Tras las recientes elecciones celebradas en los estados orientales de Sajonia, Turingia y Brandeburgo, se ha producido un cambio significativo en el panorama político alemán.
Elisabeth Hellenbroich de Wiesbaden*
En los dos primeros, Alternativa para Alemania (AfD) de derecha, obtuvo más del 30 por ciento y más que los tres partidos de la coalición gobernante en Berlín, quedando ligeramente detrás del gobernante SPD socialdemócrata en Brandeburgo, mientras que la Alianza Sarha Wagenknecht (BSW), formada hace menos de un año, obtuvo el 16 por ciento en Turingia, 12% en Sajonia y 14% en Brandeburgo.
Emblemáticamente, en los tres estados, los gobernantes Verdes y FDP (demócratas liberales) no alcanzaron la cláusula barrera y quedarán fuera de los parlamentos estatales.
Aunque en Brandeburgo el SPD obtuvo poco menos del 31% de los votos, el partido fue aplastado en Sajonia y Turingia, respectivamente, con solo el 7,7% y el 6,1% de los votos.
Estos resultados electorales reflejan la ira y la frustración que reinan entre el electorado alemán. Las principales causas de esto son la guerra en Ucrania, la migración descontrolada y una creciente sensación de inseguridad personal, no solo en las calles, sino también en el sentido económico.
Una gran parte de la población, especialmente en los estados del Este (la antigua Alemania Oriental), está en contra de la guerra en Ucrania y apoya las negociaciones de paz con Rusia, en lugar de más envíos de armas a Ucrania.
Muchos se sienten alienados por la propaganda diaria en los medios de comunicación de que Alemania y la Unión Europea (UE), junto con el Reino Unido y los Estados Unidos, están luchando por “nuestra libertad y valores democráticos” en Ucrania.
Otra razón es la crisis económica en Alemania y en la UE. A la luz de la política de “sanciones”, que coincidió con la decisión alemana de cortar por completo las importaciones directas de gas natural y petróleo rusos. La sociedad alemana se enfrenta a un enorme aumento de los precios de la energía, debido a las sanciones impuestas a Rusia, cuya principal “víctima” es la propia Alemania, que sufre las consecuencias de una guerra que Ucrania está cerca de perder en el campo de batalla.
El “Occidente colectivo”
Es decir, la UE, el Reino Unido y EE.UU., en las incesantes discusiones sobre el envío de misiles de largo alcance capaces de alcanzar el interior del territorio ruso, no cesa de difundir la percepción de que Ucrania puede ganar la guerra, y no toma en serio las advertencias del presidente ruso Vladimir Putin, lo cual genera un creciente temor de que la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) termine involucrada directamente en el conflicto.
Un análisis pertinente de la situación alemana fue vertido en un documental del sitio de noticias Nachdenkseiten titulado “¿A dónde vas, Alemania?” (Quo vadis, ¿Deutschland?); de él participaron, entre otros, del empresario Alexander von Bismarck, bisnieto del canciller Otto von Bismarck (1871-1890), y del Dr. Alexander Rahr, un veterano “constructor de puentes” en el diálogo político germano-ruso en las últimas décadas.
Rahr señaló que Alemania ha sido el país más afectado por la insana política de sanciones contra Rusia, que incluye el aumento vertiginoso de los precios de la energía, la alta inflación y un número creciente de empresas que quieren abandonar el país.
Según él, la “libertad” no está incluida entre los grandes desafíos reales que tenemos por delante, sino que el principal es “cómo alimentamos a nuestra población”. En los próximos 25 años, dijo, “habrá una población mundial de 10.000 millones de personas y tendremos que hacer frente a una crisis alimentaria, a enfrentamientos geopolíticos, a la migración y a la escasez de recursos hídricos”.
Por su parte, Alexander von Bismarck comentó que, a la luz de las sanciones, “terminamos como idiotas”, desvinculándonos de los envíos directos de gas y petróleo rusos, pero comprándolos a la India con una prima del 45-50%. En sus palabras: “Las sanciones contra Rusia han golpeado al pueblo alemán especialmente en el día a día, con la consecuencia de que tienen que pagar precios exorbitantes por la energía. Mchas empresas, fueron forzadas a cerrar. Así que, a final de cuentas, las sanciones estaban dirigidas contra el pueblo alemán”.
