Los narcosantos en México son íconos de fe y herramientas simbólicas de protección, como manifestación cultural y religiosa paralela al brutal auge del narcotráfico en el país.
Ivette Sosa
Son reflejo de los valores, necesidades y miedos de quienes operan fuera de la ley y de la moral institucional; de contextos de violencia extrema y de peligro. Son parte integral de la narcocultura, que también incluye música (narcocorridos), moda, lenguaje y la veneración de líderes caídos, moldeando la identidad en comunidades controladas por el crimen organizado.
Así, los narcosantos reflejan una sincretización entre la fe, marginación social y la realidad violenta del tráfico de drogas, sostiene el sociólogo Luis Alberto Ornelas, quien apunta que funcionan como un “catolicismo popular” adaptado, donde se busca justicia propia o protección ante una vida violenta.
En charla con diarionoticiasweb.org, el experto habla de las tres funciones que, para los miembros de estos grupos -a veces conformados como sectas-, cumplen estos santos:
- Mitigación de la culpa: Ofrecen un marco moral donde el crimen es permitido, siempre y cuando seas fiel al santo. Con ello, se exonera el conflicto con el catolicismo tradicional, que condena sus actos.
- Merma el miedo: La Santa Muerte, al ser el destino final de todos, se convierte en su aliada. Creer en su protección, les ofrece la osadía para ejecutar misiones de peligro latente.
- Pertenencia: Se crea una comunidad con códigos propios, que refuerza la lealtad al grupo criminal.
Empatía o remordimiento
Para Ornelas, la creencia en una figura específica, no elimina per se, la capacidad de sentir empatía o remordimiento. Algunos estudios refieren que los criminales pueden utilizar símbolos religiosos o creencias populares para racionalizar o justificar sus acciones violentas, creando una narrativa que les permita conciliar sus creencias y fe, con sus actividades ilícitas.
En consecuencia, estas creencias representan a menudo una distorsión o reinterpretación de la doctrina religiosa tradicional, adaptada para ajustarse a su estilo de vida violento. La DEA considera que estos cultos hacen a los cárteles más peligrosos, al eliminar el temor a la muerte.
Legislación
Actualmente, estas prácticas se protegen bajo la libertad de culto en México (Artículo 24 constitucional), lo que dificulta su persecución directa. Empero, el debate legislativo apunta hacia:
- Tipificación de la Apología del Delito: Reformar leyes para que la promoción de iconografía que incite a la violencia, sea sancionable sin vulnerar la libertad religiosa.
- Inteligencia Financiera: Fiscalizar los ingresos de santuarios y líderes de estos cultos, a menudo usados para el lavado de dinero.
La Secretaría de Gobernación ha negado o cancelado el registro como asociación religiosa a grupos que veneran a la Santa Muerte, por incumplir con los fines de la Ley Asociaciones Religiosas y Culto Público.
Para Luis Alberto Ornelas, el futuro de la religiosidad popular o cultos marginales, no depende solo de leyes, sino de reconstruir el tejido social, para que los jóvenes no busquen en figuras oscuras, el sentido de protección, que el Estado debería darles.



