro.
Este es mini homenaje a mi hijo que ahora se encuentra en Catar, realizando su trabajo de fotógrafo de las estrellas del futbol, contratado por una importante agencia mundial de fotografía.
*La vaca filósofa.
Foto: GooseB
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