Arturo Ríos
Félix María Calleja, jefe del ejército Real, tendió una trampa a José María Morelos, en Cuautla, mientras él, con un contingente, recorría las afueras de la población: Escondió en el bosque un grupo armando para emboscar al caudillo.
Morelos quiso inquietar a Calleja con un ataque relámpago a su retaguardia, Hermenegildo Galeana no estuvo de acuerdo, ni Matamoros, tampoco Nicolás Bravo. Morelos dijo que sería una acción rápida y regresaría a la fortificación.
Hermenegildo Galeana encargó entonces al teniente Torres subirse a la bóveda de la iglesia y observar los movimientos de Morelos, a fin de notificarle cualquier riesgo al Cura Rebelde.
Morelos, salió con su escolta, Calleja y su contingente apresuraron el paso y los insurgentes fueron sorprendidos por una balacera desde del bosque. Salieron los soldados y cercaron al grupo, al grito de:
¡Ya es nuestro, a cogerlo vivo!
El cerco se cerraba para detener a Morelos y los pocos escoltas que quedaban vivos. Torres, le gritó a Galeana:
¡Mi coronel, los enemigos; ya casi lo hacen prisionero al jefe Morelos!.
Hermenegildo montó en su caballo blandiendo su machete con un grupo de costeños para rescatar a Morelos, llegaron al lugar y atacaron a los soldados con tal furia hasta que huyeron.
Hermenegildo Galeana, molesto, pero con respeto, le recriminó su conducta al jefe insurgente. Éste, con toda calma, comprendiendo su osadía, encaminó su corcel hacia la fortificación de Cuautla. (De mi libro, Hermenegildo y los Galeana).

