La situación en Asia Occidental es abrumadora; la determinación de Israel de ampliar drásticamente los ataques a los palestinos en Gaza y Cisjordania, Líbano, Yemen y ahora Irán, puso al país en el camino hacia lo que podría ser un virtual suicidio nacional.
MSIA Informa desde Tel Aviv
A pesar de su poderoso arsenal, -cientos de armas nucleares-, y de sus grandes capacidades de inteligencia, demostradas en las últimas semanas contra el Hezbolá libanés, es improbable que Israel reúna las condiciones para enfrentar una guerra prolongada de desgaste en múltiples frentes ante adversarios capaces de atacar objetivos militares y estratégicos, como la vulnerable red eléctrica israelí.
Hezbolá, a pesar del duro golpe sufrido por la muerte de su líder Hassan Nasrallah y varios oficial de alto rango en un ataque aéreo en Beirut, sigue disparando diariamente cohetes y misiles contra objetivos militares israelíes, eso ha ocurrido desde el 7 de octubre del año pasado.
Yemen ha demostrado una enorme resiliencia a los cientos de ataques aéreos angloamericanos e israelíes, y prácticamente ha interceptado el tráfico marítimo hacia Israel en el Mar Rojo, hasta el punto de provocar que la dirección del puerto de Eilat se declare en bancarrota. Por no hablar de su asombrosa posesión de misiles hipersónicos de largo alcance, capaces de alcanzar cualquier punto de Israel.
Las milicias chiitas de Irak también tienen aviones no tripulados ofensivos y los han utilizado contra objetivos seleccionados, como las instalaciones portuarias de Haifa.
Y el 1 de octubre, un ataque masivo de Irán puso de manifiesto una vez más la capacidad de Teherán para alcanzar cualquier objetivo con misiles hipersónicos casi invulnerables a los sistemas antimisiles israelíes.
Por no hablar de la incapacidad de Israel para dominar a Hamas en Gaza, incluso a costa de la enorme destrucción de vidas humanas y material impuesta en el enclave en casi un año de ataques diarios, la guerra más larga en la que se ha visto involucrado el país.
Guerra torpedea la economía de Israel
Al mismo tiempo, la guerra le ha cobrado un alto precio a la economía de Israel. A principios de julio, según la prensa local, la factura de la guerra era de 60.000 millones de dólares, aumentando en unos 270 millones de dólares al día. Varios sectores, entre ellos el turismo y la construcción civil, se han visto fuertemente afectados, debido a la movilización de una gran parte de la mano de obra por el Ejército.
Desde octubre de 2023, más de 45 mil empresas han cerrado en todo el país y se espera que el número alcance las 60 mil a finales de este año. Más de 125.000 personas han tenido que ser evacuadas de las afueras de Gaza y del norte del país, y los costes de su reubicación y mantenimiento han sido asumidos por el Gobierno. El Banco de Israel estima que se espera que la guerra provoque una reducción del crecimiento del PIB (Producto Interior Bruto) hasta el 2% en 2023 y 2024, frente a las previsiones anteriores del 2,3% y el 2,8%, respectivamente.
En un artículo publicado el 26 de junio en el periódico Ha’aretz, el ex primer ministro Ehud Olmert describió el escenario:
Un colapso sin precedentes de todos los servicios que la ciudadanía necesita en circunstancias normales, y especialmente en las circunstancias muy excepcionales que estamos viviendo desde octubre de 2023. La economía se está derrumbando, los servicios públicos se están derrumbando, zonas enteras del país están desiertas y el gobierno no tiene ningún plan ni ha hecho ningún esfuerzo para dar una respuesta que mejore la situación y encienda una chispa de esperanza.
La cuestión clave es que el primer ministro Benjamín Netanyahu parece ser el gobernante de Israel más decidido a elevar al máximo la combinación de fundamentalismo, mesianismo y supremacismo característica de la ideología sionista, la piedra angular del Estado de Israel.
