abril 18, 2026

Nunca se enamoren de mujeres que usan Photoshop en sus ‘selfies’; pidan fotos de cuerpo entero

Nunca se enamoren de mujeres que usan Photoshop en sus ‘selfies’; pidan fotos de cuerpo entero

 

Bolivar Hernandez*

Soy un aficionado a la fotografía desde hace muchos años, particularmente desde que tuve hijos, muchos, y quería dejar un registro de su desarrollo biológico. Llenamos mi mujer, en turno, y yo, varios álbumes de fotografías infantiles.

Lo que decidí hacer ahora con todos esos álbumes fotográficos de mis hijos, fue repartir a cada uno de ellos las imágenes de su infancia, seleccionadas cuidadosamente y depositadas en una bolsa de plástico.

Algunas fueron muy mal tomadas, mal enfocadas, movidas, y otras muy bellas porque todos ellos fueron lindos niños.

He dicho que lo mío mío, es soltar. Y me desprendo con facilidad de mis cosas materiales, como son los álbumes de recuerdos. Casi no poseo cosa alguna que no me sea útil para mi vida cotidiana. Soy minimalista, no soporto la saturación ni mucho menos la acumulación de objetos sin ningún sentido.

Vivo con una modestia digna de un monje franciscano, con una austeridad sin lujos. Vivo bien, a secas.

Decía el mismo San Francisco: Pocas cosas en la vida se me antojan, y esas pocas cosas se me antojan muy poco. Yo suscribo este pensamiento franciscano y lo aplico a mi vida cotidiana. Además, afirmó que aquel que compra cosas que no necesita, se roba así mismo.

Cosas de Photoshop

Esta larga disquisición es para contarles una tierna historia mía, de juventud. Y tiene relación con la fotografía, mi pasión, y con el Photoshop.

Me solía reunir con mis amigos en el café Toscano del Parque México, en el barrio bohemio de La Condesa, en CDMX, todos los días en una mesa reservada para mi.

Nos juntábamos de cinco a diez personas, eran variadas concurrencias, aunque predominaban los artistas y escritores.

En cierta ocasión llegó al café una amiga, que es chef reconocida en la capital mexicana, y en la conversación conmigo, me contó de la existencia de una prima, y me mostró varias fotografías de la susodicha. Era una charla como muchas otras con ella, hablábamos de todo.

Debo confesar que la prima en las fotografías me deslumbró en demasía. Era una bella mujer de unos 40 años, con un rostro como luna llena, y un cutis perfecto. Me atrajo sobremanera.

Y le dije a mi amiga: ¡Preséntamela!, ¡Claro que sí!, dijo ella, y lo hicimos de inmediato vía telefónica. En esa época no existían los dispositivos móviles de hoy.

Después de un cierto pero eficaz coqueteo de mi parte, ella se mostró contenta de poder conocernos en persona. Le dije: Quiero ir a verte. Elia accedió de inmediato.

Tomé un bus rumbo a la frontera norte del país, y después de un viaje de más de 48 horas llegué muy molido hasta la ciudad donde residía.

Ella me recibió en la terminal de autobuses, y ya me había descrito como era y cómo iría vestida ese día. La reconocí inmediatamente.

Mi impresión fue fuerte, desconcertada, no lo podía creer.

Era una mujer obesa

Estatura grande, pero muy ágil de movimientos. La mujer que me atrajo en las fotografías sí eran de ella, pero con filtros, con Photoshop. Era una mujer bonita, cara redonda como toda su humanidad.

Mi visita consistió en llevarla a comer antojitos por toda esa ciudad fronteriza y todos los días. Comía ella ansiosamente y era feliz así.

Esperé unos tres días para recuperarme del largo viaje y retorné de inmediato a la Ciudad de México.

Esta historia es una de las más frustrante que me ha tocado vivir. Me enamoré de una fotografía retocada. Salí de esa ciudad fronteriza con los ánimos por los suelos. Dormí todo el viaje de regreso, 48 horas, sólo iba al WC, y tomaba agua del garrafón del autobús.

Varios días después, la mujer obesa me llamó por teléfono y me preguntó con su voz de terciopelo, Oye corazón, cuando vuelves? ¡Me hiciste muy feliz!

¡Hasta pronto galanes y enamorados!,  y no olviden pedir fotografías de cuerpo entero, para no sufrir decepciones como la que yo sufrí.

*La Vaca Filósofa

Foto: Rosiette-Stock

About The Author

Soy binacional México-guatemalteco, 77 años. Antropólogo, psicoanalista, periodista, ecólogo, ciclista, poeta y fotógrafo.

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