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Desde el fin de la Guerra fría, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) extrapoló en mucho sus atribuciones y su jurisdicción para consolidarse una pieza fundamental de la estrategia hegemónica de Washington, con intervenciones oficiales u oficiosas en Yugoslavia, Afganistán, Irak, Libia, Siria y, ahora, en Ucrania. Sin embargo, la enorme asimetría de poder entre Estados Unidos y los demás miembros de la Alianza está cobrando su precio con una insatisfacción creciente de los aliados, traducida en actitudes y manifestaciones hasta hace poco impensables. El pasado 13 de noviembre estalló una bomba en el centro de Estambul. Murieron seis personas y 81 resultaron heridas, muchas en estado grave. Al día siguiente, las autoridades turcas anunciaron la detención de una mujer que habría puesto la bomba y la acusaron de ser integrante del grupo Unidades de Protección Popular (YPG), que Ankara juzga ser un brazo operativo en Siria del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), organización acusada de terrorista y por eso prohibida en Turquía. El problema es que las YPG están financiadas y son entrenadas por Estados Unidos para mantener la ocupación de hecho del Norte de Siria, región donde se encuentran los principales yacimientos de petróleo y gran parte de la producción agropecuaria del país, actualmente controlada por las YPG y por militares de cuatro potencias de la OTAN -Estados Unidos, el Reino Unido, Francia y Alemania-. Para sorpresa general, el gobierno turco rechazó el mensaje de condolencias ofrecido por Washington.
Recibimos el mensaje, pero no lo aceptamos y estamos rechazando las condolencias de la embajada de Estados Unidos, dijo a los periodistas el ministro del Interior, Suleyman Soylu RT, 14/11/2022).
En represalia
Turquía desató ataques aéreos y de artillería contra bases de las YPG, donde, al parecer, neutralizó 184 terroristas” (RT, 21/11/2022). El detalle revelador fue mencionado al día siguiente por el conocido bloguero Andrei Raesky, mejor conocido como The Saker, un exoficial militar suizo de ascendencia rusa que vive en Estados Unidos. Según él, lo que los informes de la prensa no dijeron fue que uno de los blancos de los ataques turcos fue el centro de entrenamiento del PKK dirigido por Estados Unidos en Rojaba, y hasta es posible que Ankara haya avisado a Estados Unidos para la retirada de su personal del lugar.
¿Eso suena familiar?” Si, sí es porque es muy similar a lo que los iraníes hicieron cuando bombardearon las de Estados Unidos en Irak, luego del asesinato del general (Qassem) Soleimani en un ataque de dron estadounidense, afirmó (The Saker, 22/11/2022).
Y resalta:
Entonces ¿qué tenemos aquí? Un Estado miembro de la OTAN sencillamente acusó a Estados Unidos de un gran ataque terrorista contra su principal ciudad y, entonces, ese Estado miembro de la OTAN atacó abiertamente una instalación dirigida por Estados Unidos (no la llamemos base, lo que sería incorrecto).
Raesky concluyó:
Yo diría que la OTAN ya se está desgarrando ante nuestros ojos, un proceso que las crisis económica, social, política y espiritual que están afectando a toda la Unión Europea tan sólo acelerarán. Y, es claro, la cosa más espantosa sobre eso es que ese derrumbe no es el resultado de ningún plan maquiavélico cocinado por los rusos, los chinos o los iraníes, sino consecuencia directa de décadas de política verdaderamente suicida: ¡ellos se lo hicieron a sí mismos!.
Con él concuerda otro agudo comentarista, el coronel retirado del Ejército de Estados Unidos Douglas MacGregor, en un artículo publicado en el sitio The American Conservative (29/22/2022):
Como era de esperarse, los miembros europeos de la OTAN están cada vez más desencantados con la guerra sustituta ucraniana de Washington, pues enfrentan el peso más grande de los efectos de la guerra sobre sus sociedades y sus economías. Las poblaciones europeas están cuestionando abiertamente la veracidad de las afirmaciones de la prensa sobre la situación rusa y los objetivos estadounidense en Europa. El influjo de millones de refugiados de Ucrania, junto con una combinación de disputas comerciales, ganancias con la venta de armas estadounidenses y altos precios de la energía, amenazan con volver la opinión pública tanto contra la guerra de Washington como contra la OTAN.
Su conclusión es contundente:
…La conducta “sin prisioneros” de Biden en la conducción de la política exterior de Estados Unidos significa que el resultado de la siguiente fase de la guerra ucraniana no será tan sólo destruir el Estado ucraniano. Demolerá también los últimos vestigios del orden liberal de la postguerra y producirá un cambio espectacular en el poder y en la influencia en toda Europa, especialmente en Berlín, más lejos de Washington y más cercana a Moscú y, en cierta medida, de Pequín.
