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‘No soy de aquí ni soy de allá’, como diría Facundo Cabral; he visto como millones de personas son objeto de xenofobia

Foto: TheDigitalWay

TURISTA

Bolivar Hernandez*
En esta ocasión no voy a referirme al Premio Nobel de Literatura 1957, Albert Camus. Ni a su primera novela, corta, El Extranjero, 1942. Que relata la vida inútil, anodina y sin sentido de un chico argelino llamado Meursault, que vive ajeno a su entorno cultural en un ambiente gris y deprimente.
Camus es un exponente de la filosofía del absurdo y del existencialismo, nacido en Argelia en 1913, de padres franceses.
Pensaba Camus que el destino humano es absurdo, sin sentido.
Ingresó al Partido Comunista Francés y luego lo abandonó por discrepancias con sus miembros. Memorables fueron sus disputas con el camarada Jean Paul Sartre, por la diferencia de enfoques políticos e ideológicos. Terminaron como enemigos mortales.
Albert Camus muere prematuramente en Paris, en un accidente automovilístico al salir de su residencia.
Por una extraña asociación de ideas lo mencionó en este ensayo sobre el extranjero, como soy yo.
El ser extranjero es poseer encima de uno una segunda piel. Adherida fuertemente a la piel de nacimiento.
Turistas
Definitivamente no es lo mismo ser un turista a ser un extranjero, aunque millones de turistas suelen ser extranjeros.
El turista va y viene a donde le apetezca, disfruta su estancia en cualquier parte del mundo y luego vuelve a donde pertenece.
Ser turista es ser, básicamente, un vago con recursos económicos suficientes y que goza de periodos amplios de ocio o de vacaciones.
Forasteros
Son aquellos que proceden de otro lugar. Los turistas son forasteros en ese sentido.
Desterrados
En la antigua Grecia, uno de los peores castigos a sus ciudadanos era sufrir el destierro. Arrancarlo de sus raíces y lanzarlos al extranjero. Casi siempre los desterrados lo son por motivos políticos.
Durante las dictaduras militares en América Latina, durante el siglo XX, la política aplicada a los disidentes políticos era esta: Encierro, Entierro o Destierro.
Trasterrados
Este concepto es similar al de desterrado, y fue acuñado por el gran poeta español exiliado en México, León Felipe.
Exiliados
Es el acto de abandonar el país de origen, a la fuerza. Y refugiarse lejos de la patria nativa. Ser extranjero exiliado es ser un extraño irremediablemente. El exilio es provocado o inducido colectivamente por causas políticas.
A.- Exilio político
A mitad del siglo XX ocurrieron fuertes corrientes de exiliados por todo el mundo, por razones estrictamente políticas.
B.- Exilio económico
En forma paralela al exilio político ha ocurrido el exilio económico de millones de seres humanos por causas de pobreza o de hambrunas. Seres humanos miserables por sus precarias formas de vida en sus países, se encaminan hacia las economías más poderosas del planeta tanto de Europa como de América, y lo hacen por mar, tierra y aire.
Esto es una forma cruel de destierro sin rumbo seguro. La muerte acecha a estos migrantes indocumentados a cada momento.
La desintegración familiar es patente
Muchos niños migrantes son separados de sus padres de manera temporal o definitiva. O por la muerte de sus progenitores en alta mar o en las travesías por el desierto.
En el extenso territorio mexicano, circulan migrantes en pequeños grupos o en forma individual hacia los EU desde Centroamérica, esto ocurre desde siempre.
La corrupción, el terror y la falta de empleos empujan a los migrantes a salir despavoridos dejando todo atrás, aunque no tienen casi nada de patrimonio.
Los chapines, ese es un mote cariñoso para los guatemaltecos, a ellos los he visto por muchos sitios de la extensa Republica Mexicana, y me duele en el alma verlos sufrir esa penosa travesía hacia “el norte “.

Foto: Aamir Mohd Khan en Pixabay 

El Extranjero
Todos los seres humanos de este planeta somos extranjeros en algún sitio fuera de casa. He podido experimentar el ser turista por todo el mundo, y es distinto a ser exiliado o trasterrado, o un extranjero permanente.
El vivir en otro país diferente al tuyo, es poseer una condición de extranjero que no se puede borrar aunque vivas ahí todo el resto de tu vida. A veces eso puede ser un estigma negativo o bien un distintivo positivo. Esto les ocurre a los millones de venezolanos que radican en toda Sudamérica, particularmente en Colombia, que sufren de la xenofobia local.
Les cuento mi vida en resumen
Desde que nací en México, hijo de padre guatemalteco y madre mexicana, tapatía, fui llevado a Guatemala en calidad de bebé extranjero.
A los 10 años de edad, salí exiliado junto a mi familia a México, y pensé en quedarme a vivir en mi país luego de la amnistía oficial a los exiliados guatemaltecos y el retorno jubilosos de todos ellos a su Patria. Pues no pude, mi padre se opuso a mi idea de quedarme en mi país. Era una utopía hacerlo a los 10 años.
A los 20 años, decidí retornar a México a estudiar la universidad y me consideraron siempre como guatemalteco. Y era verdad, yo era y sigo siendo un binacional, tengo la doble nacionalidad: Soy México-guatemalteco.
En el país azteca, sufrí un gran trauma, pues cuando llegué a los 20 años, era un remiso para el ejército mexicano. No había hecho el servicio militar obligatorio. Lo tuve que hacer en los campos de la Colonia Jardín Balbuena, donde marché todos los domingos.
Alcance el grado militar de subteniente del ejército mexicano, por méritos militares y preparación académica.
Tuve que proceder ante la Secretaria de Relaciones Exteriores, a efectuar el trámite de “Nacionalización”, porque no podía tener dos nacionalidades, había que renunciar a una de ellas. Renuncie a la nacionalidad guatemalteca a la que tenía pleno derecho por ser hijo de guatemalteco.
Me hice mexicano siendo mexicano de nacimiento (?). Y automáticamente dejé de ser guatemalteco.
Este conflicto de identidades adquiridas y negadas, me llevó directamente al psicoanálisis como un paciente afligido. Muchos años y dinero invertido en tratar de resolver ese trauma de identidades.
Lo paradójico para mí es que me consideren como un extranjero, tanto en México como en Guatemala. Y me den ese trato particular, como si no fuera ni de aquí ni de allá, como diría Facundo Cabral.
Hablo en forma rara, sin un acento definido. A veces me suelen encontrar un tonito o cantadito mexicano. Hablo de vos correctamente, en el habla chapina. ¡Pero no, hay algo que no encaja bien!
Navego entre dos aguas, bien definidas por cierto, en el campo sinuoso de las identidades. Me muevo o nado como un pez aquí y allá. Fácil y eficazmente.
Después de todo en esta vida no estuvo mal tener doble nacionalidad. Y múltiples Identidades culturales. Llevo el nombre de Bolivar, el apellido del gran libertador de América, pero mi nombre es apellido y no nombre propio. Y eso es un tema para otra historia.
PD: La historia me hizo justicia tardíamente y recuperé la nacionalidad guatemalteca. Nunca había sido posible tener la doble nacionalidad. Hoy, eso es un avance para millones de seres humanos como yo.
*La vaca filósofa.
Fotos: TheDigitalWay/Aamir Mohd Khan
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