Lejos del control territorial y la soberanía que se pregona en el púlpito del poder, la realidad del país exhibe un Palacio acorralado por sus propias sombras y componendas.
Ivette Sosa
Con el discurso oficial rebasado y la violencia tocando la puerta, la sede del Ejecutivo federal se atrinchera, mientras el crimen organizado impone su propia agenda en todo el territorio.
Entre la omisión, la complicidad y el repliegue institucional, el corazón político del país parece haber cedido sus muros ante el empuje ineludible de la delincuencia organizada.
Es la opinión del prestigiado periodista Francisco Rodríguez y su Índice Político.
