Bolivar Hernandez*
En Guatemala, en Navidad y Año Nuevo a las 12 en punto de la noche, se acostumbra a quemar y tronar miles de petardos, y también a lanzar al aire artefactos de pirotecnia.
El sonido es estrujante y el cielo se vuelve radiante de luces artificiales; es un gran espectáculo en el cual millones de guatemaltecos invierten grandes cantidades de dinero.
Lo más utilizado esta noche es la ametralladora, que consiste en unos paquetes de cinco y diez metros de largo con cientos de cohetes, y una mecha corta.
A la media noche, el ambiente citadino se convierte en un asunto neblinoso, conformado por una espesa capa de humo con olor a pólvora, que se disipa hasta la mañana siguiente.
Desde mi tierna infancia
Me tocó presenciar este ritual popular de quemar cohetes sin cesar, y también me tocó prender mechas de cohetones con un cigarrillo en la boca.
Es fácil advertir lo peligroso de estas acciones decembrinas de quemar cohetes, donde cientos de niños sufren quemaduras graves en manos y tórax, por el estallido involuntario de cohetones. La emergencia del hospital Roosevelt se atiborra de niños quemados cada 24 y 31 de diciembre del año en turno.
Y también se incrementan los accidentes automovilísticos por efectos del alcohol en sus conductores. Muchos borrachos (bolos) ocasionan numerosos percances automovilísticos. Algunos fatales.
Muertos, heridos y lisiados, es el saldo de estas fiestas navideñas.
Los guatemaltecos son una sociedad proclive al consumo excesivo de alcohol, esto ocurre en cualquier época del año, y más aún en diciembre.
El 7, 25 y 31 de diciembre
Las ciudades y poblados de todo el país, amanecen sus calles y avenidas con miles de toneladas de restos de la cohetería quemada la noche anterior.
Es evidente que no hay una conciencia ecológica sobre el cuidado del medio ambiente, ya que se vierte sobre él una gran cantidad de gases tóxicos sin ninguna restricción oficial.
Lo mismo ocurre el 7 de diciembre, cuando ocurre la quema del diablo, en ese día se producen miles de incendios para quemar al diablo, costumbre centenaria.
Queman llantas de hule, colchones , muebles de madera, ropa, etcétera.
Esto lo he vivido desde que tengo memoria de mi existencia en este país.
La quema de pólvora no está prohibida en Guatemala, y no hay fiestas particulares, comunales o nacionales en las cuales no se quemen cohetones.
¡Hasta pronto, queridos pirómanos incontrolables! Algún día entenderán los graves prejuicios que le ocasionan al ambiente que respiramos todos.
*La vaca filósofa.
