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Morena frena el “mayoriteo” en San Lázaro para evitar un árbitro electoral cuestionado desde su origen

Foto: Especial

Especialistas urgen fijar diciembre como fecha límite y blindar la transparencia de la presidencia provisional.

Bernardo Méndez Lugo*

El Instituto Nacional Electoral (INE) se encamina hacia un escenario inédito en su historia contemporánea: Operar de manera indefinida rumbo a 2027 con diez consejeros y una presidencia provisional. Este panorama responde al estancamiento en la Cámara de Diputados para elegir a quien encabezará el Consejo General.

Lejos de representar una crisis institucional, esta pausa se perfila como una salida pragmática para salvaguardar la legitimidad del árbitro electoral.

El coordinador de Morena en San Lázaro, Ricardo Monreal, reconoció que las negociaciones están detenidas bajo un cálculo político claro. Resulta preferible mantener al órgano electoral incompleto antes que imponer una presidencia utilizando únicamente la mayoría oficialista.

Nombrar a la nueva titularidad sin el respaldo del bloque opositor —integrado por PAN, PRI y Movimiento Ciudadano—, sembraría sospechas de parcialidad desde el primer día y erosionaría la confianza ciudadana antes de los próximos comicios.

Actualmente, el tablero legislativo muestra un bloqueo evidente: el PRI rechaza acompañar la convocatoria, Movimiento Ciudadano mantiene reservas y el PAN condiciona su voto a un pliego de once exigencias aún en revisión. Ante este escenario, la Junta de Coordinación Política (JUCOPO) optó por pausar el proceso hasta concluir la discusión del Presupuesto de Egresos de la Federación, priorizando la construcción de acuerdos por encima de la prisa.

Viabilidad jurídica y ruta de consenso

En el plano operativo y legal, el funcionamiento del INE con diez integrantes está plenamente garantizado. Mientras el Congreso no concrete un nombramiento, la presidencia provisional mantiene sus atribuciones y el pleno puede organizar elecciones, fiscalizar recursos y tomar acuerdos sin parálisis.

El sistema mexicano ya cuenta con precedentes sólidos, como ocurrió en la Sala Superior del Tribunal Electoral (TEPJF), que operó exitosamente con vacantes sin comprometer los procesos democráticos.

Para transformar este compás de espera en un acuerdo histórico y no en un reparto de cuotas partidistas, los analistas coinciden en tres condiciones indispensables:

El INE como activo geopolítico

En 2026, el debate sobre la autonomía electoral trasciende las fronteras nacionales.

Para Estados Unidos, principal socio comercial de México, un INE creíble es sinónimo de estabilidad para el T-MEC, las inversiones y la cooperación bilateral en seguridad y migración. Un árbitro señalado de parcialidad daría argumentos a los sectores en Washington que buscan condicionar la relación comercial a criterios políticos.

De igual forma, potencias como la Unión Europea y China observan el entorno institucional mexicano. Bruselas vincula cada vez más sus acuerdos al cumplimiento de estándares democráticos, mientras Beijing exige previsibilidad jurídica para sus inversiones en América Latina.

En un mundo marcado por guerras comerciales y tensiones globales, la mejor carta diplomática de México no es su petróleo ni su mano de obra, sino su credibilidad democrática.

Un INE completo pero cuestionado debilitaría la posición negociadora del país en Washington, Bruselas y Beijing. Por el contrario, un INE de diez integrantes, funcional y transparente, proyecta madurez institucional.

México ha demostrado que la calidad de sus elecciones no depende de tener once sillas ocupadas, sino de la confianza pública. Convertir esta pausa en un consenso genuino, será la prueba definitiva de que la clase política puede anteponer la estabilidad del país a la conveniencia de grupo.

*Academico fundador de UAM-Xochimilco CDMX.
*Diplomático de carrera en retiro.    
*MPhil IDS, University of Sussex 
*Actualmente, director de fundación promigrante America sin Muros en CDMX.
* Imágenes: Archivo/Pixabay
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