MSIA Informa* El presidente de Argelia, Abdelmadjid Tebboune, ya había anticipado en agosto pasado:
Estamos interesados en el BRICS, refiriéndose a la organización económico-comercial formada a inicios de los años 2000 y constituida por Brasil, Rusia, India, China y África del Sur.
A inicios de noviembre, las autoridades de Argel presentaron una petición formal de adhesión a los BRICS, después de haber participado en la última cumbre del grupo, realizada en China, con el objetivo de abrir el comercio con otros Estados. La petición de Argelia, noveno productor de gas natural del mundo y el mayor exportador de África, en un panorama de crisis energética dominada por las consecuencias de la guerra en Ucrania, no es la única petición de ingreso al grupo que reúne a las economías de cinco países actualmente con más del 40% de la población mundial y representan cerca de una cuarta parte del Producto Interno Bruto (PIB) de todo el globo.
Argelia es uno de los últimos países a proponerse o a interesarse en un eventual ingreso al grupo, explica el economista Paolo Raimondi, miembro del Grupo de Trabajo sobre el BRICS del Eurispes Institute for Political, Economic and Social Studies. “Están, por ejemplo, Argentina, Egipto y otros países, y africanos. Argelia dio un paso muy decisivo y creo que, por parte del BRICS, hay un gran interés”, teniendo a la vista una colaboración que pueda ofrecer “la posibilidad de posicionarse de forma más fuerte en el Mediterráneo y en África”.
El grupo BRICS –recuerda Raimondi- fue creado en reacción a la convulsión financiera global que tuvimos en 2008-2009, cuyas señales ya se presentaban mucho antes. Frente a aquella grave crisis, algunos países decidieron tomar medidas para abrigarse y protegerse añadiendo que, en un mundo que cambió mucho desde la Segunda guerra mundial, muchos Estados, sobre todo en el campo económico, se han mantenido al margen: de ahí, una razón para surgir en coalición, asumiendo también un papel de liderato para otros países en desarrollo y economías emergentes.
Teniendo en cuenta un cambio en la arquitectura del sistema financiero, el especialista apunta que los “BRICS han alentado interna y progresivamente el uso de monedas nacionales locales en su comercio. Y “ellos también crearon una serie de instituciones, tales como el Nuevo Banco de desarrollo, para financiar proyectos de desarrollo en las naciones y también fuera de los BRICS. Después, está el CRA, el Arreglo Contingente de Reservas, que es una especie de fondo de reserva para enfrentar eventuales crisis financieras globales, las cuales tengan efectos significativos en los países emergentes”. Y en los últimos meses, anunciaron una moneda común alternativa al dólar en el comercio internacional.
Para Raimondi, el dólar ya no es capaz de sustentar todo el sistema económico, monetario y de reservas del mundo
Esto no es una afirmación política o ideológica, es una afirmación objetiva y científica. Él recuerda que en la última reunión del BRICS, se hizo a petición de los rusos, en acuerdo con los chinos, que la nueva moneda debería ser una especie de canasta de monedas.
Pero la adopción de esta medida específica, debe ser una operación conjunta Occidente-Oriente, Norte-Sur, en la cual se involucren Estados Unidos, Europa, China, Rusia, Brasil y otros países, porque es del interés de todos mirar al frente, hacia un nuevo sistema monetario, financiero y económico multilateral y compartido, sin arriesgar una separación entre dos mundos, uno occidental y otros alternativo. Sin hablar de las crisis geopolíticas ya en curso.
*Este artículo fue publicado en el periódico del Vaticano, L’Osservatore Romano del 14 de noviembre pasado. Se destaca una entrevista con el representante del Movimiento de Solidaridad Iberoamericana (MSIa) en Roma, Paolo Raimondi.
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