En un artículo publicado por Project Syndicate (“Gaza and the Apocalypse”, 14/08/2024), el exministro de Asuntos Exteriores israelí Shlomo Ben-Ami explica las exaltaciones de Netanyahu y su gobierno:
…Netanyahu y sus aliados, los fanáticos teofascistas del Partido Sionista Religioso, ven la guerra de Gaza como el preludio de su dominación total sobre la tierra bíblica de Israel, un territorio definido religiosamente que se extiende desde el río Jordán hasta el Mediterráneo. Para figuras de extrema derecha como (el ministro de Finanzas) Bezalel Smotrich y (el ministro de Seguridad Nacional) Itamar Ben-Gvir –los líderes del sionismo religioso moderno y miembros del gabinete de Netanyahu– los palestinos deben ser completamente expulsados de estas tierras.
La fantasía apocalíptica sionista tiene tres etapas:
Obtener el dominio sobre la tierra, construir el ‘Tercer Templo’ en Jerusalén y reemplazar la democracia con el Reino de la Casa de David, que, según la Biblia hebrea, fue designado por Dios para gobernar Israel. Permitir el asalto constitucional del gobierno a la democracia y los derechos humanos en Israel es solo una parte del acuerdo que hicieron con Netanyahu al servicio de ese sueño”.
Y Thomas Friedman, el conocido columnista del New York Times, judío y prosionista, llama la atención sobre el riesgo que corre Israel, en un artículo emblemáticamente titulado “Por qué de repente todo parece desmoronarse para Israel”, afirma: “El Estado judío de Israel está hoy en gravísimo peligro. Y el peligro proviene tanto de Irán como de la actual coalición gobernante israelí. (…) el camino por el que Netanyahu arrojó a Israel es ahora un camino a la ruina, rodeado por un anillo de fuego. Si continúa por este camino, las personas más talentosas de Israel comenzarán a irse y el Israel que conocemos desaparecerá para siempre”.
En gran medida, el fundamentalismo mesiánico es lo que mueve el fiel apoyo de los grupos pentecostales cristianos estadounidenses a Israel; igual de importante que el poderoso lobby sionista financiero de la City de Londres y de Wall Street, capaz de influir en el apoyo incondicional de los sucesivos gobiernos de Washington a las políticas belicistas de Tel Aviv.
Por otro lado, también es evidente que, a pesar de su propia agenda inspirada en el proyecto sionista, el belicismo israelí es una parte integral de la estrategia hegemónica angloamericana para Asia Occidental.
De hecho, la poderosa máquina militar israelí pronto se detendría si no tuviera el apoyo continuo de EE.UU. en equipos, municiones, suministros, inteligencia electrónica y otros recursos indispensables. Pero debido a que la otra vertiente del poder angloamericano, la guerra en Ucrania, se dirige hacia un desenlace francamente desfavorable para los planes de Washington y Londres, las frustradas y casi desesperadas potencias dirigentes de la OTAN se ven obligadas a acarrear el apoyo a Israel hasta las últimas consecuencias.
En sentido estricto, esta desesperación colectiva se inscribe en la debacle del mundo hegemónico, y el surgimiento de un mundo multipolar en el que las pesadas manos de esos centros de poder ya no pueden imponerse como antes. En una entrevista con el canal de YouTube del juez Andrew Napolitano (30/09/2024), el ex diplomático británico Alastair Crooke, conocedor de los problemas de la región, se refirió al júbilo de Israel por el asesinato de Hassan Nasrallah:
… Este asesinato cristalizó y sacó a la luz algo mucho más grande que lo que está sucediendo en el Líbano. Sacó a relucir todo este tema sobre el nuevo orden. Estamos en medio de una transición de un orden mundial a otro orden mundial. En este momento, se están llevando a cabo grandes celebraciones en partes de Estados Unidos, Europa e Israel, en el sentido de creer que esto ha definido la nueva era (a su favor), pero eso no va a suceder. Fue realmente un ataque a la humanidad…
El temor ahora es que las inevitables represalias de Israel provoquen una escalada de contra represalias mutuas y una previsible implicación de EEUU y otras potencias de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), lo que desataría un desastre impredecible, entonces el uso de armas nucleares israelíes no sería una hipótesis remota.