Además, afirmó que, con la guerra en Ucrania y las sanciones, hemos sido excluidos del mundo político real: la producción química se ha reducido un 23% en los últimos dos años. La gran empresa BASF está transfiriendo partes de ella a Estados Unidos, que ofrece créditos ventajosos, o a China. En el segundo trimestre de este año, sus costes energéticos aumentaron entre un 26 y un 30%, es decir, 500 millones de euros más. Según él, existe una clara amenaza de desindustrialización de Alemania.

Un toque adicional
Fue el comentario del empresario sobre el reciente escándalo generado por la ministra de Relaciones Exteriores, Annalena Baerbock, quien hizo retirar el retrato del Canciller de Hierro de la sala de reuniones del ministerio, el Salón Bismarck, en su lugar, la ministra destacó la política exterior “feminista”.
Añádase a esto el resultado de casi tres años de política “verde” en el gobierno, avivando las energías “renovables” y el abandono de la nuclear, de manera que el colapso de la infraestructura alemana decae a un ritmo acelerado.
El reciente derrumbe del puente Carola en Dresde es un ejemplo ilustrativo. En Alemania, hay unos 40.000 puentes y viaductos en la red federal de carreteras, así como más de 60.000 en carreteras municipales y más de 25.000 puentes ferroviarios. El Puente Carola, bajo la responsabilidad del municipio de Dresde, fue construido en el período de la antigua Alemania Oriental y se inauguró en 1971. Ya había sido reformado parcialmente, pero su recuperación no está prevista hasta 2025.
El deterioro de puentes y carreteras es tan grande que el director del Instituto de Economía de Colonia, Michael Hüther, pidió la creación de un fondo especial extraordinario para la reconstrucción de las infraestructuras del país, en contraste con el fondo especial de 100.000 millones de euros prometido por el canciller Olaf Scholz para financiar la guerra en Ucrania. En una entrevista con el diario suizo Neue Zürcher Zeitung (NZZ), Hüther dijo que la principal causa del problema es el hecho de que el país ha vivido de su sustancia durante demasiado tiempo e invertido muy poco. Según él, en los últimos 20 años, la tasa de inversión del Estado ha sido significativamente más baja que la de todos los demás miembros de la UE.
Esfuerzos occidentales para “gestionar la percepción”
Las recientes elecciones son solo la punta del iceberg. Ucrania perdiendo terreno en el campo de batalla, Estados Unidos y la UE inmersos en un esfuerzo desesperado maniobran para “gestionar la realidad” y arriesgan en un “juego de percepción” para que, al final, Ucrania salga victoriosa. El juego está directamente relacionado con las próximas elecciones presidenciales de Estados Unidos y quienes abogan por más ayuda militar a Kiev calculan que una victoria de la vicepresidenta Kamala Harris garantizaría la continuación de la guerra.
El caso es que la invasión de Kursk, que comenzó el 7 de agosto y se sostuvo en la asistencia de inteligencia y reconocimiento de Estados Unidos y la asistencia operativa táctica del Reino Unido, fracasó en sus objetivos militares. Las fuerzas rusas no solo están expulsando a los ucranianos de su territorio, sino que están ganando terreno en la antigua provincia ucraniana de Donetsk. Según el conocido general alemán Harald Kujat, ex inspector general del Ejército, la “situación militar sobre el terreno no cambiará drásticamente”, ni siquiera con las armas de largo alcance, que el “Occidente colectivo” pretende que sean un punto de inflexión.
Para darse cuenta de que el barco se está hundiendo
Sólo hay más que ver la frenética serie de conferencias que han tenido lugar en las últimas semanas. Un ejemplo fue la inusual reunión pública organizada por el Financial Times entre el director general de la CIA, William Burns, y su homólogo del MI-6, Sir Richard Moore, en la que ambos se esforzaron por elogiar los “movimientos audaces” de los ucranianos en Kursk, que Moore calificó de “cambio de juego”, y las “inteligentes operaciones tácticas militares ucranianas”, en palabras de Burns. Tanto peor para su “juego de percepción”.
Asimismo, el secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, y el primer ministro británico, Keir Starmer, se reunieron en Kiev con el presidente Volodímir Zelenski. El objetivo era la preparación de una conversación con el presidente Joe Biden para obtener el permiso formal para el uso masivo de misiles de largo alcance por parte de Ucrania, que finalmente no se concedió.
Y también hubo una reunión del Comité Militar de la OTAN en Praga, seguida de una gran conferencia organizada por la Fundación Pinchuk en Kiev el 15 y 16 de septiembre, con políticos y representantes de Estados Unidos, la OTAN, Europa y Ucrania, para una promoción unánime de la propaganda de que Ucrania puede ganar si obtiene los misiles de largo alcance.

