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No parirás con dolor, te lo prometo

Foto: Pixabay
Bolivar Hernandez*
Parirás con dolor, Génesis 3:16.
Esta frase bíblica que alude al parto, al dar a luz, dejó de tener vigencia en la actualidad. Los médicos obstetras infunden miedo, temor, a las futuras parturientas.
La oferta médica es tentadora:
No parirás con dolor, te lo prometo. Si insistes en un parto natural, te va a doler muchísimo y el trabajo de parto puede durar muchas horas; tú decides.
Los médicos obstetras y los ginecólogos han amasado grandes fortunas realizando miles de operaciones cesáreas, en mujeres temerosas del dolor. A veces estos médicos dicen: Sí, va a ser un parto natural el suyo. Y al final hacen una cesárea no programada debido a una lista larga de mentiras.
Las falsedades más frecuentes que utilizan los médicos para hacer una cesárea innecesaria son:
  1. El bebé viene de nalgas.
  2. El bebe viene parado.
  3. El bebé viene con el cordón umbilical enrollado en el cuello. Esta es la excusa Estrella de estos especialistas.
  4. El bebé está experimentando sufrimiento fetal. Esta excusa es muy efectiva.
  5. El bebé es muy grande y su canal vaginal es muy estrecho, señora.
  6. Y sigue un largo etcétera.
Las operaciones de cesárea a las parturientas son programadas siempre entre semana, nunca en fin de semana.
Los honorarios médicos por una cesárea son tres veces mayores que por un parto natural.
Prácticas agresivas de los obstetras y ginecólogos, en casos de partos naturales:
  • Como a los médicos les corre la prisa, y no saben y no quieren esperar los procesos naturales, precipitan todo: la dilatación vaginal y aumentan las contracciones, aplicando la hormona de la oxitocina; a veces la oxitocina produce desgarres vaginales por la aceleración de las contracciones y por la violencia de las mismas.
  • Los galenos, para facilitar la expulsión del feto, practican la episiotomía, que consiste en una incisión en el periné para agrandar la cavidad vaginal, es una herida que va hasta el año. El motivo es que el bebé es muy grande, según ellos. Esta práctica está prohibida desde hace muchos años, pero se sigue recurriendo a ella, y no tiene ninguna razón de ser.
  • Los obstetras y ginecólogos gustan de aplicar anestesia epidural, que consiste en anestesiar parcialmente la zona del vientre, con una inyección en la médula espinal. A esto le llaman bloqueo del dolor…
En mi larga vida, he podido participar activamente en varios partos
Entre ellos, los de mis propios hijos en partos en casa, aparte de los partos en el trabajo de campo, entre grupos indígenas y campesinos.
En el mundo rural, las mujeres dan a luz a sus crías sin necesidad de hospitales ni médicos, solo con una comadrona al lado, o bien, paren solas entre la milpa. Las comadronas resuelven de inmediato todas las dificultades que los médicos no pueden o no quieren solucionar. Niños en posiciones extrañas dentro del vientre materno, cordones umbilicales enredados, etcétera, etcétera.
La humanidad por los siglos de los siglos se ha reproducido al margen de hospitales y médicos especialistas en partos. En la antigüedad, una operación cesárea se efectuaba de vez en cuando y con razones válidas.
Partos en casa
He sido partidario de los embarazos sanos y los partos naturales. Es una cuestión de principios y valores humanos.
Mi primera hija nació mediante un parto natural en un sanatorio de lujo de la Ciudad de México, El Hospital de México; deseaba participar en el nacimiento de mi hija y no pude entrar a la sala de expulsión, debido a un incidente reciente entre un marido tonto y los médicos de ese nosocomio.
Resulta que el ofendido hombre se oponía a que los médicos vieran a su esposa pariendo con las piernas abiertas… Se armó tal escándalo que el enfurecido marido ignorante, fue expulsado del hospital por la policía privada.
He contado en otra parte, cómo conocí a mi hija Gabriela. Acaba de nacer Gaby y me avisan por un altavoz del hospital que puedo ir a la sala cuna, en el tercer piso. Entro a un elevador muy grande, con puertas laterales. Por una puerta entro yo y por la otra, una enfermera con una incubadora portátil, y comenta:
Acaba de nacer una niña, ésta, es una chinita, está linda.
Gaby es hija de una japonesa. Y que me asomo y veo la pulsera que la criatura portaba en la muñeca de su mano izquierda, con el nombre de su madre. ¡Era ella, mi hija!
Cuando mi segunda esposa deseaba parir buscábamos un parto en agua, obviamente un parto en casa. Un tema insólito en los años 80. Ninguno de los médicos consultados se atrevió a atender un parto en el hogar, Mi esposa tenía un ginecólogo muy afamado entre la burguesía mexicana, ella era rica.
Ese médico tenía un lindo consultorio en las Lomas de Chapultepec, en la Avenida Las Palmas, en un lujoso edificio con helipuerto incluido.
Nuestro ginecólogo llegaba a su consulta en helicóptero. Poseía un piso completo y lo tenía acondicionado en su interior como una rotonda, había 15 cubículos en ese círculo, en los cuales 15 mujeres embarazadas esperaban pacientemente al doctor Gutiérrez, para ser revisadas.
Le planteamos al galeno nuestro deseo de parir en casa, y que él recibiera a nuestra criaturita. Su respuesta fue un tajante ¡NOOOOOOO! ¿Están ustedes locos, o qué ? ¿Son cavernícolas, o qué?
Aquí empieza nuestra gran aventura con mi esposa de entonces. Tuvimos tres partos en casa, sin ninguna complicación. Tuve que ponerme a estudiar obstetricia y participar activamente en los partos de mis hijos.
Epílogo
Lo más complicado de parir en casa fue lo siguiente:
  • Presentarnos en el registro civil para notificar esos nacimientos, sin un certificado médico que diera fe que esas criaturas eran nuestras.
  • Siempre dijimos que tuvimos que parir en casa, debido a que se adelantaron esos nacimientos. En el registro civil todos se reían de nuestra versión, no nos creían nada, pero era indudable que esas criaturitas que llevábamos en brazos, sí eran nuestras, porque la marca de familia estaba en sus caras muy claramente.
  • No tengo ninguna duda que mis hijos son mis hijos, ya que los vi salir del vientre materno.
Si ustedes, queridos lectores , creen que tengo buenas relaciones con los médicos, obviamente que no…
*La vaca filósofa.
Fotos: Pixabay
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