Putin traza la “línea roja”
En medio de este alboroto, en una entrevista al margen del Foro de Culturas Unidas celebrado en Moscú el 12 de septiembre, el presidente Putin hizo una declaración clara, que parece haber puesto “nerviosa” a muchas personas en Estados Unidos (Pentágono) y en Europa. Cuando se le preguntó sobre las intenciones de Estados Unidos y el Reino Unido de permitir ataques de largo alcance contra Rusia, respondió:
Lo que estamos viendo es un intento de reemplazar las nociones. Porque no se trata de si el régimen de Kiev puede o no atacar objetivos en territorio ruso. Ya está llevando a cabo ataques, utilizando vehículos aéreos no tripulados y otros medios. Pero el uso de armas de precisión de largo alcance de fabricación occidental es una historia completamente diferente…
El hecho es que -ya lo he mencionado, y cualquier experto, tanto en nuestro país como en Occidente, lo confirmará- el ejército ucraniano no es capaz de utilizar sistemas de vanguardia de alta precisión y largo alcance proporcionados por Occidente. No pueden hacer eso. Estas armas son imposibles de usar sin datos de inteligencia de satélites que Ucrania no tiene. Esto solo se puede hacer utilizando satélites de la Unión Europea o de los Estados Unidos, en general, satélites de la OTAN. Este es el primer punto.
El segundo punto… el punto clave es que solo el personal militar de la OTAN puede poner en marcha los planes de vuelo de estos sistemas de misiles. El ejército ucraniano no puede hacer esto. Por lo tanto, no se trata de permitir o no que el régimen ucraniano ataque a Rusia con estas armas. Se trata de decidir si los países de la OTAN se involucrarán directamente en el conflicto militar o no.
Si se toma esta decisión, significará nada menos que una participación directa: significará que los países de la OTAN, Estados Unidos y los países europeos, son partes en la guerra en Ucrania. Esto significará su participación directa en el conflicto y claramente cambiará la esencia misma, la naturaleza misma de este conflicto, dramáticamente. Esto significará que los países de la OTAN están en guerra con Rusia. Y si este es el caso, entonces, teniendo en cuenta la esencia cambiante del conflicto, tomaremos las decisiones apropiadas en respuesta a las amenazas que se presentarán contra nosotros”.
“OTANIZACIÓN” de Alemania y la UE
Un elemento que pone de relieve el ferviente impulso para involucrar más a la OTAN en la política alemana y de la UE fue ilustrado por un informe de NZZ del 13 de septiembre sobre la disputa por la sucesión en la dirección de la prestigiosa Conferencia de Seguridad de Múnich (CSM), el foro internacional más importante para debates estratégicos y de seguridad en Alemania.
Según el periódico, se espera que el presidente interino del CSM, Christoph Heusgen, exasesor de la excanciller Angela Merkel, en el cargo durante dos años e inicialmente reacio a dimitir, sea reemplazado por el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg. El noruego Stoltenberg es conocido por su férrea defensa de una guerra prolongada en Ucrania y su nombramiento recibió el apoyo entusiasta del expresidente del CSM Wolfgang Ischinger, otro ferviente partidario de la guerra, quien, en una reunión de la junta directiva de la entidad, dijo que Heusgen estaría menos calificado para el puesto, debido a su apoyo a una solución de dos Estados en Palestina y sus comentarios sobre la necesidad de un mayor diálogo con Rusia. Algo que, al parecer, irritó mucho a Estados Unidos y a la comunidad euroatlántica.
A todo esto hay que sumar las agitadas actividades de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, que acaba de presentar la nueva lista de 26 comisarios de la UE, que aún está a la espera de la aprobación del Parlamento Europeo. Al estilo “golpista”, obligó a renunciar al comisario francés de Mercado Interior, Thierry Breton, conocido por su vehemente defensa de una política industrial europea más fuerterte. Aún más importante es el compromiso personal de Von der Leyen de nombrar a la ex primera ministra estonia Kaja Kallas, una rusófoba acérrima, para suceder a Josep Borrell en el puesto de Alto Representante de la UE para Asuntos Exteriores y de Defensa, al tiempo que nombra al lituano Andrius Kubilius para el recién creado cargo de comisario de Armamento y Espacio. En esencia, un intento de poner a la UE bajo el control total de la OTAN.
*MSIA Informa

